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martes, 14 de agosto de 2012

ENAJENACIÓN DEL PATRIMONIO HISTÓRICO

Venecia, donde se van a vender algunas propiedades. © EL PAÍS
Se dice que la mejor manera de conservar un viejo edificio histórico es atribuirle  una nueva funcionalidad. Un patrimonio en desuso es la mayor garantía de su degradación. Ahora bien, es imprescindible que la nueva función del viejo edificio sea compatible con los principios que rigen la conservación y el disfrute del patrimonio histórico por todos los ciudadanos.

Ya hemos abordado este delicado tema en diversas entradas de este blog. Si la enajenación del patrimonio empresarial del estado es arriesgada y siempre resulta sospechosa y poco transparente, el riesgo y la sospecha, cuando se trata de un bien histórico, es aun mayor. Por definición no es renovable y puede perderse irreversiblemente. 

Esta crisis está afectando doblemente al patrimonio. De un lado, los escasos recursos no se dedican a protegerlo o restaurarlo, el patrimonio se encuentra claramente en peligro, aunque el tiempo no entiende de crisis y la institución atemporal que es la Iglesia se desentiende de su patrimonio en ruinas ante la presión de los poderes públicos por cobrar el IBI a la Iglesia o por las solicitudes de las administraciones para que se ocupe de las ruinas que pueblan el mapa español. Por otro, atrae la atención de los dirigentes de los PIGS hacia los bienes históricos, en los que son especialmente ricos, aunque no precisamente para convertirlos en motor de un desarrollo cultural y económico a medio y largo plazo, sino para obtener dinero rápido por su venta a quienes pueden comprarlo y, por consiguiente, disfrutarlo privativamente. No es seguro que en Italia la subasta de bienes patrimoniales pueda compensar las pérdidas provocadas por otros gastos más onerosos, y probablemente más inútiles, reduciendo así el déficit público. La certeza procede, no obstante, de la evidencia de una pérdida de la titularidad estatal de bienes que pertenecen a todos, no solamente como consecuencia de su clasificación y protección pública, sino también a raíz de su ontogénesis, fruto del trabajo de clases desfavorecidas en beneficio de los señores de la Italia de las señorías y repúblicas. 

El acto de apropriación pública por el que las naciones construyeron su identidad con la ayuda del concepto del patrimonio histórico, clasificado, inventariado, protegido..., sufre una retrocesión en beneficio exclusivo de unos pocos. Los palacios vuelven a ser de las élites y la Ciudad prohibida imperial de Pekin se torna en "Ciudad exclusiva". Paulatinamente, todo vuelve a su sitio y despertamos del sueño en que "lo público" era garantía de justicia social.

En realidad no hay tanta diferencia entre los pauperizados funcionarios griegos que se convierten en cómplices de redes de enajenación de bienes patrimoniales muebles, los corruptos funcionarios chinos que organizaban fiestas privadas para los nuevos ricos del sistema y el gobierno tecnócrata de Mario Monti. Es solo cuestión de escala. Y de poder legislativo para modificar las leyes de suerte que la actividad no sea delictiva.

  • El Gobierno de Monti plantea subastar 350 edificios históricos
  • El último plan de enajenación de inmuebles quedó por debajo del objetivo
Lucia Magi, El País, Roma 13 de agosto de 2012

Las grandes empresas, las fundaciones de arte o los fondos de inversión que quieran disfrutar de un escaparate en la orilla del Gran Canal de Venecia o en el prestigioso barrio de la moda de Milán pueden considerar abierta la temporada de compras. El Gobierno italiano va a poner a la venta 350 inmuebles históricos propiedad del Estado y que se encuentran vacíos. El presidente del Ejecutivo, Mario Monti, y su ministro de economía, Vittorio Grilli, buscan la forma de inyectar en las arcas públicas entre 15.000 y 20.000 millones anuales para reducir la deuda pública hasta que represente el 100% del producto interior bruto (PIB), 23 puntos por debajo de donde se encuentra ahora.

