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miércoles, 2 de octubre de 2013

SOBRE PIRÁMIDES Y ARQUEOLOGÍA CRANCK

¡Ya está bien de arqueología frívola! Vamos a por la arqueología de verdad: las pirámides, la Atlántida, los ovnis y los cráneos estirados de pilotos de naves espaciales.

Con ustedes... un nuevo episodio de la arqueología cranck.

El "arqueólogo" Jacques Grimault tiene Facebook. Si alguien está interesado en desenmascarar la impostura de este señor que no se preocupe, ya lo ha hecho alguien en francés desde la perspectiva del debunking o escepticismo científico.



lunes, 8 de abril de 2013

NUESTROS ANCESTROS LOS GERMANOS

La traducción de la contraportada de este libro reciente que recuerda algo en lo que insistimos frecuentemente y que ha tenido eco en Plaudite en La fábrica de la arqueología franquista... o en  Hitler y el santo Grial...,

Laurent Olivier, Nos ancêtres les germains. Les archéologues au service du nazisme, Tallandier, Paris, 2012.

Del prefacio de Jérôme Prieur.

Es un secreto bien guardado. Casi el 90% de los arqueólogos alemanes fueron miembros del partido nazi. Puesta al servicio del nazismo, la arqueología otorgó una legitimidad científica a la depuración racial y a la germanización forzosa de la Europa ocupada por el IIIer Reich.

Con los archivos como argumento, Laurent Olivier quita las máscaras sobre el adoctrinamiento de esta disciplina y pone en evidencia su obsesión por probar la presencia germánica en Europa y, en particular, en Francia. Se trataba de estableer el parentesco ente los megalitos de Bretaña y los del norte de Alemania y de Escandinavia para promover la idea de una comunidad de sangre "nórdica", o de probar el pasado exclusivamente germánico de Alsacia. En una minuciosa investigación L. Olivier revela el grado de cooperación de los arqueólogos franceses, junto a sus homólogos alemanes y bajo el régimen de Vichy, en la reconstrucción de los orígenes de la Historia.

Tras la guerra, la mayoría de los arqueólogos que encontraron trabajo al servicio de las instituciones del IIIer Reich continuaron su carrera en la universidad o en los museos, manteniendo una auténtica omertà sobre el pasado nazi de la arqueología.

Un video en el que el autor nos resume el contenido del libro. Una reseña en francés del blog de Tobie Nathan Contre les trous de mémoire, Contra los agujeros de la memoria y la emisión en France Culture sobre el libro.





martes, 26 de junio de 2012

MÁS SOBRE ARQUEOLOGÍA CRANCK

Invitamos a los lectores de Arqueología romántica o arqueólogos cranks del pasado 8 de junio a mirar este video por contener buena parte de las características que definen la arqueología crank (¡qué hallazgo de tag!). En la rueda de prensa se dan cita el "grupo interdisciplinar de investigadores" no citados, el desinterés o la incomprensión institucional, el "hallazgo inédito y único", la referencia bibliográfica reciente de... 1917!, las "tecnologías punteras" como la "fotografía láser" (sic); y todo esto... por haber encontrado la cara de Jesucristo en las paredes de la roca de la Cova del Pernil de Xàtiva, que a fin de cuentas sería una cueva con hallazgos prehistóricos de varios miles de años antes de Cristo.

Bon Jesús! Això si que és bona senyal!


HITLER Y EL SANTO GRIAL (EL REGRESO)

Himmler y Santaolalla en el Museo Arqueológico Nacional © ABC
Incorporamos esta noticia publicada en ABC por su interés y su conexión con los contenidos de nuestro artículo "Indiana Jones en la ciudad del Santo Grial", en el que precisamente anotabamos el olvido de la muestra "La aventura de la Arqueología" en la Ciudad de las Ciencias, del denominado Santo Cáliz de la catedral de Valencia. 

Véase igualmente las entradas La fábrica de la arqueología franquista y El sueño del belga.

Guillermo Llona, ABC, 11 de junio de 2012

Así buscó Hitler el Santo Grial en España

La Ahnenerbe, sección ocultista de las SS nazis, siguió el rastro en nuestro país del Arca de la Alianza y el Cáliz de Cristo, «armas» que harían invencible al Tercer Reich.

Las investigaciones que llevó a cabo la Ahnenerbe recuerdan al guión de alguna de las películas protagonizadas por Indiana Jones. La «secta» paracientífica creada por Heinrich Himmler recorrió el mundo en busca del origen del pueblo ario, de pruebas de su superioridad racial y de «objetos de poder» que le permitiesen dominar el planeta. La organización ocultista también estuvo en España. Los nazis creyeron que en nuestro país podrían encontrar alguna pista de esos preciados tesoros que los iban a hacer invencibles.

La Deutsches Ahnenerbe, o «Sociedad para la Investigación y Enseñanza sobre la Herencia Ancestral Alemana», fue una organización integrada en las SS como sección antropológica y arqueológica que investigó los orígenes misteriosos de la «raza aria». Liderada por el «reichführer» Heinrich Himmler, y dirigida por el coronel Wolfram von Sievers, convirtió el castillo de Wewelsburg, en Westfalia, en su cuartel general y destino de las reliquias que recogía por todo el mundo... Seguir leyendo.

viernes, 8 de junio de 2012

ARQUEOLOGÍA ROMÁNTICA O ARQUEÓLOGOS CRANKS

Presentamos la traducción de un artículo que reproduce la entrevista realizada a Jean-Loïc Quellec, investigador del CNRS. El artículo se adentra en las razones que llevaron a publicar un libro donde el autor denuncia y desenmascara las prácticas pseudo-científicas en arqueología. Una excelente ocasión para dar difusión de la revista francesa Sciences et Pseudo-sciences editada por la Asociación francesa para la publicación científica.

También es la ocasión ideal para incorporar una etiqueta a nuestro blog, cranck, que reemplazará en lo sucesivo la de arqueología friki. Tras leer esta entrada, ¿quién no se ha encontrado con un crank? Contarnos vuestras experiencias.


Entrevista con Jean-Loïc Quellec por Philippe Le Vigouroux y Yann Kindo – Sciences et Pseudo-sciences, nº 294, Enero 2011

¿Qué tipo de trabajo realiza usted como profesional, y por qué ha escrito para denunciar la pseudo-arqueología?

Profesionalmente, investigo el arte prehistórico, sobre todo el de África, con una marcada especialización en  las imágenes de arte rupestre del Sahara. Obligado a leer todo lo que se publica sobre este tema, me sorprendió que algunos autores toman muy en serio la idea de que algunas de estas imágenes fueron realizadas por testigos de aterrizajes marcianos durante el  Neolítico, y me preguntaba cómo es posible semejante aberración.

Después de Louis Pauwels, Jacques Bergier y, especialmente, Robert Charroux en los años 1960 y 1970, ¿cuáles son los vectores mediáticos  actuales de la pseudo-arqueología?

Los quioscos y tiendas de prensa están llenas de revistas, a veces efímeras, que imitan la maqueta  y diseño de revistas serias como La Recherche, Archéologia o Science & Vie, y que pretenden ser una publicación de "información científica alternativa " que se ocultan detrás de títulos con gancho. En un número reciente (mayo-junio de 2010), Nexus ha elogiado especialmente la arqueología "psíquica", es decir, el uso de la clarividencia en la arqueología, camuflada con un nombre más adecuado "arqueología intuitiva". Es una adaptación francesa de un concepto particular, desarrollado en los Estados Unidos, la "psychic archaeology" que fue ampliamente refutada por Marshall McKusick en el Journal of Field Archaeology en 1982, algo que el periodista de Nexus ignora u olvida mencionar. Publicando textos superficiales e ignorando soberanamente la opinión de los expertos, las revistas de este tipo no pueden pretender  de ninguna manera divulgar una pretendida “información científica". Estas publicaciones están dirigidas al público en general, así como las revistas Kadath o la Atlántis.

EL TRANSFONDO IDEOLÓGICO

¿Qué trasfondo ideológico anima a los pseudo-arqueólogos o a los promotores de esta arqueología romántica que denuncia?

