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domingo, 9 de septiembre de 2012

LA CRISIS Y LA I+D

Agudo diagnóstico de los problemas de este país y un apartado, que reproducimos, dedicado a la tortuosa relación entre los dirigentes políticos y la Educación y la I+D. Aprovechamos para enlazar con otro artículo de marzo.

Una teoría de la clase política española
Los partidos han generado burbujas compulsivamente


César Molinas, El País, 9 de septiembre de 2012

"Tal y como establece la teoría de las élites extractivas, los partidos políticos españoles comparten un gran desprecio por la educación, una fuerte animadversión por la innovación y el emprendimiento y una hostilidad total hacia la ciencia y la investigación. De la educación sólo parece interesarles el adoctrinamiento: las estridentes peleas sobre la Educación para la Ciudadanía contrastan con el silencio espeso que envuelve las cuestiones verdaderamente relevantes como, por ejemplo, el elevadísimo fracaso escolar o los lamentables resultados en los informes PISA. La innovación y el emprendimiento languidecen en el marco de regulaciones disuasorias y fiscalidades punitivas sin que ningún partido se tome en serio la necesidad de cambiarlas. Y el gasto en investigación científica, concebido como suntuario de manera casi unánime, se ha recortado con especial saña sin que ni un solo político relevante haya protestado por un disparate que compromete más que ningún otro el futuro de los españoles". [Seguir leyendo]

 I+D+E+i+e
España no tiene más opción que acumular el capital humano necesario para no quedar descolgada para siempre de los países que lideran la construcción de la economía del conocimiento


César Molinas, El País, 25 de marzo de 2012

Ante fuertes restricciones presupuestarias como las actuales, se tendría que recortar antes el gasto en pensiones que en I+D porque este último es lo único que puede asegurar el pago de las pensiones futuras. En otros países europeos esto se entiende bien, y el gasto en I+D está subiendo. Aquí está bajando en picado. ¿Por qué? ¿Porque no da votos? Dios mío… ¿Cómo es que no ha habido un motín en la clase política ante la política suicida que se está aplicando? Seguimos cavando en el hoyo…

El gasto en I+D debería materializarse en un presupuesto plurianual vinculante, enmarcado en un plan a largo plazo que tuviese como objetivo alcanzar el 3% del PIB propuesto por el Consejo Europeo. [Seguir leyendo]

jueves, 26 de julio de 2012

LA EXCAVACIÓN DEL MILLÓN DE DOLARES

Josep Vicent Lerma
Levante-EMV, 17 de julio de 2008

R. Barberá en las excavaciones de Ruaya
La huida hacia adelante que materializó en cuanto a financiación de la actividad arqueológica la Ley de Patrimonio Cultural Valenciano (LPCV) (Ley 4/98), haciendo recaer la onerosa carga monetaria de las excavaciones urbanas en particular, y las sobrevenidas estos últimos años como derivada de los procesos de masiva urbanización del territorio en general, sobre las anchas espaldas de la ambigua figura legal del promotor, convertido en la gallina de los huevos de oro del sector, ciertamente con su propia anuencia como administrador interesado de un impuesto finalista de facto recayente en última instancia sobre las hipotecadas economías de los compradores particulares de bienes inmuebles, ya fueran estos apartamentos o plazas de garaje, concebidos a la sazón en muchos casos como auténticos activos financieros más que como meros bienes de uso, parece diez años más tarde comenzar a mostrar los primeros síntomas de agotamiento de este ingenioso sistema económico, ahora que la desaceleración del sector del ladrillo parece introducir arena en los hasta el momento bien lubricados engranajes del mismo. A modo de ejemplo paradigmático, baste recordar la reciente intervención arqueológica en las obras de construcción del aparcamiento subterráneo de la calle Ruaya, protagonista del último de los paroxismos mediáticos en torno a los más antiguos hallazgos ibéricos o púnicos anteriores a la fundación romana de la urbe (138 a.C) (Levante-EMV, 13-12-08). «Antes de Valentía» como enfatizaba certeramente la portada del número 29 de la revista del grupo Ismos del mismo notísimo nombre.