Después de recortar el gasto público —por ejemplo, el viernes el Consejo de Ministros decidió el cierre de 31 tribunales—, introducir el impuesto sobre la vivienda, reformar el mercado laboral y el sistema de pensiones, en el último tramo de legislatura, Monti necesita atacar la enfermedad crónica de la economía italiana: la deuda. No puede escaparse. Italia debe a sus acreedores 1,9 billones de euros. El país está en la línea del fuego junto a España: los mercados dudan que pueda ser solvente.

Así que la reducción de la deuda va a centrar las labores de otoño de los tecnócratas. Se lo piden los gabinetes de asesores, los economistas y también los partidos en el Parlamento. Monti debe frenar el aumento de un lastre que se pone cada minuto más pesado (era el 104% del PIB en 2008, hoy el 123%) para evitar ulteriores rebajas de las agencias de calificación de deuda, mostrarse serio ante los inversores y quizás esquivar el rescate y la firma de compromisos que pondrían en peligro la siempre frágil situación política. Entonces, habrá cumplido con su misión, que, para usar una expresión de Romano Prodi, era la de “desmontar Italia como si de un mecano se tratara y volver a construirla desde principio”. El professore de Bolonia, jefe de un Gobierno que abarcaba a más de 10 partidos, no pudo con ello. El professore de Milán lo está intentando.

Las joyas de la familia


Unas de las soluciones hasta ahora diseñadas consiste en vender las joyas de familia. Roma es propietaria de inmuebles vendibles por 42.000 millones de euros, según relevó la relación sobre el patrimonio inmobiliario preparada el año pasado por la Caja Depositi e Prestiti, propiedad de Hacienda en un 70%.

El momento no es favorable a las compraventas de casas y, menos, de castillos. A finales de 2012 el volumen de negocio del sector inmobiliario cayó un 92% respecto al mismo periodo del ejercicio anterior, según la compañía Real Capital Analytics. No sería la primera vez que Italia intenta hacer caja liquidando sus palacios sin mucho éxito: el fondo Immobili Pubblici ganó 860 millones de euros con la subasta de 140 edificios. Pero había puesto a la venta 394 locales, por un valor total de 3.500 millones. En Bolonia, por ejemplo, se puso a la venta el enorme convento de las Carmelitas Descalzas, de 4.000 metros cuadrados, más patios y soportales. Al finalizar la subasta no había conseguido ni una sola oferta. De los 13.000 millones de precio de salida, se fue rebajando hasta 9.900. Pero tampoco así levantó nadie el brazo para hacerse con este bien inmueble.

Sin embargo, muchas de las propiedades de la pasada tanda de ventas estaban ocupadas y el Estado solo quería liquidez inmediata para seguir pagando el alquiler. Se trataba, para los inversores, de una fuente segura y continua de dinero. Ahora es distinto: los 350 edificios de la lista están vacíos y se pueden ocupar. Los tecnócratas italianos confían en que las firmas puedan verse atraídas por la perspectiva de abrir una sede prestigiosa y con encanto. Por ejemplo, en el Castillo Orsini en Soriano al Cimino, en la región de Lazio (centro), que fue construido por el Papa a mediados del siglo XIII. O en el palacio Diedo en Venecia, construido en el siglo XVIII en pleno Sestiere (los barrios venecianos) Cannaregio, sede de un juzgado hasta hace pocos meses. Precio: 19 millones. Pero hay 17 edificios más en la ciudad lagunar. Milán vende 100 locales, incluido el palacio Bolis Gualdo por 31 millones, en la calle Bagutta de Milán, la zona de la moda más importante del mundo. Los negocios también son cuestión de imagen.

lunes, 2 de julio de 2012

ORDENACIÓN DEL TERRITORIO Y ARQUEOLOGÍA PREVENTIVA

Presentamos un libro que se nos antoja indispensable y que aparecerá a lo largo de este mes de julio según informa territorial.fr, el portal francés de los profesionales del territorio. 

Aménagement du territoire et archéologie préventive, es una obra colectiva que pretende ser una herramienta de apoyo a las decisiones sobre la ordenación del territorio, que permitirá integrar el parámetro "arqueología preventiva" a los promotores en sus políticas y estrategias de gestión , guiando, paso a paso, sus gestiones.