Algunas revistas reclaman el carácter de  revista científica, como Mankind Quarterly que, por ejemplo, publica textos firmado por autores académicos, sobre los indoeuropeos o la historia de la colonización en la India, pero también muchos "trabajos" con connotación abiertamente racista, que argumentan que los negros, los aborígenes australianos y los nativos americanos son menos inteligentes que los grupos que estos autores llaman "caucásicos" y "mongoloide". Los datos de la arqueología y la paleontología son usados abusivamente por este tipo de teorías, con evidentes implicaciones políticas, y sus defensores no pretenden otra cosa, por ejemplo, que mostrar que "los africanos" serían retrasados debido a que se quedaron en África, mientras que "los europeos "han adquirido una inteligencia superior osando salir de este continente. Todo esto se fundamenta  en datos obsoletos, mostrando una profunda ignorancia de los logros más recientes de la arqueología, más digno de risa, de no ser por el hecho de que los trabajos de estos investigadores son publicados. De esta forma, Philippe Rushton, psicólogo de la universidad de Ontario, publicó en el año 2000 un libro titulado Race, Evolution and Behaviour, del que fue editada una versión corta con una tirada de 90.000 ejemplares por la Pioneer Fund (una organización racista fundada en 1937 que defiende la eugenesia racial) que distribuyó el libro gratuitamente a 30.000 investigadores y a las principales universidades. Todo esto demuestra  la "infiltración" de movimientos muy activos en el mundo  académico, que no tienen nada de científico. La historia de su génesis es muy reveladora: Mankind Quarterly, con apariencia de revista científica respetable, fue fundada en 1960 con fondos del multimillonario norteamericano pro-nazi Wickliffe Draper Preston, que también financió una campaña para "repatriar" a África a todos los negros afro-americanos...

En cuanto a Robert Charroux, que usted cita, no estoy seguro de que todos sus lectores sepan que era extremadamente racista y que en algunos de sus best-sellers, sostiene que los blancos, que llamaba "arios" deben "mantener la pureza de sangre ", evitando cometer  el "pecado" de los Judios, que una vez también fueron los "arios puros", pero que han experimentado una degradación debido a "uniones denigrantes " con “razas inhumanas”. Combina estas tesis estúpidas con las de los "antiguos astronautas", explicando, sin atisbo de sonrisa, que la superioridad blanca sería el resultado de la contribución genética originaria de otro planeta [Stoczkowski, Wiktor. 1999. Des hommes, des dieux et des extraterrestres. Ethnologie d’une croyance moderne. Paris : Flammarion, 474 p.: 398-40, et 469, notes 17 à 30].

A menudo, cuando se hace la genealogía de las teorías queridas por los arqueólogos románticos, descubrimos que sus orígenes están ligados a concepciones racistas, a veces explícitamente nazis o neonazis. En estos temas es indispensable saber ante qué nos enfrentamos.

LOS DESAFÍOS DE UNA PSEUDO-ARQUEOLOGÍA

¿Cuál es el papel de los fundamentalistas religiosos en la producción de la pseudo-arqueología?

En todo el mundo, la arqueología es instrumentalizada con fines nacionalistas y religiosos, y es obviamente el caso en Israel, donde la fuerza del mito bíblico y la situación política actual son especialmente fuertes, y donde los grupos ortodoxos extremistas judíos han tratado recientemente de prohibir cualquier excavación que implicara el descubrimiento de restos humanos. Por su parte, los arqueólogos románticos, que en general no excavan ni publican en revistas científicas, tratando de demostrar la autenticidad de los descubrimientos, hilvanando argumentos que, a su juicio, son especialmente significativos a este respecto. Muchos de ellos se empeñan en exhibir pruebas de la supuesta contemporaneidad de los hombres contemporáneos y los dinosaurios, para sustentar una cronología bíblica especialmente corta. Otros querrían probar la veracidad de la existencia de los gigantes bíblicos, y su entusiasmo los llevó a cometer cómicos errores. Es el caso de los que han hecho circular en la prensa e internet la "prueba" consistente en una fotografía de un grupo de arqueólogos desenterrando  un esqueleto humano enorme. La investigación demostró que esta imagen era un montaje que obtuvo un premio en un concurso de trucos con Photoshop. No deja de sorprender que la misma foto fuera  utilizada también por los fundamentalistas musulmanes en un intento de "probar" la existencia de los gigantes mencionados en el Corán.
 
El  desafío para las religiones es afianzar la parte "histórica" de su discurso. ¿Qué otros desafíos esconden?

Algunos de los seguidores de las religiones monoteístas instrumentalizan los datos científicos, incluso producen datos pseudo-científicos en dos direcciones. Una de ellas es el deseo de autentificar la base histórica de los mitos por medio de pruebas  arqueológicas: si se encontraran los esqueletos de los gigantes mencionados en la Biblia y el Corán estos libros dicen la verdad, y si dicen la verdad sobre algo tan increíble, deben ser fiables sobre el resto. El otro enfoque no nos concierne directamente aquí, es la búsqueda de similitudes entre los mitos bíblicos y coránicos con los más recientes descubrimientos de la física. Estos intentos de "probar" el mito por la ciencia pasan por alto el hecho de que, en las sociedades en las que es eficaz, el mito, por definición, siempre dice "la" verdad. Estos enfoques por lo tanto, ofrecen pruebas indirectas de que los mitos bíblicos y coránicos están huérfanos e, incluso desde el punto de vista que defienden sus partidarios, son, en última instancia, contra-productivos.

¿Con la evolución de las creencias contemporáneas, vemos también el desarrollo de una arqueología romántica inspirada en la New Age, diferente de la que se inspira en las tradiciones de las tres religiones monoteístas?

No parece que sea el caso. El término New Age abarca una nebulosa de organizaciones, movimientos y sectas muy diferentes que pretenden  en general, que cualquier elemento del universo es divino y lo divino está en todas partes. Es un movimiento que se basa tanto en la obra de Carl Jung como de Wilhelm Reich Gustrav, como en las mitologías orientales, y sus seguidores sacan provecho de los libros esotéricos, de la astrología, del chamanismo, del gnosticismo, del espiritismo, como de la arqueología romántica. Utilizando todo este abanico de elementos prestados, van construyendo una mitología moderna, incluida una nueva sacralización de la naturaleza y un llamamiento al "cambio de paradigma científico".

Con el fin de "conectar" con la naturaleza, consigo mismo y con la espiritualidad, el movimiento de la New Age, nada organizado aunque ampliamente explotado por algunos autores y vendedores de ilusiones, es un buen ejemplo de actualización permanente y de bricolaje mitológico que da lugar a la proliferación de rituales como el "neo-chamanismo", la "mediación" (espiritismo), el "Rebirth" (rememoración el momento del nacimiento)…, que se inscriben en una tendencia que enfatiza la plenitud personal y el libre albedrío en una especie de supermercado global de creencias, pretendiendo romper con cualquier forma de dogma religioso o formalización teológica. Dando respuesta así a una visión del mundo de contornos imprecisos, sin hacer ascos a ninguna fuente de inspiración, la New Age hace uso e integra, entre otras muchas cosas, algunos de los temas favoritos de los arqueólogos románticos, como los misteriosos poderes de las “calaveras de cristal” o de las pirámides.

Las raíces románticas de la arqueología
Tras Pauwels y Bergier, que expusieron el realismo fantástico en Le matin des magiciens (1960) y en la revista Planète, Robert Charroux es el autor de una Histoire inconnue des hommes depuis cent mille ans publicada por Robert Laffont en 1963 y posteriormente en la serie "L’Aventuremystérieuse" de la editorial ediciones J’ai Lu., 167 títulos fueron publicados entre los años 1962 y 1996 en edición de bolsillo, que dieron pábulo a las teorías de la arqueología romántica, y a toda clase de teorías esotéricas. Robert Charroux fue una de las figura destacada, al igual que T. Lopsang Rampa, autor de libros como El Tercer Ojo o Las claves del nirvana.

Los crancks

Llama usted crancks a "investigadores aislados convencidos de haber hecho un descubrimiento que podría cuestionar los conocimientos adquiridos en un ámbito científico, que luchan denodadamente para que se reconozca su descubrimiento, pero cuyas pretensiones se enfrentan a un silencio institucional, concluyendo rápidamente que son víctimas de una conspiración para acallar la investigación, por ir demasiado lejos al cuestionar el "dogma oficial". " ¿Existe un perfil típico, posiblemente específico, del cranck que hace estragos en arqueología, si lo comparamos con otras disciplinas. [Véase concretamente el artículo de Alexandre Moatti, « L’alterscience, une autre forme d’opposition à la science », Sciences & Pseudo-sciences n° 292.]