Excavaciones en las que por vez primera en esta década prodigiosa se ha consumado la sonada defección económica de la mercantil promovedora del mencionado parking, contratista a riesgo y ventura, en las que previamente ya había adelantado 500.000 euros, negándose a la postre a pechar, en una coyuntura de crisis inmobiliaria generalizada, con el millón de euros estimado como coste último de las mismas, lo que ha conllevado una ostensible paralización de más de tres meses hasta el momento, literal y crudamente por «un problema de dinero» (Levante-EMV, 14-05-08), ante la inviabilidad de repercutir el «impuesto arqueológico» en los precios de venta de las 431 plazas de aparcamiento previstas, otorgando sin complejos patente de corso al desahogado recurso a los caudales del erario público, con el objeto confeso de «evitar que las futuras plazas de aparcamiento se sobrevaloren y lo que antes le iba a costar 15.000 euros al ciudadano, suba a 30.000 euros después de que la empresa añada el sobrecoste de las excavaciones» (sic), obviando en apariencia, no sin cierto desparpajo, al igual que el ayuntamiento de Llíria que ha destinado 240.000 euros para las prospecciones de unas termas romanas del colegio Sant Vicent en la partida de Mura, las taxativas prescripciones legales del artículo 62.2 de la arriba citada LPCV «la Conselleria competente en materia de cultura? determinará la necesidad o no de una actuación arqueológica o paleontológica previa a cargo del promotor».

Panorama económico-patrimonial estrafalario, muy distinto del modelo francés donde según el senador galo Jacques Legendre «las corporaciones locales se enfrentan a graves dificultades cuando deben realizarse importantes excavaciones arqueológicas y no es posible encontrar operadores estatales, como el Instituto Nacional de Investigaciones Arqueológicas Preventivas (Inrap), capaces de ejecutar esas excavaciones en un plazo máximo de seis meses» y que en nuestro caso, no deja de rechinar de un modo anormal ante las escuetas partidas presupuestarias del superviviente convenio para la realización de Excavaciones Arqueológicas en la Ciudad de Valencia, dotado apenas con 112.000 euros, los exiguos 12.000 euros del Ministerio de Cultura para la expedición valenciana en Pompeya de marras o las anuales ayudas ordinarias para actuaciones arqueológicas y paleontológicas concedidas por la conselleria del ramo, que reglamentariamente en ningún caso pueden superar los ralos 15.000 euros de subsidio por intervención, elevándose en su conjunto a la modesta cifra de 200.000 euros para toda la Comunidad Valenciana.

Por más que, a pesar de algún titular de la prensa local en 2001 del estilo «Los promotores exigen a Cultura que pague las excavaciones», en las tierras valencianas todavía no se han materializado esperpentos como el protagonizado hace cinco años por la gallega Asociación Provincial de Empresarios de la Construcción (APEC) reclamando a la Xunta de Manuel Fraga, en cumplimiento de sendas sentencias judiciales, el pago del cien por ciento de los costes devengados por las excavaciones arqueológicas, por mor de una apoteósica diversidad normativa autonómica.

miércoles, 27 de enero de 2010

ELOGI DEL NOMENCLÀTOR URBÀ


Josep Vicent Lerma

Levante-EMV, 30 de marzo de 2009

El planol de la València de 1831 de l'acadèmic Francisco Ferrer reproduïa les 411 illes numerades en el Padró Municipal de 1769, dividides en quatre quarters (Serrans, Mercat, Sant Vicent i Mar), conseqüència de la Real Cèdula de 13 d'agost d'eixe mateix any per la qual el rei Carles III establia per primera vegada en la història del solar hispà la numeració obligatòria de totes les cases sense excepció.

Numeració d'insules de la nostra ciutat semblant al materialitzat cap a eixes mateixes dates a Sevilla per l'il•lustrat Pablo d'Olavide per mitjà dels denominats “azulejos de número” amb els numerals d´illa i casa pintats junts davall el nom del corresponent quarter, i amb la que tal vegada podrien associar-se algunes no tan rares rajoletes parietals supervivents, d'un pam castellà, amb la paraula “MAN / ZANA”, en lletra trajana semblant a la del cèlebre impressor Bodoni, distribuïda en dues línies desiguals per damunt dels corresponents guarismes, tot realitzat en òxid de cobalt aplicat a pinzell sobre fons blanquinós d'estany, i els de tres quarts de pam amb el vocable “Casa” sobre el nombre de policia urbana, com les que subsistixen en la fatxada del Col•legi del Patriarca del carrer de la Nau.