Las exigencias de desarrollo local se traducen a diario en la expansión de las zonas urbanas, polígonos de actividades, o infraestructuras... Estas planificaciones tienen un impacto directo en los restos arqueológicos cuya protección se rige por las normas recogidas en el Código del Patrimonio.
La arqueología es vivida cotidianamente por los promotores y planificadores como un inconveniente que causa costos adicionales y retrasos en los trabajos. La legislación es a menudo desconocida o difícil de entender. La arqueología preventiva es una disciplina que ha sido creada para actuar previamente y, por lo tanto, para conciliar la ordenación del territorio y la conservación del patrimonio.

¿Cómo iniciar un diagnóstico arqueológico? ¿Qué ordenaciones son concernidas? ¿Qué financiación? ¿Cómo calcular la RAP, (Tasa de la Arqueología Preventiva)? ¿Qué compromisos son vinculantes para el ordenador del territorio y para el promotor de las excavaciones? ¿Cuáles son los textos jurídicos de referencia? 

Los agentes de la ordenación del territorio encontrarán respuestas concretas a todas las cuestiones relativas a la arqueología en este resumen de documentación técnica.

martes, 22 de mayo de 2012

PREMIO PATRIMONIO CULTURAL DE LA UE A LA INICIATIVA ALLIANOI

Hace un año, el yacimiento arqueológico de Allianoi fue inundado por las aguas a pesar de la resistencia ciudadana presentada por un grupo de jóvenes procedentes de diferentes profesiones cercanas al patrimonio cultural (arqueología, arquitectura...). 

El yacimiento fue un conjunto termal de la antigüedad próximo a la antigua ciudad de Pérgamo en la actual Turquía. La construcción de la presa de Yortanli, destinada al regadío de la zona, amenazaba el yacimiento a pesar de los proyectos alternativos propuestos para evitar que el conjunto termal fuera inundado por las aguas y destruido con el paso de los años. 

 La comisión europea ha decidido otorgar entre otros galardonados, el premio Patrimonio cultural de la Unión Europea por los servicios prestados (Dedicated Service) concedido por la Fundación Europa Nostra a la iniciativa Allianoi, emprendida en 2004 por el arqueólogo y máximo investigador del conjunto patrimonial del antiguo conjunto de Allianoi, Ahmet Yaras. El premio ha sido concedido al "movimiento ciudadano y arqueológico emprendido por el Dr. Yaras que le ha valido la admiración de miles de ciudadanos en Turquia y en Europa, a expensas de su carrera profesional"


domingo, 1 de agosto de 2010

LA RESURRECCIÓN DE LÁZARO (II)

Ricardo González Villaescusa
Josep Vicent Lerma

Levante-EMV, 1 de agosto de 2010

Una de las razones que pueden explicar la desconexión entre la reciente muestra divulgativa "El tribunal de las Aguas de Valencia. 1050 años de justicia de la Huerta de Valencia" y los conocimientos históricos probados, puesta en solfa en una primera entrega periodística nuestra sin réplica conocida (Levante-EMV, 15-6-10), reside en la disociación total entre las políticas públicas y la investigación académica, tal como hemos venido reiterando en numerosos artículos como "Los nuevos usos de l´Horta o la Resurrección de Lázaro" (Levante-EMV, 8-4-06).

Así pues, en esta prometida continuación hemos aprovechado para centrarnos en revisitar conceptos tales como el de que la Huerta es un paisaje agrario, y los paisajes, tan de moda hoy con dirección general propia patroneada por Arantxa Muñoz, son objeto de una acción territorial realizada fundamentalmente con criterios de urbanistas, arquitectos, paisajistas... cuya visión de los mismos solamente es dinámica en un sentido unívoco: desde el presente hacia el futuro. Desde el momento mismo en que nuestra eco-depredadora civilización post-industrial interviene para "ordenar" donde antes solo había aparente desorden.