No, es un perfil general, aunque la situación en arqueología es algo diferente, debido al gran peso desempeñado por los “arqueólogos aficionados" en los inicios de esta ciencia, hace poco tiempo relativamente. Con la creciente especialización y las leyes que regulan las autorizaciones de investigación, el papel de los no profesionales se ha reducido gradualmente a su participación auxiliar en excavaciones. Que el azar todavía ayude a encontrar nuevos hallazgos arqueológicos, hace que algunos cranks crean hacer descubrimientos capitales, aunque no tienen la base mínima imprescindible para apreciar su verdadero valor, que puede ser... ninguno, especialmente en los casos de las piedras figuradas. Hay una diferencia sustantiva entre el arqueólogo aficionado que trabaja con profesionales y que se ha convertido en el mejor experto de la prehistoria de su municipio y el cranck convencido de haber encontrado esculturas de dinosaurios hechas por… ¡el hombre del Jurásico!

¿Hay casos donde la pseudo-arqueología consigue franquear las puertas "institucionales" o los filtros que nunca debían haber superado? ¿En los medios de comunicación? ¿En el ámbito académico?

He mencionado antes el caso de Mankind Quarterly, pero esta revista sólo existe porque la mayoría de los colaboradores que escriben en ella han visto rechazados sus textos por publicaciones científicas auténticas "de referencia", donde los artículos son evaluados por expertos reconocidos por la comunidad científica, antes de su publicación. Es cierto que, en ocasiones, trabajos brillantes son rechazados por las revistas con comité de lectura; o, al revés, que artículos malos sean aceptados; pero no es la norma, y el error suele ser corregido. De todos modos, la gran mayoría de las producciones de los arqueólogos románticos es tan mala que la incompetencia de sus autores salta a la vista de cualquier lector bien informado.

Internet, una tribuna para los arqueólogos románticos

Ninguna búsqueda bibliográfica puede hacerse sin la ayuda de internet, donde se encuentran enormes bases de datos para leer cientos de libros y revistas sin salir de casa. Es como la querida "Biblioteca de Babel" de Borges, algo maravilloso para un investigador. Pero internet también proporciona una tribuna para muchos escritores que han visto su producción rechazada por editoriales o revistas científicas, y que pueden divulgar sus argumentos a pesar de que son rechazados por la comunidad académica. Tenemos que saber distinguir el grano de la paja, y este es uno de los problemas acuciantes de la formación a la investigación.

Es difícil ubicarse pues nos adentramos en un universo de dimensiones casi infinitas. Sin embargo, gracias al sistema de enlaces entre los sitios identificados se acaba, en este universo reticular de subsistemas especializados que comparten la misma pasión o, incluso, una misma ideología, por descubrir redes que tratan de refutar las afirmaciones de las otras. Este fenómeno se ha extendido a muchos temas, como el clima, los organismos genéticamente modificados, la medicina... La arqueología no es una excepción a esta tendencia general, y es fácil de encontrar en cientos de sitios y foros dedicados a los "antiguos astronautas", a la fecha precisa de la creación del mundo o a los gigantes bíblicos. Por ejemplo, la búsqueda en Google, el 25 de octubre de 2010, de  la frase "ancient astronauts" produjo un total de 113.000 respuestas.

Nunca ha sido mi intención visitar todos los sitios que responden a este tipo de investigación, me limito a los más frecuentados, a los que se actualizan regularmente y que tienen una mayoría de visitantes por ser los más influyentes. La inmensa mayoría de sitios dedicados a estos temas, copian a los otros, y el número de temas tratados es bastante reducido.

Por último, es interesante señalar que algunas consultas como "‘antiguos astronautas + refutación’” o “‘ancientastronauts + skeptic’“, producen poco más de 10.000 o 15.000 respuestas. Lo que demuestra que los arqueólogos se limitan a encogerse de hombros ante la lectura de lo que  consideran tonterías. El hecho de que muy pocos especialistas pierdan el tiempo en refutarlas es lo que me impulsó a escribir este libro.

La situación es bien diferente fuera del mundo académico, especialmente en los medios de comunicación ávidos de "primicias" y "misterios". Por desgracia, hay numerosas series de televisión o pseudo-documentales en los que se presenta, invariablemente, a individuos como Erich von Däniken, como grandes estudiosos. A menudo se les entrevista con una biblioteca o un laboratorio en segundo plano, confortando la idea de una erudición o de una especialización, en realidad, inexistentes. Es lamentable que estas producciones les den una plataforma tan potente destinada a un público desarmado intelectualmente para evitar el fraude. En este caso, los culpables son los periodistas y directores responsables de estas series: con el pretexto de la información, desinforman, o dan pábulo a la propaganda.

Igualmente, todas las revistas de los kioscos y cuyos títulos mensuales contienen las palabras "misterio", "enigma" o "secreto" en relación con temas ampliamente rebatidos como la Sábana Santa de Turín, los tesoros del rey Salomón, la esvástica o el laberinto, hacen dejación de la información en beneficio del más puro mercantilismo. Horroriza leer en un artículo sobre "La búsqueda del Santo Grial por los nazis", publicado en octubre de 2010, en una de estas revistas omnipresente en los kioscos que "la gran civilización de los megalitos, nacida en el norte de Europa y a lo largo de la costa atlántica [...] se dispersó por todo el mundo, aportando sus conocimientos y experiencia a otros pueblos”. Pero cuando descubrimos que, tras esta idiotez, el autor añade: "el viejo adagio de ‘Ex oriente lux’ está obsoleto. Es en Occidente donde surgió el conocimiento”, uno sólo puede alarmarse porque es precisamente una de las tesis centrales de la ideología nazi (J. Chapoutot, Le national-socialisme et l’Antiquité, PUF (2008)], adoptada en la década de 1950 por el arqueólogo romántico Jurgen Spanuth (1907-1998) en sus libros sobre la Atlántida.

Una de las características de los cranks es encarnar una especie de romanticismo anticuado acerca de la práctica de la ciencia, de la imagen idílica del "gran inventor solitario", mientras que, en general, la ciencia ya no funciona así desde hace mucho tiempo, convertida en una empresa cada vez más colectiva y planificada. ¿Sucede lo mismo en arqueología?

Básicamente, sí. Las técnicas utilizadas por los arqueólogos son tan numerosas y complejas – y caras– que nadie puede permitirse los medios intelectuales o financieros necesarios para utilizarlas. Nadie puede excavar un yacimiento, leer toda la literatura publicada en su campo, y ser especialista en dendrocronología, en traceología, en espectrometría Raman, sin olvidar el dominio de herramientas estadísticas o realizar exámenes con el microscopio electrónico de barrido, o la datación de la cerámica por medio de la electroluminiscencia, por citar solo unas pocas disciplinas. Lo que es aún posible hoy en día para un solo investigador, o un pequeño grupo de aficionados, es explorar las zonas olvidadas de sus predecesores y descubrir nuevos yacimientos. En Francia, esto es lo que ocurrió con la cueva de Chauvet, pero, el paso del descubrimiento a una investigación seria ya no es posible sin la constitución de un equipo de investigadores con distintas especialidades, que sólo pueden ser profesionales.

EL MÉTODO ARQUEOLÓGICO

¿Qué reglas metodológicas ha ido incorporando la arqueología para poder definirla como una disciplina "científica", y entre éstas, cuáles son las que los arqueólogos románticos respetan menos?

Lo que más caracteriza a los arqueólogos románticos es que, en realidad, no siguen ningún método. Sobre todo, sugieren sin demostrar, afirman, sin discusión previa, e ignoran completamente el estado actual del conocimiento. Por otra parte, sus teorías responden a una falta de modestia apabullante. Nunca afinan la cronología de la VI dinastía egipcia, jamás perfeccionan la tipología de las armas de la Edad del Bronce o mejoran el estudio traceológico de una hoz neolítica. No, este trabajo es impropio de su inteligencia... Ellos, que dicen demostrar que todas las cronologías de la prehistoria son falsas, que los antiguos egipcios o los primeros isleños de Pascua disponían de una tecnología desconocida muy avanzada a la nuestra, o que las pinturas rupestres del Sáhara demuestran que los marcianos nos visitan desde el Neolítico... ¿Ellos? ¡Por favor!

En varias ocasiones, rechaza el concepto de "revolución neolítica". ¿Por qué este rechazo?