Per la seua banda, les grans plaques de pisa amb el nom del carrer complet, de més de quaranta centímetres de llarg per també més de trenta centímetres d'amplària i entorn als dos centímetres i mig de gruix, compost amb grans lletres capitals en manganés sobre esmalt blanc, com la preservada en el carrer “Peso de la Harina”, tingudes com pròpies del segle XIX, sobre la base de la data “post quem” lliurada pel Palau de la Marquesa de Colomina, construït pel mestre d'obres Manuel Ferrando Mora l'any 1863, podria situar-se la seua vigència amb major exactitud encara en el regnat d'Isabel II almenys a partir de la segona mitat d'aquella agitada centúria. Fet corroborat si més no pel plafó de llosetes anunciador de la fàbrica del carrer Quart de González Valls (1860-70) del Victoria and Albert Museum.

En aquest orde de coses, igualment és possible establir amb certesa el seu lloc de producció, sense descartar altres tallers ceràmics, com era d'esperar en la veïna població de Manises, a la vora del Túria, gràcies als treballs arqueològics supervisats pel Museu de Ceràmica de la mateixa localitat (MCM) en l'avinguda de València, on va poder documentar-se un terra pavimentat amb plaques reutilitzades de carrer de la tipologia que ens ocupa, entre altres amb les inscripcions dels carrers “de los Estudios” i “del Cid”.

Model autòcton que en el transcurs del primer terç del segle XX va esser substituït profusament en els nostres carrers per un altre major (48,5x39,5x2,5 cm), mimètic del porcellanic de París de 1847, amb lletres blanques reservades sobre la coberta blavosa de ftalocianat de coure, segons prescrivia la minuciosa ordenança de la capital francesa de 1938, la producció del qual apareix acreditada ja en vespres de la Segona República Espanyola per l'investigador Josep Pérez Camps, entre altres, en els catàlegs de la fàbrica manisera d'Eloy Domínguez, també amb manufactura en Onda.

Antecedents d'interessant disseny gràfic viari que a llum de l'encara recent celebració en el Cap i casal de la segona edició del Congrés de Tipografia (Levante-EMV, En Domingo, 25-06-2006), animada per l'artista Paco Bascuñan, podrien constituir la font d'inspiració estètica necessària per a la reelaboració col•lectiva i institucional d'una futura tipografia valenciana urbana (VLC), susceptible de transformar positivament les pragmàtiques xapes dels carrers actuals de cinquanta per trenta centímetres amb logotip municipal i filet perimetral, en privatius símbols de la metrópoli valenciana del segle XXI, per gràcia de la potencial excel•lència d'un superior grafisme diferencial del de les grans urbs europees.

domingo, 24 de enero de 2010

Y SIN EMBARGO... ELOGIO DEL LADRILLO

Ricardo González Villaescusa
Josep Vicent Lerma

Levante-EMV, 23 de diciembre de 2007

En el tránsito a la Alta Edad Media, a falta de nada mejor, obligado a extraer los materiales constructivos de entre las ruinas clásicas, en los cauces pedregosos de los ríos o de pequeñas canteras locales, empleándolos sin apenas elaborar, el “picapedrero” fue sustituido por el “albañil”.
Historia social y técnica de la producción arquitectónica. J.A. Quirós Castillo, 2001.

El cambio de ciclo económico del monocultivo inmobiliario de las tierras valencianas, cuyos paradigmas visualizan ahora de un modo particularmente eficaz los paroxismos bursátiles de Astroc o la pregonada suspensión de pagos de Llanera, amén de las más de quinientas familias del “cap i casal” que este año se verán desposeídas de sus viviendas, embargadas por el impago de sus hipotecas bancarias, nos obliga a reflexionar con sarcasmo un titular como el propuesto más arriba. Compréndase como una alabanza del ladrillo estrictamente desde la óptica de disciplina académica propia de los autores de estas líneas y que considera al modesto ladrillo de terracota como la unidad de significación mínima del complejo lenguaje arquitectónico, materializado a lo largo del decurso de los siglos en muros, arcos, bóvedas y cúpulas. Tiene mayor interés si cabe en una ciudad que, como la nuestra, fue levantada sobre los limos de los aluviones del Turia, lo que le dio precisamente en época islámica la denominación de Madinat al-Turab: “la ciudad del polvo”.