En este sentido, ya hemos propuesto que se hace imprescindible determinar el papel morfogenético que ejercen los paisajes, de manera que se puedan determinar los casos en que la finalidad y forma de la ordenación del territorio podría ser dictada por los estadios antiguos del paisaje (Más allá del concepto de sostenibilidad, el de resiliencia..., Levante-EMV 12-3-06). Si queremos entender la forma en que las sociedades del pasado actuaron y las del mañana actuarán en el territorio, debemos reflexionar sobre la resiliencia (sostenibilidad) de las elecciones que se tomaron en el pretérito y la capacidad de una estructura paisajística para absorber impactos, pero también, en cuanto a la capacidad de aprovecharlos, participando, desde ese instante, en la propia historia de estos constructos espacio-temporales.

Todo ello nos conduce al fallo imperdonable, enquistado en la vigente legislación patrimonial (LPCV, Ley 4/1998), de no considerar los Paisajes Históricos como tales y consecuente con la inexistencia de una verdadera política integral de ordenamiento del país que tome en consideración las estructuras de suelos cronológicamente datados, porque no otra cosa que históricos son la mayoría de nuestros paisajes.

De aquellos polvos estos lodos y consecuentemente, cuando se lee en el Plan de Acción Territorial de Protección de la Huerta (PAT), las consideraciones históricas sobre la misma, es cuando encontramos la confirmación del dispendio del dinero del contribuyente en la financiación y edición de estudios históricos que no tienen la suficiente repercusión pública.

Así es posible observar en dicho PAT que desde la época islámica existió un equilibro entre la ciudad y la huerta, inalterable hasta el siglo XIX, como si la huerta irrigada, una vez lograda su configuración clásica, se hubiera mantenido en lo sustancial sin cambios hasta la llegada de la industrialización. El argumento histórico es subalterno pues. Una foto fija proyectada sobre el decurso temporal. Imagen por consiguiente tan fosilizada como la que cada jueves nos muestra unos venerables síndicos de las acequias de la Vega reunidos litúrgicamente para dirimir sobre ningún pleito, como consecuencia de la reducción de la extensión de la red de canales de riego de más de 300 km a menos de 50 km en las últimas décadas. Circunstancia sobre la que no conviene olvidar la advertencia de Thomas Glick: "Cuando desaparezcan los regantes se acabará el Tribunal de las Aguas" (Levante-EMV, 14-06-10).

Ello supone que para evitar la definitiva extinción de la Huerta los agricultores deberían ser remunerados "por los servicios ambientales prestados" o en su defecto que los habitantes de la ciudad deberían asumir una tasa pro-conservación de una huerta tan próxima, y que lo recaudado incidiera en la mejora de las magras rentas de nuestros labradores. Porque, in fine, nadie cree que pueda salir adelante este Plan de Acción Territorial, la novedosa política sobre el paisaje y el discurso radical por momentos, nace sin presupuesto (Levante-EMV 28-5-09). Confiando la dirección general del ramo el éxito de dicho Plan a la contingente implicación de agentes privados y de los ayuntamientos concernidos al albur del obsecuente argumento, sin más, de que el futuro pasa por optar por la viabilidad de una Huerta sostenible (Levante-EMV 29-6-08), sin agotar las posibilidades de las herramientas jurídicas que el legislador tiene en su haber para desarrollarlo. Obviando que la voracidad de la naturaleza es tan antigua como la aparición de las ciudades en el medioevo tardío y la consiguiente pérdida del lazo simbiótico del hombre con su medio ambiente, que conducirá a la tematización del paisaje como inquietud a tenor de las tesis de Michael Jakob (Le paysage, París, 2008).

Por último, para concluir esta filípica sobre la anunciada muerte de la Huerta de Valencia, no podemos dejar de consignar un pequeño atisbo de esperanza, a pesar de los posicionamientos públicos del actual responsable del urbanismo de la ciudad de Valencia contrarios a una Huerta "cultivada por funcionarios", en las prometedoras iniciativas de adquisición pública de suelo en los denominados "huertos urbanos", de gestión directa o indirecta, en el controvertido proyecto de Sociópolis y en el entorno del antiguo monasterio de San Miguel de los Reyes.

Tercer artículo más votado del día 1 de agosto por los lectores de Levante-EMV!!!