Este concepto implica la idea de una transformación repentina, que todos los estudios contradicen. Si hubo "revolución", ésta fue gradual. Sobre todo, la idea generalmente asociada a este concepto es que los avances técnicos –la domesticación, la invención de la cerámica– que se habría producido de repente en un solo lugar –el Creciente Fértil– antes de extenderse poco a poco el resto del mundo. Un simple análisis de los datos de que disponemos contradice ampliamente este punto de vista, ampliamente extendido. Hubo muchos focos de domesticación independientes, en África, América, Asia, que no deben absolutamente nada al Creciente Fértil, y la primera cerámica conocida apareció en el Sahara y en Japón mucho antes de los de aquella región. Así que si queremos mantener el término "revolución neolítica", habrás que usar el plural: revoluciones sí; una "revolución neolítica", no.

En la arqueología y en otros campos se está extendiendo una costumbre: el investigador tiende a divulgar su "descubrimiento" a través de un anuncio público, transmitida a través de Internet, incluso antes de ser objeto de revisión de sus pares a través de una publicación científica. ¿La comunidad de arqueólogos o antropólogos reflexiona la manera de evitar estos abusos?

Me temo que no, o no estoy informado. Me parece que, por el contrario, esta manera de divulgar tiende a extenderse. Una de las razones es la carrera por la financiación, que es crucial para dedicarse a la investigación que requiere de considerables recursos financieros. Los donantes, los laboratorios y otros patrocinadores quieren que su inversión les otorgue "visibilidad", favoreciendo publicaciones rápidas. Este proceso, que afectó en primer lugar a los antropólogos en busca de los primeros homínidos, condujo a una carrera mediática en pos de “la más antigua tal” o “la primera cual”, en detrimento de la investigación a largo plazo, o sobre temas igualmente interesantes pero menos populares entre los periodistas. También conduce a privilegiar la publicación en inglés de los investigadores franceses, alentados por las autoridades supervisoras, a publicar en revistas anglosajonas. Creo que al aceptar estas prácticas, la investigación francesa se pega un tiro en el pie, pero me temo que mi opinión es minoritaria a este respecto.

¿Cuáles son, para usted, los peligros de la arqueología romántica, tanto en lo académico como en términos de difusión de los conocimientos?

Para mí el principal peligro viene de la difusión y afianzamiento de concepciones retrógradas (el fundamentalismo, el creacionismo...) o de teorías peligrosas (el racismo, la eugenesia...) camufladas tras una falsa máscara científica.

Referencias

  • Abu el-Haj, Nadia. 1998. Translating truths : Nationalism, the practice of archaeology, and the remaking of past and present in contemporary Jerusalem. American Ethnologist 25 (2) : 166-188.
  • Chapoutot, Johann. 2008. Le National-Socialisme et L’Antiquité. Paris : PUF.
  • Fagan, Garrett G. 2002. Alternative archaeology. In The Skeptic Encyclopedia of Pseudoscience. Ed. Michael Shermer. Santa Barbara [California] : ABC-CLIO, Inc.
  • Fagan, Garrett G. 2006. Archaeological Fantasies. How Pseudoarchaeology Misrepresents the Past and Misleads the Public. London : Routledge.
  • Feder, Kenneth. 1996. Frauds, myths and mysteries : Science and pseudosciences in archaeology. In Frauds, Myths and Mysteries : Science and Pseudosciences in Archaeology. Mountain View : Mayfield.
  • Gosden, Chris. 2006. Race and racism in archaeology : An introduction. World Archaeology 38 (1) : 1-7.
  • Le Quellec, Jean-Loïc. 2009. Des Martiens au Sahara. Chroniques d’archéologie romantique. Arles : Actes Sud / Errance. Ver nota de lectura.
  • Le Quellec, Jean-Loïc. 2010. La Dame Blanche et l’Atlantide. Enquête sur un mythe archéologique. Arles : Errance / Actes Sud. Ver nota de lectura.
  • McKusick, Marshall. 1982. Psychic archaeology : Theory, method, and mythology. Journal of Field Archaeology 9 (1) : 99-118.
  • MacEachern, Scott. 2006. Africanist archaeology and ancient IQ : Racial science and cultural evolution in the twenty-first century. World Archaeology 38 (1) : 72-92.
  • Stoczkowski, Wiktor. 1999. Des hommes, des dieux et des extraterrestres. Ethnologie d’une croyance moderne. Paris : Flammarion, 474 p.
  • Wiwjorra, Ingo. « Ex Oriente Lux », « Ex Septentrione Lux » : Über Den Widerstreit Zweier Identitätsmythen. In Prähistorie Und Nationalsozialismus. Die Mittel-Und Osteuropäische Ur-Und Frügeschichtsforschung in Den Jahren 1933-1945. Edited by Achim Leube and Morten Hegewisch. Heidelberg : Synchron Verlag, 2002.

miércoles, 11 de enero de 2012

INDIANA JONES EN LA CIUDAD DEL SANTO GRIAL

Ricardo González Villaescusa
Josep Vicent Lerma

Levante-EMV, domingo 8 de enero de 2012

El mediático desembarco europeo en la Ciudad de las Ciencias de Valencia de la exposición “Indiana Jones y la aventura de la arqueología”, producto de la factoría Lucasfilm Ltd. y National Geographic, procedente del otro lado del Atlántico, al igual que otros espectáculos como el famoso Cirque du Soleil, nos ha parecido una oportuna ocasión para una primera reflexión sobre los publicitados objetivos pedagógicos de la misma, construida en torno a una saga cinematográfica de éxito que, justo es reconocerlo, en los últimos 30 años, no ha dejado de suscitar nuevas vocaciones arqueológicas y ha generado en estas mismas páginas celebrados titulares como "Indiana Broch y la tumba maldita" (Levante-EMV, 30-12-93) o "El almacén de Indiana Jones" (Levante-EMV, 17-09-11). 

Vaya por delante que nada hay que objetar en contra del principio de que se puede enseñar deleitando. Tampoco está de más, insistir en que, habiendo disfrutado de la muestra uno de nosotros, acompañado de sobrinos, ésta resulta sin duda un oportuno y divertido complemento estacional de circos, ferias y otras diversiones navideñas al uso. Sin embargo, se puede colegir razonablemente, que el principal objetivo confeso por Manuel Toharia de divulgación de la arqueología como disciplina académica, so pretexto del personaje encarnado por Harrison Ford permanece en esencia frustrado.

En este sentido, el principal error de la instalación expositiva, presentada con grandes medios técnicos en el buque insignia del complejo temático de la CAC, proviene en nuestra opinión de un discurso poco comprometido con la realidad arqueológica, cuando no ambiguo, lastrado con demasiada quincalla ideológica, en el que algunos conceptos son difícilmente discernibles para los no iniciados.

Un ejemplo servirá de botón de muestra. En el montaje escenográfico se afirma sin medias tintas que las tesis de Erich von Däniken, sobre intervenciones de origen extraterrestre en la construcción de los geoglifos peruanos, son poco menos que inverosímiles. Pero si en realidad el curator de la "Aventura de la Arqueología" sostiene sinceramente esta tesis, ¿a cuento de qué viene dedicar todo un pabellón a las pistas de Nazca? Especialmente, si se tiene en cuenta que una de las vitrinas se exhibe el esqueleto de cristal de un “extraterrestre”, que sirvió para la cuarta entrega de la serie “Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal”, donde precisamente se daba pábulo a una pseudo-arqueología de inspiración alienígena.

En otro orden de cosas, mayor enjundia en cuanto idea-fuerza abrazada por los creadores del evento, parece tener el de una arqueología completamente entregada a la corriente del historicismo, que no es precisamente la más actual. Se trata de una tendencia que en el campo arqueológico incorporó el difusionismo antropológico de F. Boas y que dominó el panorama académico de la arqueología americana hasta los años 60. Esto es, una escuela positivista que no se planteaba demasiados problemas metodológicos sino que confiaba el avance de su disciplina a la acumulación y compilación de conocimientos del pasado de una determinada región y cuyo objetivo último consistía en crear seriaciones cronológicas e históricas del pasado a través del estudio de las clases sociales altas y de sus manifestaciones arquitectónicas. Una práctica que la reducía a una ciencia auxiliar de la Historia, sin discurso autónomo, del acontecimiento, casi una anticuaria artística y estetizante… Una arqueología, en definitiva, del National Geographic, en la que el arquetipo humano de Henry Walton Jones Jr., no es otro que Alfred V. Kidder (1885-1963) y, en la ficción, el actor Humphrey Bogart en "El tesoro de Sierra Madre" en el papel de Fred C. Dobbs (1948).