Omitiremos al paciente lector los ancestrales orígenes del adobe de las primeras civilizaciones del “creciente fértil”, simple mezcla de arcilla con paja moldeada y secada al sol. Será en la antigua Roma cuando los constructores desarrollen toda una innovadora práctica edilicia, surgida de los hornos y obradores alfareros (figlinae) repartidos por todo el imperio, identificados con sellos latericios (sigillum) de los propietarios o responsables de los mismos, susceptible de satisfacer de un modo prácticamente industrial, toda una amplia gama de material constructivo modelado en arcilla con forma de tejas planas (tegulae), curvadas (imbrices), baldosas de metrología estandarizada como los “bessalis” de dos tercios de pie (19,7 cm), los “sesquipedalis” de un pie y medio (45 x 45 cm) o los extraordinarios “bipedalis” (60 x 60 cm), de dos pies “pedes” romanos, o formas particulares como las “tegulae mammatae” con apéndices de apoyo, excepcional revestimiento murario reservado para crear aislantes cámaras de aire.

Tecnología cerámica de aplicación arquitectónica cuya genial invectiva pervive a través de la Historia del Arte en la modernidad de la magistral relectura de Moneo en el Museo Nacional de Arte Romano de Mérida o en la incomprendida escena de ladrillo desnudo del rehabilitado teatro de Sagunt de G. Grassi y M. Portaceli.

En cambio, la difusión del gótico mediterráneo en nuestro ámbito territorial comportará el afianzamiento del oficio artesano de “rajoler”, cuyas solicitadas manufacturas “ragola, teula e tota obra de terra”, desde comienzos del trescientos, fueron reguladas en su formato y precio por el Consell urbano mediante restrictivas normativas ordenancistas, recopiladas en los célebres Manuals de Consells. Incumbía la fiscalización del cumplimiento de las mismas al “Mustaçaf”, que custodiaba las medidas o moldes estipulados legalmente para ello, llegando a ostentar según F. Almarche los ladrillos destinados a la edificación de inmuebles municipales estampillas circulares con el escudo coronado de la ciudad, en forma de rombo o losange con barras, cuanto menos desde la segunda mitad del siglo XV.

“Know How” arquitectural de los alarifes y albañiles góticos cuya culminación cristalizó por primera vez en la Valencia de la centuria anterior en el ensamblaje de bóvedas de ladrillo tabicadas o “volta de barandat”, estudiadas por M. Gómez-Ferrer, alzadas sin apenas necesidad de cimbras con ladrillos puestos de plano, unidos con yeso, tendidos en dos capas con espeso intermedio de mortero de cal o en tres capas, con nervaduras de piedra o sin ellas.

Técnica bajomedieval que experimentó un revolucionario “revival” neogótico ya en el siglo XIX, asociando el ladrillo plano con elementos metálicos y el moderno cemento, de uso generalizado entre 1850-1860, de la mano de Rafael Guastavino Moreno (1842-1908), el arquitecto valenciano de mayor renombre mundial hasta la irrupción contemporánea de Calatrava, autor, entre otras muchas obras americanas, de la espectacular bóveda tabicada de ladrillos “voladores”, de 33 metros de luz, de la neoyorquina catedral presbiteriana de St. John the Divine, la estación del metropolitano de City Hall, el techo de la sala central de la Ellis Island o la Biblioteca Pública de Boston (1889), popularizando en los Estados Unidos el denominado Guastavino System, a prueba de incendios y aislante de ruidos (Suplementos de Levante-EMV. Territorio y Vivienda, 11-01-1998. Territorio y Medio Ambiente, 8-01-2006).

Elemento humilde dotado de magnificencia que otorga a las viviendas obreras, amparadas en las Leyes de Casas Baratas de 1911 y 1921, el ladrillo visto de tonos cobrizos que da nombre al edificio de la "Finca Roja" de Valencia del arquitecto Enrique Viedma, proyectado entre 1929 y 1930.

Bucle nostálgico o no, en el que encaja a la perfección la actual presencia de empresas azulejeras valencianas en la restauración de monumentos tan emblemáticos como la propia Alhambra de Granada (Levante-EMV, 4-04-1999) o la modernista Casa Vicens de Gaudí en Barcelona.