1. "La corrupción en el franquismo era de calderilla si se compara con la actual"
2. La Audiencia ve indicios de que el IVEX pagó el contrato B de J. Iglesias con facturas falsas
3. La resurrección de Lázaro (II)

domingo, 23 de mayo de 2010

MEDIO AMBIENTE Y SOCIEDAD. LA CIVILIZACIÓN INDUSTRIAL Y LOS LÍMITES DEL PLANETA

Ricardo González Villaescusa

Reseña aparecida en Apuntes de Ciencia y Tecnología, nº 12, septiembre de 2004

E. García, Medio Ambiente y Sociedad. La civilización industrial y los límites del planeta. Alianza Ensayo, Madrid, 2004


El día que empiezo a escribir estas líneas dos noticias preocupantes abren los telediarios: el terrorismo checheno y las inundaciones del litoral mediterráneo. El llamado “terrorismo internacional” y el cambio climático. Lo inquietante no es que el año pasado hiciera más calor que nunca. Tampoco lo es que este final del verano sea el más lluvioso del litoral noreste mediterráneo desde que existen series de datos sobre el clima. Lo verdaderamente inquietante es que las series climáticas tienen picos, anomalías, demasiado frecuentes y reiterados. Las más altas temperaturas del siglo se alternan con las riadas más devastadoras. Algo pasa a pesar de las afirmaciones de aquellos que no creen que haya elementos suficientes para hablar de un cambio climático. Tras el caluroso verano de 2003, cambio climático, es una expresión coloquial que forma parte del vocabulario de la gente de la calle, ya sin mayor discusión.

Acostumbrados a leer en otras lenguas sobre medio ambiente y sociología medioambiental, resulta infrecuente encontrar una aportación en castellano ineludible, ya, para esta disciplina. Un libro de lenguaje ameno y fluido que, sin embargo, es engañosamente sencillo pues requiere de numerosas relecturas para abarcar las múltiples implicaciones de las afirmaciones que se realizan, así como de los datos que se facilitan a lo largo de la obra. El autor no es desconocido en la bibliografía sobre el tema pero con esta aportación marca un hito relevante en su trayectoria científica.

Cuando se lee este libro se está permanentemente invadido por una desazón y pesimismo, lúcido si se quiere, pero inevitable; pero ¿no dicen que un pesimista es un optimista bien informado? Veamos por qué.

El primer capítulo está destinado a clarificar la relación entre las ciencias ambientales y la sociología. Insistiendo en la excepcionalidad de las ciencias sociales y en la irreductibilidad de la parte social en el complejo sistema “medio ambiente-sociedad”. Así, las ciencias ambientales generan una impresión compartida de estar frente a un “objeto de conocimiento que, en parte, responde a conceptos y métodos que nos resultan familiares, pero que en otra parte, que es sustancial, atraviesa las fronteras entre disciplinas, requiriendo diversas perspectivas de investigación”. Es evidente que los nuevos problemas requieren de nuevas perspectivas; pero, ante la cuestión de si estas nuevas necesidades epistemológicas reclaman una cierta reunificación de la ciencia, como postula E. O. Wilson, el autor se decanta, al igual que quien escribe estas líneas, a favor de algo más que un “asalto interdisciplinar” pero bastante menos que la reaparición de una “ciencia unificada”.

En el segundo capítulo aborda los diferentes enfoques sociológicos que se han ocupado de los estudios medioambientales, desde los inicios, pasando por el materialismo histórico y llegando al enfoque de la sociedad del riesgo del sociólogo alemán U. Beck.

El capítulo tercero lo inaugura el autor planteando los postulados que fundamentan la sociología ecológica: “a) el objeto de estudio no es la sociedad sino el sistema formado por la sociedad y el medio ambiente; b) las relaciones entre sociedad y medio ambiente dependen siempre de formas históricas concretas de la tecnología, la desigualdad social y el sistema de necesidades; c) la expansión de la civilización industrial está siendo condicionada ya por los límites de la naturaleza para suministrar recursos y absorber residuos.” Y, teniendo en cuenta estos principios se adentra en el debate de si existen límites naturales que condicionen el crecimiento y en el concepto de sostenibilidad desde el punto de vista de las ciencias sociales. Así, la principal conclusión es que se trata de una variable sociológica a tener en cuenta. En el estudio de la sociedad contemporánea el medio ambiente no puede considerarse como un fondo constante, inalterable por las acciones sociales, e irrelevante para su análisis.