Para mayor abundamiento, las piezas reales exhibidas corresponden a los expolios de una arqueología de traza "colonial" poco ética. Los grandes escenarios de los films de Indiana Jones lo demuestran: Egipto, Asia central, India, Sudamérica…, sucediéndose como localizaciones de una praxis arqueológica depredadora de objetos preciosos en países dependientes. La arqueología nazi, o el inevitable arqueólogo provisto de pistola o látigo redundan en esta mirada. Colonialismo rancio al que no es ajena la visión corta y estereotipada que de la arqueología valenciana parece tener o consentir el comisario de la exposición Fredrik Hiebert, de quien la página oficial de la institución a la que pertenece dice significativamente “Volvió a descubrir el oro bactriano perdido en Afganistán en arqueología 2004 y fue el comisario de la exposición del National Geographic en Afganistán: Tesoros ocultos del Museo Nacional de Kabul, que recorrió los principales museos internacionales y de los Estados Unidos”.

Tan parca y menguada noción de las tierras valencianas, que no puede pasarse por alto la sal gruesa de que F. Hiebert, parece ignorar olímpicamente, sin la más mínima mención o justificación, la existencia del Santo Cáliz en la catedral de Valencia, cuya antigüedad –que no necesariamente autenticidad- acreditaron los trabajos del arqueólogo Antonio Beltrán, el “Ier Congreso Internacional del Santo Cáliz: la ciudad del Santo Grial”, celebrado en Valencia entre los 7 y 9 de noviembre de 2008, primó frente a sus competidores como el “Sacro Catino” de Génova y al que la propia National Geographic ha dedicado precisamente uno de sus primeros capítulos de la serie “Expedientes misterio de la antigüedad”.

jueves, 11 de agosto de 2011

¿ARQUEOLOGÍA DE ESTADO? O VLADIMIR PUTIN EN NEOPRENO


No hemos podido evitar reproducir esta noticia de El País que no sabemos muy bien si es para reir o para llorar. En este mes de agosto en que todos los mandatarios acaban por detener sus vacaciones por situaciones que no son sino diferentes manifestaciones del avance inexorable de un nuevo mundo, liberal, que cambia bajo nuestra incrédula mirada: la especulaciones con la deuda soberana de los países y los conflictos sociales-raciales en los barrios marginales de las ciudades inglesas (véase el impresionante relato de G. Knight, He visto el lado oculto de Reino Unido, en el periódico El País); V. Putin, no sabemos muy bien si de vacaciones o de trabajo, ¿como mandatario? ¿como ciudadano ruso? ha encontrado dos ánforas griegas practicando submarinismo. Atención al video difundido y a lo limpias de concreciones que aparecen las ánforas, allí, plantadas, esperándole 25 siglos. Lejos de agotar las consecuencias, podemos imaginar por la menos una de ellas: cualquiera puede practicar la arqueología. Dejaremos para otro momento las implicaciones que puede tener en términos geopolíticos la elección del período cronológico histórico o cultural, la Grecia clásica, en las connotaciones identitarias rusas para esta actividad "deportiva" del dirigente ruso. Entretanto, que el lector interesado juzgue por sí mismo la relación de la noticia con algunos de nuestros artículos aparecidos en nuestro blog bajo la etiqueta geopolítica. Pero hasta entonces ¡pasen, pasen y lean, la función acaba de empezar!

Pilar Bonet
El País, 10 de agosto de 2011

 ALEXEY DRUZHININ ( RIA NOVOSTI, AFP) de El País
Putin se estrena como buzo y 'encuentra' dos ánforas griegas en el mar negro
La expedición del primer ministro ruso busca 'promocionar el turismo' en el interior de su país y la 'educación patriótica'.

El jefe del Gobierno ruso, Vladímir Putin, ya tiene su imagen - y su proeza- correspondiente al verano de 2011. Las cámaras de televisión oficiales le han mostrado hoy buceando "a dos metros de profundidad" con traje monopieza de neopreno, bombonas de oxígeno y gafas frente a la península de Tamán, en el lugar donde en el siglo VI antes de Jesucristo griegos procedentes de Asia Menor fundaran la colonia de Fanagoria (Phanagóreia).

Putin, que según dijo practicaba su tercera inmersión con equipo de submarinista, "encontró enseguida" dos antiguas ánforas del siglo V, según los medios de información rusos. Fanagoria se encuentra frente a las costas de Crimea, al otro lado del estrecho que hace de frontera con Ucrania y que une el mar de Azov con el mar Negro, y fue la mayor colonia griega asentada en el actual territorio ruso. La ciudad, una tercera parte de la cual está sumergida, acuñaba moneda, formó parte del Estado de Bósforo y desapareció, saqueada, en el siglo X de nuestra era.

ALEXEI DRUZHININ (AP / Pool) de El País
Las excavaciones en la zona, que se llevan a cabo desde el siglo XIX, han enriquecido con bellas joyas, estatuas y otras piezas de arte la colección del museo del Hermitage de San Petersburgo. El buzo Putin se desplazaba sujeto por una cuerda, que ha aparecido brevemente en las imágenes difundidas, e iba acompañado por un mínimo de dos equipos de televisión, uno que le filmaba desde la superficie y otro, que documentaba su paseo por las profundidades marinas y que estaba ya en el emplazamiento de las ánforas cuando el primer ministro las "encontró". En la superficie, Putin ha aparecido portando las ánforas, una en cada mano, rotas en parte, pero limpias.

Compartieron la inmersión, el ministro de situaciones de Emergencia, Serguéi Shaigú, que preside la Sociedad Geográfica de Rusia (SGR), y otras personas no identificadas. El multimillonario Oleg Deripaska, socio de la SGR, no ha querido sumergirse, alegando que no llevaba traje de buzo. "¿Acaso no tiene dinero?", le ha espetado Putin.

Con su visita a la expedición arqueológica "La Atlántida Rusa", que excava en la colonia griega, Putin ha querido contribuir a la promoción del turismo en el interior de su país y también a la "educación patriótica", según dijo. El año pasado, el primer ministro promocionó la industria del automóvil, al viajar por Siberia en un coche de fabricación nacional de color amarillo (con otros dos vehículo de repuesto al alcance en la nutrida caravana que le seguía). Putin también ha promocionado los viajes exóticos al recorrer a caballo y con el torso desnudo los bellos y áridos paisajes de Tuvá (en la frontera con Mongolia). Además, el político ha descendido en bastiscafo a las profundidades del lago Baikal. A la pregunta de los periodistas sobre si le hubiera gustado vivir en Fanagoria, contestó que "quisiera mirar desde fuera. No estamos habituados a la vida en esas condiciones. Es como ir a parar a la jungla", afirmó.

miércoles, 10 de agosto de 2011

EL SARCÓFAGO DE LA DAMA

Josep Vicent Lerma
Levante-EMV, domingo 31 de julio de 2011

El vivo relato del loable letraherido Vicente Muñoz Puelles Notícia de la Dama del Sarcòfag en su contribución Vinyetes de la República para el catálogo de la exposición En defensa de la cultura: València, capital de la República (1936-37) (La Nau - Universitat de València, 2008 ), en la que entre otras amenidades se narra el fantástico descubrimiento de un antiquísimo sarcófago de mármol en la plaza de la Almoina, por efectos insospechados de uno de los devastadores bombardeos sobre Valencia de la aviación fascista italiana en marzo de 1937, en cuyo interior reposaba el cuerpo recubierto de espeso ungüento, milagrosamente conservado, de una joven dama romana, de negros cabellos todavía ceñidos por una diadema y descompuesto por puro portento en meros huesos, al poco de retirada esta grasienta pomada a ojos vista, nada menos que del propio presidente del gobierno legítimo Largo Caballero. 

Fragmento de sarcófago de la Almoina
Más allá de su inverosímil adecuación a la realidad histórica, revelada por décadas de trabajo de los arqueólogos en el ahora musealizado Centre Arqueològic de L´Almoina, donde los usos cementeriales organizados más tempranos no parecen ser anteriores a las necrópolis cristianas del siglo VI de la era común, de hecho no deja de convertirse en un texto un tanto turbador, al estar construido con la meticulosa perfección de orfebre, habitual del susodicho escritor valenciano, aunque quizá de un modo subliminal, sobre hechos anticuarios escrupulosamente verídicos, como son los distintos hallazgos de fragmentos escultóricos de sarcófagos marmóreos expoliados por moros y cristianos, tanto en el subsuelo de la vieja Almoina medieval, como en la Cripta Arqueológica de San Vicente Mártir o incluso en la vecina capilla de San Valero, en cuyos muros únicamente cada 22 de enero puede verse por los devotos del santo obispo un pequeño retazo de estas reliquias de la antigüedad. 