El capítulo cuarto lo dedica al futuro “incierto” del concepto sostenibilidad resaltando que el éxito del mismo se debe a la ambigüedad que lo envuelve, no tanto teórico o conceptual, como política. Tanto la izquierda como la derecha pueden identificarse con la palabra, los verdes la usan como legitimación de sus denuncias y los “productivistas” como ratificación de que la prioridad del desarrollo solo requiere de algunos ajustes para que pueda darse. Sin embargo, la sostenibilidad solo depende del factor tiempo: sostenible, sí, pero ¿durante cuánto tiempo? Al final todo se reduce a intentar alcanzar un quimérico equilibrio que permita mantener los procesos socioeconómicos que sustentan el bienestar alcanzado por algunos sectores de la población mundial (y teóricamente extenderlo a otros sectores) y la conservación de los sistemas naturales que soportan la existencia social. Idea, la de sostenibilidad, imprecisa e inasible si se quiere aunque, como dice el autor, no menos que otros conceptos de la ciencia social como son democracia o justicia.

Así, en los últimos capítulos, se llega al nudo gordiano que explica la situación actual. Las sociedades industriales han atenuado los conflictos sociales gracias a una mayor presión sobre el medio, como a una externalización de los costes; sobre el mundo preindustrial y sobre las generaciones futuras. Es decir, hemos adquirido mayores niveles de bienestar no gracias a una redistribución efectiva de la riqueza sino a una mayor presión sobre aquellos que no generan conflictos sociales: el medio ambiente, las sociedades del tercer mundo y las generaciones futuras que “ni votan ni compran hoy en los mercados”. ¿O, acaso sería el mismo precio del crudo si tuviéramos en cuenta la escasez que afectará a los que heredarán la Tierra? Por tanto, la crisis medioambiental actual no es nueva sino global y acelerada.

Aunque no haya motivos para el optimismo y consciente de que el problema escapa a soluciones fáciles, el autor hace depender la sostenibilidad de tres factores básicos: la población, las tecnologías utilizadas y el consumo. En el factor población, aumentando el control demográfico, aunque eso afecta a una profunda reelaboración cultural de significado de la familia, la reproducción, la vida o la muerte, y no parece sencillo. La sustitución de las tecnologías utilizadas por otras más ahorradoras de energía y menos contaminantes (ecoeficiencia). Y, finalmente, la tendencia a una sociedad menos derrochadora. Es evidente que una pequeña parte de la humanidad consume muy por encima de lo que es bastante (suficiencia). Del equilibrio razonable entre control demográfico, ecoeficiencia y suficiencia depende la sostenibilidad.

Como quiera que las generaciones futuras no turban nuestra tranquilidad, los otros dos objetos de externalización, las sociedades preindustriales y el medio ambiente, nos devuelven, si se me permite la expresión, los conflictos” que hemos desplazado fuera de las fronteras del mundo industrial. ¿El llamado “terrorismo internacional” y el cambio climático no son un buen indicio de esa externalización de los conflictos que llevan a cabo los países industriales desde el siglo XIX y el XX?

miércoles, 27 de enero de 2010

LA VISIÓN TERRITORIAL DE LOS TRASVASES

Ricardo González Villaescusa

Levante-EMV, Territorio y Medio Ambiente, 31 de julio de 2005

"La crisis ecológica (...) se presenta ante todo como una revuelta generalizada de los medios. Ya nada ni nadie quiere aceptar servir de simple medio para el ejercicio de una voluntad cualquiera pretendida como fin último. El más ínfimo gusano, el más pequeño de los roedores, el más seco de los arroyos, la más lejana de las estrellas, la más humilde de las máquinas automáticas, exigen ser tomados también como un fin (...)?
Bruno Latour, Politiques de la nature. Comment faire entrer les sciences en démocratie, París, 1999.


Por razones laborales conozco gente de toda la geografía valenciana, desde el Sénia al Segura. Hace un par de años una persona de la Vega Baja me explicó que desde allí la polémica del trasvase del Ebro se veía de otra manera. Pensé en lo que me decía pero no argumenté nada. Hace menos de un mes, una persona del Baix Maestrat me afirmó que desde allí la discusión no lo era tanto al cambiar el punto de vista. Como quiera que mi opinión, aun empatizando con los diferentes intereses en liza, no cambia según el lugar desde donde abordo el problema, discutí brevemente con esta última, no en torno a la conveniencia o no del trasvase del Ebro, sino sobre si la opinión podía estar fundamentada en la pertenencia o no a comarcas que desean ese trasvase, o a comarcas que se ven perjudicadas por el mismo. Afortunadamente no cambié la opinión de mi interlocutora y este artículo es fruto de mis reflexiones en torno a esa conversación.


El mismo autor que encabeza estas líneas, Bruno Latour, nos habla de que lo inconmensurable es la guerra. Hablaremos de conmensurabilidad cuando formas del territorio de naturaleza diferente (una forma física y una forma social) se articulan por formas y medidas comparables, obedeciendo a la misma escala y a la misma lógica de ordenación espacial. Por ejemplo, la red de ferrocarriles es conmensurable a la escala nacional en que fue proyectada y creada, pero inconmensurable a la escala local de la ciudad de Valencia, mientras que la red de transportes urbanos es conmensurable con la ciudad.

Esta noción debería formar parte de la reflexión previa a toda reordenación del paisaje para evitar el eterno divorcio entre territorios, redes e infraestructuras y que éstas no subordinen, fragmenten o representen un obstáculo infranqueable. Evitaría el síndrome NIMBY, acrónimo de Not In My BackYard, -no en mi patio trasero-, o rechazo por los lugareños de las infraestructuras que no les benefician directamente (centros penitenciarios, incineradoras de residuos urbanos de áreas metropolitanas, redes de trenes de alta velocidad... Todo estudio de impacto en el paisaje debería tener en cuenta la forma en que las nuevas infraestructuras u ordenaciones territoriales pueden crear nuevos órdenes conmensurables que evitaran a medio y largo plazo los conflictos.

Pero volvamos a los trasvases, ¿en qué medida son inconmensurables? Si nos atenemos a la lógica del Estado (forma social), en que se proyecta la realización del trasvase (forma social), entre cuencas hidrográficas (forma física), son conmensurables. Pero es evidente que la realidad autonómica introduce una variable que aboca los trasvases a la inconmensurabilidad ya que los gobiernos autonómicos son formas sociales que tienen un reconocimiento jurídico y un respaldo social. Superable, desde el punto de vista de quienes se apoyan en la integridad del estado pero que, aun así, no evita el conflicto entre las comunidades afectadas.

Perspectivas
Un trasvase es inconmensurable (conflicto) cuando se ve desde la perspectiva de las cuencas hidrográficas afectadas (espacio) y desde los efectos a largo plazo de una decisión de estas características (tiempo). Para evitar la hidroesquizofrenia que afecta al país, puede mirarse desde la óptica del proyecto de trasvase de aguas del Ródano a Barcelona, plan que prevé una canalización enterrada de 330 km, desde Arles a Barcelona, destinada a transferir 1.300.000 metros cúbicos al día.

Los argumentos de sus defensores son semejantes a los que defienden el trasvase del Ebro: aumento de la demanda de agua en Barcelona y su área metropolitana, excedentes hídricos que sobran en la cuenca del Ródano y que "se pierden"en el mar, solidaridad interregional en la Europa de las regiones...Y entre algunos de los argumentos en contra se pueden encontrar el que Cataluña lidera tras Andalucía el número de campos de golf del país. Son conmensurables o inconmensurables desde el punto de vista de sus defensores o detractores, es decir, desde los diferentes "allí" utilizando la argumentación de mis interlocutores. Lo que conlleva, en definitiva, la utilización de cuencas hidrográficas como un medio para obtener unos fines, en lugar de entender "el más seco arroyo" como un fin en sí mismo.