Pasmosa pieza narrativa del laureado autor de La Emperatriz Eugenia en Zululandia, inspirada sin duda en la epístola del humanista florentino Fonte, en la que describe con todo lujo de detalles al mercader amigo de Lorenzo el Magnífico Francesco Sasseti, el insólito hallazgo en 1485 de la momia de una aristocrática patricia en uno de los mausoleos de la Vía Appia en Roma. 

Suceso que no deja de evocar sobremanera el descrito por el cronista Escolano en la ciudad de Valencia: «El 20 de abril de 1446, el sepulturero se confundió de cementerio y excavó una fosa en el fosar de Sant Llorenç, que puso al descubierto el cadáver incorrupto de la joven Angelina Beltran, que había sido enterrada en 1438 o 1444. Su estado de conservación era perfecto pese a haber estado inhumada en tierra húmeda y sin ataúd» o igualmente el memorable encuentro del sarcófago de Crepereia Tryphaena en la capital de la Italia reunificada de 1889, con el cuerpo inhumado de esta noble doncella, recubierto de agua cristalina en la que parecían ondear sus largos cabellos, entallados por una corona de pequeñas hojas naturales. 

Axiomático ejercicio de intertextualidad magistral de Muñoz Puelles al modo postulado por Todorov, pues si tal como prescribe la profesora Milagros Pérez Oliva, en los escritos de opinión «el autor de un artículo no puede hacerse pasar por lo que no es», en cambio este artificio intelectual en nuestra opinión resulta de todo punto legítimo en un contexto de ficción literaria, como la propia fábula histórica. Género al que no hicimos ascos en estas mismas páginas en el popular Apólogo de Filodemo: la luna y los cangrejos.

sábado, 28 de agosto de 2010

LA FÁBRICA DE LA ARQUEOLOGÍA FRANQUISTA (1939-1956)

Ricardo González Villaescusa
Versión castellana del texto aparecido en Nonfiction.fr

Francisco Gracia Alonso,  La arqueología durante el primer franquismo (1939-1956), Bellaterra, Barcelona, 2009, 551 páginas.

En una ingente obra de medio millar de páginas y pequeños caracteres el autor hace un profundo ejercicio de reflexión sobre las condiciones y circunstancias históricas del marco institucional y legal de la arqueología oficial de los primeros 17 años de la dictadura de Franco. La investigación se inscribe en la corriente de reflexión y de acción civil sobre la llamada “recuperación de la memoria histórica” protagonizada por los “nietos” de la guerra civil (1936-1939) y por las corrientes historiográficas europeas que reflexionan sobre la praxis arqueológica en la Alemania nazi y en los territorios ocupados en el periodo de la segunda guerra mundial (1).

Antes de la Guerra: una arqueología influida por la escuela alemana

La tesis principal que consigue demostrar el autor es que los fundamentos teóricos y la práctica científica de la arqueología ejercida en la España posterior a la contienda serán las mismas que la practicada antes de 1936. Una arqueología deudora de la escuela alemana desde principios del siglo XX, y personificada en una burguesía formada principalmente en aquél país, al igual que la inmensa mayoría de los intelectuales de la denominada “generación del 14”(2); circunstancia que se revelaría en contradicción en el posicionamiento a favor de los aliados de este grupo(3). A pesar de las profundas diferencias ideológicas, a pesar de la contienda que fracturó al país, a las familias, a las personas y a los personajes centrales de este libro (que bien podría constituir el material documental de una novela o un film histórico), tras el paréntesis objeto de estudio del libro (1939-1956), la continuidad académica con el periodo anterior a la guerra será la norma.

El paréntesis falangista (1939-1956)

¿En qué consistió, pues, este paréntesis? En la práctica muy personal y autoritaria de un arqueólogo falangista y de filiación nazi, Julio Martínez Santa Olalla, hijo de un general amigo del caudillo, que aprovechará los años de la postguerra española y de reconstrucción del país en todos los órdenes, durante la coyuntura bélica en que tiene lugar la guerra mundial y la inmediata postguerra, para reconstruir el marco institucional y legal, la red de inspectores, así como la reanudación de las excavaciones arqueológicas.
J. Martínez Santa Olalla con Himler

Para cumplir su objetivo de instaurar una arqueología de corte falangista al servicio del régimen, Julio Martínez Santa Olalla se basó fundamentalmente en tres pilares: en primer lugar su comunión ideológica con el régimen nazi que le condujo a un trato personal con Himmler, jefe de las SS y de la Studiengesellschaft für Geistesurgeschichte‚ Deutsches Ahnenerbe e.V.(4), más conocida como la Das Ahnenerbe; en segundo, su posición personal de relación directa con el régimen y con Franco; y, finalmente, la posición oficial española frente al conflicto mundial, colaboracionista con las potencias del Eje en un primer momento y más “neutral” conforme el final de la guerra se inclinaba del lado de los aliados.


Pero contó con tres grandes enemigos que darían al traste con sus pretensiones: en primer lugar él mismo, con su carácter autoritario y resentido con la academia consiguió ponerse en contra a la inmensa mayoría de los arqueólogos del mundo académico; en segundo lugar, la coyuntura internacional tras Yalta y la guerra fría que hicieron que las potencias occidentales dirigieran su mirada a un país no aceptado inicialmente en el seno de las Naciones Unidas por su régimen fascista pro Eje, como un país que contenía la expansión comunista en el mundo; y, en tercer y último lugar, el colectivo de la academia que, formado fundamentalmente en la misma tradición liberal de la ciencia alemana que el propio Santa Olalla, no veía con buenos ojos la visión maximalista e intervencionista de un estado burocrático como pretendía Santa Olalla, a imitación de “herencia ancestral”.

Algunas reservas formales

La obra es indispensable para la comprensión del origen de la arqueología practicada en la España franquista posterior al aislamiento de la inmediata postguerra o, incluso, para la más reciente. Apreciamos en una obra de estas dimensiones un defecto formal que no es menor. El autor consigue darnos de forma absolutamente convincente el contexto ideológico y personal de los protagonistas, las luchas de poder, las razones de las decisiones entre bastidores de los diferentes responsables de la arqueología franquista, gracias a la ingente documentación consultada (legados, correspondencia, archivos públicos y personales…) amplia y correctamente referenciada en el capítulo “Fuentes Documentales”. Echamos de menos, sin embargo, una mayor referencia en el texto a todos estos documentos que podría haber hecho más pesada la lectura del mismo (quizá sea la razón que llevó al autor a optar por el formato editado definitivamente, aunque podría haberse solucionado con un sistema de citas a final de cada capítulo) pero que evitaría la sensación de leer un “relato” sin la argumentación y aparato crítico al que estamos acostumbrados. Es más, desprovistos de éste, y con la única ayuda del listado final “Fuentes Documentales” agrupadas por capítulos, es imposible atribuir a una u otra documentación muchas de las afirmaciones, escritos, cartas o documentos integradas en el cuerpo del texto. Haciendo dificultoso, pues, volver a consultar los originales en el caso de una continuidad de esta investigación, lo cual, no solo es deseable sino necesario. En el mismo orden de observaciones, algunos de los enormes listados de subvenciones de excavación acordadas podrían haberse incluido como apéndices al final del volumen. Sin embargo, habría sido del todo aconsejable que se anunciara debidamente que el capítulo 7 es la reproducción íntegra de un artículo del mismo autor aparecido 6 años atrás(5). Es precisamente este capítulo el que hace imposible leer con los mismos ojos los dos volúmenes, indispensables por otra parte, sobre las Necrópolis de Ampurias(6).

Historiografía arqueológica franquista

No obstante, a juicio de quien escribe estas líneas la mayor carencia de la obra es de una visión ampliamente historiográfica. El contexto ideológico, la trama personal y el imbricado institucional están bien definidos, pero a pesar del continuismo formulado y demostrado por F. Gracia, hubiera sido necesaria la correlación de todo ello con la historiografía y la producción bibliográfica de los protagonistas. Es probable que el autor de referencia en España sobre esta temática haya preferido dejar para un ulterior estudio las consecuencias bibliográficas de las posiciones ideológicas o las corrientes teóricas de los diferentes autores, pero me parece difícil aceptar que no puedan apreciarse diferencias y matices en los escritos de P. Bosch Gimperà, M. Almagro Basch o J. Martínez Santa Olalla (frutos de un mismo ambiente y formación académica) atribuibles al contexto social, político por el que transcurrieron sus biografías. Nada se dice, por ejemplo, del Historicismo en el que se encontraba inmersa por entonces la arqueología, corriente ligada íntimamente a la del Difusionismo en antropología. Relaciones que harían, quizá, más comprensibles el hecho de que el único apoyo internacional del fascista Santa Olalla fuera el del marxista V. Gordon Childe. Tampoco es evidente, aunque algún día merecerá la pena intentarlo, que pudiera entenderse con la ayuda del análisis historiográfico que la única visión de interpretación globalizante propuesta hasta entonces, como fue el Historicismo, practicada subsidiariamente por la escuela española de arqueología de principios del siglo XX, debido al filogermanismo de sus élites intelectuales, encontraran su eco en otra visión de carácter holístico como fueron las interpretaciones de Gordon Childe y sus propuestas relativas a las relaciones entre tecnología y civilización, y, especialmente, sus trabajos sobre los arios(7).

Un análisis historiográfico en profundidad de la producción de la arqueología franquista demostraría probablemente que las temáticas recurrentes de Santa Olalla (los visigodos hispanos como testimonio de la relación milenaria de España y Alemania y de la expansión germánica fuera de su foco geográfico de origen y los guanches canarios como descendientes de los arios de la desaparecida Atlántida) eran impúdicamente subalternas de Das Ahneberbe, a diferencia del arqueólogo de cabecera de B. Mussolini, Luigi Maria Ugolini, cuyas investigaciones pretendían legitimar una hegemonía transadriática  que se retrotraía al pasado imperial romano. En ese sentido queda bien patente que la función de la institución arqueológica de las SS no era otra que la de proporcionar “outils performants au service d’une idéologie bien précise... propagande raciale, exploitation coloniale des pays conquis...”(8) como no sólo se hace bien patente en la simpatía dispensada a Santa Olalla por el propio Himmler, sino también en la lamentable escena en que, esperando la visita del jefe de las SS en las excavaciones de la necrópolis visigoda de Castiltierra (Segovia), los arqueólogos se apresuran a encontrar campesinos altos o rubios para demostrar hic et nunc la continuidad racial de los visigodos.

Un libro necesario

En cualquier caso, llama la atención el que la más nacional(ista) de las ciencias humanas, la disciplina científica y los científicos que, junto a la biología y los biólogos, más contribuyeron a la legitimación e investigación científica del III Reich sea la que más regulación requiere para su práctica por el Estado. No deja de llamar la atención que, tanto el gobierno legítimo de la II República como las autoridades de las zonas en conflicto cuyo patrimonio arqueológico podría ponerse en peligro y, posteriormente, los gobiernos de Franco (al menos de boquilla), se aplicarán con dedicación y esmero a la protección de los vestigios arqueológicos. Poniéndose en evidencia, por ejemplo, en el reconocimiento explícito de la actividad arqueológica de la República o de Bosch Gimperà por parte de Santa Olalla. O, implícitamente, en la continuidad de M. Almagro de la actividad iniciada por Bosch en Ampurias antes de la contienda y su encumbramiento como referente nacional en el extranjero, lo que le valdrá la cátedra de la Universidad de Madrid.

Del mismo modo, los útiles legales, reglamentarios e institucionales que se empiezan a poner en marcha a principios de siglo (inventario, investigación, intervenciones de urgencia, restauración, publicación, divulgación…) de las administraciones de uno y otro signo son los que se han mantenido vigentes en modelos de fuerte intervención estatal hasta la aparición en los últimos veinte años del neo-liberalismo y de la llamada arqueología liberal. Las radicales afirmaciones de Santa Olalla sobre la ineficacia de excavar sin publicar o sin restaurar los bienes recuperados, o sobre la innecesaria consignación presupuestaria sobre excavaciones si de la actividad arqueológica no se derivaban las consiguientes publicaciones y puestas en valor,  siguen llenas de una actualidad que perturba. Desconcierto que solo puede entenderse en el contexto de “une science au service des masses, fortement subventionnée et contrôlée par l’État totalitaire”(9). No en vano Santa Olalla tildaba con desprecio a sus adversarios de la Academia de “liberales”: el monárquico marqués de Lozoya , a la sazón director general de Bellas Artes y jefe superior en el escalafón administrativo; Martín Almagro Basch originario de una acomodada familia aragonesa o el liberalismo confeso de su antiguo maestro P. Bosch Gimperà, posiciones que irán abriéndose camino en el régimen conforme fue cambiando el contexto internacional.

¿Esa será la arqueología imperante en la España del boom económico y del desarrollismo liberal y opusdeista? Otro libro de F. Gracia o de sus alumnos podría responder a la pregunta. No en vano, la resistencia de la arqueología desde los momentos finales del franquismo y de los primeros años de la democracia reaccionó contra una arqueología oficial sin recursos y de acumulación de datos positivos exclusivamente procedentes de la excavación (en la versión más decadente del Hstoricismo de corte alemán) aceptando las influencias del neo-evolucionismo izquierdista de origen anglosajón de L. A. White o de J. H. Steward, aceptando los postulados ambientalistas y desplazando el objeto de interés del sitio, del yacimiento, a la información off site, y el consiguiente mayor recurso a la prospección como fuente de conocimiento en la comprensión de la implantación de las sociedades en el medio físico.

Se trata, pues de un libro necesario. Necesario para los arqueólogos españoles que pueden, así, conocer el acta de nacimiento de su disciplina y de los protagonistas de la misma. Necesario para el ciudadano que, a través del ejemplo de una ciencia y la práctica administrativa de ésta en permanente peligro por la injerencia del poder(10), puede apreciar cómo se produjo la “transición” a través de la depuración de, incluso, los conserjes de los museos en función de los informes policiales que detallaban las filias ideológicas como la afiliación sindical previa a la guerra.

A veces, a la generación de los “nietos” de la guerra se nos ha pretendido mostrar la cara más amable y liberal del régimen de Franco. Esa cara más amable se pretende renacer con proyectos historiográficos donde se canalizan temáticas a través de proyectos editoriales revisionistas como la revista Historias de Iberia Vieja donde tienen especial cabida las temáticas que ya interesaban a Santa Olalla. Libros como este desmienten sin dogmatismos esa cara amable.

(1) I. Bardies, J.-P. Legendre, B. Schnitzler (dirs.), L’archéologie en Alsace et en Moselle au temps de l’annexion (1940-1944), Strasbourg-Metz, 2001; A. Schnapp, L’autodestruction de l’archéologie allemande sous le régime nazi, Vingtième Siècle. Revue d'histoire, 2003/2, nº 78, p. 101-109; J. Chapoutot, Le national-socialisme et l'Antiquité, Presses universitaires de France, París, 2008 (véase la reseña de A. Pédron en Nonfiction, L'Antiquité détournée)
(2) M. Menéndez Alzamora, La Generación del 14. Una aventura intelectual, 2006.
(3) M. Fuentes Codera, Los intelectuales españoles y la Gran Guerra: ¿un caso excepcional?, Storica. Rivista quadrimestrale, núm. 46, 2010, pp. 54-57.
(4) “Sociedad para la Investigación y Enseñanza sobre la Herencia Ancestral Alemana”.
(5) Arqueología de la memoria. Batallones disciplinarios de soldados-trabajadores y tropas del ejército en las excavaciones de Ampurias (1940-1943), in C. Molinero, M. Sala y J. Sobrequés, eds., Una inmensa prisión. Los campos de concentración y las prisiones durante la Guerra Civil y el franquismo, Barcelona: Crítica, 2003, 37-59.
(6) M. Almagro Basch, Las necrópolis de Ampurias, Barcelona, 1953.
(7) The Aryans: A Study of Indo-European Origins, 1926.
(8) A. Schnapp, L’autodestruction de l’archéologie…
(9) A. Schnapp, L’autodestruction de l’archéologie…
(10) Cuando escribo estas líneas es de actualidad la exhumación del cadáver de S. Bolívar.

martes, 26 de enero de 2010

LA CERÁMICA ROMANA DE LA PLAÇA DE LES AULES

Ricardo González Villaescusa
Josep Vicent Lerma


Levante-EMV de Castellón, 16 de enero de 1995

Llega a nuestras manos, no sin cierto retraso, una información publicada en Levante de Castellón el 26 de diciembre de 1994, en relación con la cronología romana de la fundación de Castellón. En ella se argumenta con endebles principios científicos que la ciudad de Castellón es una fundación romana; situación suscitada por la aparición de vajilla cerámica de esta fecha y condición cultural en Les Aules. Si bien este argumento positivo es sólido e irrefutable, pues la aparición de objetos de una determinada antigüedad fecha los estratos y lugares donde éstos son encontrados, las consecuencias derivadas del mismo son de rigor científico dudoso. La aparición de cerámica de una fecha determinada sólo indica que en ese lugar hubo una presencia del grupo cultural que la produjo, pero esa actividad queda por definir mientras no se encuentren los contextos arquitectónicos ligados a la misma. En otras palabras, la cerámica romana podemos encontrarla en barcos romanos hundidos en el Mediterráneo; en ciudades del mismo origen; en villas y establecimientos rurales; pero también en colecciones museísticas de los Estados Unidos; y allí nunca llegaron los romanos del siglo I o II d. de C.
En resumen, para defender una ciudad romana en el subsuelo de Castellón de la Plana, se nos antoja imprescindible encontrar vestigios, cuanto menos denotativos de la actividad urbana de esa urbe: viviendas, calles, edificios públicos, y un largo etcétera que sí encontramos en otras ciudades de la zona como Valencia, Sagunto o Llíria.
Como, a juzgar por el artículo, no es este el caso los argumentos a favor de una Castellón romana se buscan en una ciencia auxiliar: tan ambigua como es la metrología; y tan recurrida cuando no existen más argumentos. J.P. Adam (conocido especialista de la arquitectura romana) demostró en Le Passé recomposé : chroniques d'archéologie fantasque (Paris, 1988) la inconsistencia de las demostraciones metrológicas al uso entre la pseudociencia esotérica, y con complicados cálculos matemáticos, puso en evidencia que el kiosco próximo a su casa de París, estaba cargado de una fuerte significación simbólica, apoyándose exclusivamente en los cálculos generados por las dimensiones básicas de esa construcción (del estilo: altura / anchura*pi = a la distancia entre la luna y el sol en momentos de plenilunio, lo que nos remitiría, sin la menor duda, a la época de las cruzadas y al grial en menos tiempo que se escriben estas líneas) .

La metrología, por sí misma, no explica ningún hecho histórico y menos cuando no es convenientemente contrastada con datos arqueológicos o historiográficos. Es suficiente ojear una publicación de metrología agraria para darnos cuenta de que frecuentemente las medidas de superficies agrarias se repiten y coinciden entre culturas distantes, en el tiempo y en el espacio, debido al condicionante técnico que las generan. Una yunta de bueyes puede arar aproximadamente una longitud de 35 metros sin fatigarse. En consecuencia, esa cifra y otras próximas se repetirán a lo largo de la Historia en culturas distantes mientras las condiciones técnicas de partida no cambien o los bueyes, tras laboriosos ejercicios gimnásticos, consigan adiestrar sus músculos y aumenten la capacidad física con la que nacieron.

A esta cifra de 35 m no eran ajenos los romanos, aunque para ellos, eran 120 pies (de 29 cm. de longitud cada uno); pero este hecho no impide que también fuera la dimensión de la unidad agraria elemental del Ampurdán en época medieval, por no citar más que dos ejemplos de fechas distintas. También es conocido el caso de un autor que encontró un parcelario romano en la cuenca del Sena porque identificó un parcelario fuertemente regular (lo cual es un hecho irrefutable) cortado en líneas perpendiculares y cuyas dimensiones principales coincidían con una métrica romana. Podemos concluir que la argumentación metrológica debe de ir fuertemente sustentada por un conocimiento exhaustivo de la metrología local a lo largo de la historia de la región de estudio; evitando de esta manera confundir sistemas agrarios dispares en su ejecución pero coincidentes en sus cifras. Sin olvidar que la coincidencia es debida a nuestra traducción al sistema métrico decimal vigente, pues para un romano, nuestros 35 metros no eran sino un actus de 120 pedes, mientras que, para un gerundense de la Edad media, la quartera tenía 35 canas de lado.


Mayor ignorancia muestran los estudiosos, de los que desconocemos su nombre, cuando intentan comparar el parcelario de Castellón con el que los romanos ponían en práctica. La milla romana es una medida de longitud, pero nunca lo fue de superficie agraria; del mismo modo que nosotros medimos la distancia entre Alicante y Valencia en kilómetros, y la superficie de un campo de fútbol en hectáreas, y no al revés. La centuria es una superficie de 710 x710 metros, fruto de la conversión del actus quadratus (35x35 m) en su múltiplo: el heredium (2x2 actus quadratus): unidad mínima agraria de transmisión hereditaria entre los romanos que, repetida 100 veces (10x10), da lugar a la estructura intermedia que es la centuria, y la práctica de esta parcelación es conocida como centuriación. Sistema agrario que, no siendo el único, sí el más conocido y practicado por los romanos en su expansión imperial por la cuenca del Mediterráneo. Pero de entre todas las restantes formas de parcelar que practicaron: estrigaciones, escamnaciones, o centuriaciones de distinto módulo (1420x710 m en Mérida), no conocemos ni una sola estructura agraria romana de 700 m subdivididos en espacios cuadrados de 350 m y tampoco la conocían los propios agrimensores romanos que escribieron sus propios manuales de formación compilados en el Corpus Agrimensorum Romanorum.

El sistema agrario descrito y descubierto en Castellón responde a grandes bandas de 700 m subdivididas en otras de 350 m. compartimentadas en otras más estrechas que tienen como base métrica la unidad de 35 m, fenómeno de coincidencia métrica histórica que ya condujo a error a quienes se sintieron atraídos por la imagen aérea que produce la visión del espléndido parcelario detectado en la zona comprendida entre Castellón, Vila-real, Nules… Se ha escrito tanto sobre la problemática de las centuriaciones que nos cuesta creer que los estudiosos no han reparado en ello. Pero aún nos cuesta más creer que desconocen los dos artículos consagrados a los parcelarios de la zona, publicados en los años 70 y 80 por A. López Gómez y A. Bazzana, que en su momento también creyeron que eran centuriaciones romanas.


A esta cita no podía faltar la toponímia como argumento contundente, y cada 500 pasos vemos desfilar topónimos de evidente raíz local: Lairon, Borriolenc, La Salera o el Fadrell (sic); el catastro de Castellón se llama Llibre de les Quadrelles, lo que para los estudiosos es una prueba de origen romano (¿?), sin querer entrar en detalle sobre las haciendas romanas con un poblado (¿son haciendas o poblados?) con iglesia (¿?) y acequias mayores en funciones de ríos fundacionales, como si los antiguos no supieran qué es una acequia y qué un río, por pequeños que éstos sean en nuestras latitudes.
Llegado este momento quisiéramos recordar al lector algunas consideraciones históricas:
1.- Castellón es una fundación medieval de Jaime I (siglo XIII).
2.- La toponímia argumentada es vernácula.
3.- La metrología y acondicionamiento formal agrario de la zona no es romano.
¿No estaremos en presencia de un parcelario medieval en torno a una zona donde las fundaciones cristianas medievales son abundantes? Por una simple razón de economía interpretativa y porque los parcelarios medievales existen e incluso se conocen los agrimensores medievales como Bertrand Boysset de finales del siglo XVI cuyo manuscrito teórico se encuentra en la Biblioteca Municipal de Carpentras. ¿Por qué buscar longevos y remotos antecedentes si Castellón y otras ciudades del entorno tienen unos rasgos históricos definidos y precisos que las hacen dignas de ejemplos de los manuales universitarios de la forma urbana y del urbanismo medieval? Si todos los argumentos conducen inequívocamente a una cronología medieval, ¿por qué unos fragmentos de cerámica tienen que cambiar lo evidente? Y ello sin menoscabo de que en el subsuelo del solar de Castellón de la Plana hubiera un establecimiento agrícola que precediera a la ciudad en once o doce siglos y que ahora unos estudiosos han exhumado, convirtiendo la fundación de Jaime I en fundación romana; los campos en millas y los metros cuadrados en longitudes…