La paradoja está servida, en palabras del geógrafo Michel Drain, conseguir el trasvase de aguas del Ródano a Barcelona no solo animaría una política de gestión mercantilizada e insostenible del agua en España y Europa, sino que, además, las soluciones a los problemas locales se resolverían generando otros problemas locales y huyendo de las soluciones sostenibles a largo plazo. Si es cierto que existe un crecimiento progresivo de la demanda de agua, ¿por qué el problema terminaría con uno o dos trasvases?

LOS NUEVOS USOS DE L'HORTA O LA RESURRECCIÓN DE LÁZARO

Ricardo González Villaescusa
Josep Vicent Lerma

Levante-EMV, 8 de abril de 2006

Las recientes y siempre ajustadas consideraciones de J. Lagardera sobre los potenciales nuevos usos de la Huerta han sido el acicate de estas líneas, redactadas con el ánimo encogido sobre su oscuro futuro y sin más pretensión que alentar el debate social sobre el mismo.


Existen afirmaciones que se dan por sentadas y que requieren de una reflexión en profundidad. ¿La agricultura de la Huerta es realmente inviable? ¿No es rentable económicamente? Como hacen los psicoanalistas, la respuesta bien podría ser otra pregunta: ¿con qué contrastamos su rentabilidad económica? Si lo hacemos respecto de la construcción y la especulación urbanística, es cierto que no existe punto de comparación... Pero si lo cotejamos con otras agriculturas (secano, rozas...) habrá que reconocer que es una de las agriculturas más productivas del mundo. Buena parte de las políticas de desarrollo avaladas por la FAO con posterioridad a la II Guerra Mundial pretenden convertir muchos de los espacios agrícolas del planeta en espacios irrigados al estilo de las huertas mediterráneas y, en particular, la de Valencia como modelo a imitar. En buena medida eso explica el interés que han suscitado los modelos técnicos y sociales que rigen la Huerta de Valencia entre los investigadores que desde el siglo XIX se vienen ocupando de estudiar las huertas en espacios áridos o semiáridos, como Thomas Glick y tantos otros.

Partiendo de esa premisa falsa se construye una mistificación sobre la bondad de un proyecto como Sociópolis en la pedanía de La Torre que pretende adentrar la Huerta en la ciudad, cuando, por más vueltas que se le dé, la intención no es otra que urbanizar la Huerta. La demagogia retórica es lo que tiene. Incluso, recientemente, la conselleria de Rafael Blasco se entrega con armas y bagajes, renunciado a todo viso de viabilidad y dando por desahuciado nada menos que el 50% de la Huerta subsistente, que ya es bien poca cosa, defendiendo sin ruborizarse un presunto modelo integrador en el desarrollo urbanístico del área metropolitana, ¿recuerdan aquello de incorporar la Huerta a la ciudad? (Levante-EMV, 6-3-2006).

Es cierto que la actividad agraria hoy no es relevante en el cómputo global de la economía de un país como el nuestro (aunque no conviene olvidar notorias excepciones como los ejemplares cultivadores de chufa de Salvem l'Horta de Alboraia), pero las soluciones deben ser casuísticas, focalizadas y consensuadas. Es posible que algunos restos del cinturón agrícola de la vieja colonia romana no sean rentables en los competitivos términos económicos actuales, pero ya advierte Ernest García sobre lo artificioso de pretender poner precio al medio ambiente. Es innegable, como hemos dicho en ocasiones, lo indeseable de un parque temático con labradores de figurantes o autómatas mecánicos, para que las generaciones futuras puedan ver cómo fingen que cultivan... Pero, de ahí a renunciar de plano por parte de quien más tiene que pensar por el futuro de ese espacio irrigado casi único en el mundo, existe una considerable distancia que no conviene transitar sin mayor viático, cuando a la par, no sin cierta ironía, se pretende postular al mítico Tribunal de las Aguas como patrimonio de la humanidad que, a este paso, habrá que catalogarlo en el mismo expediente que los dinamitados Budas de Bamiyán.


Por otra parte, aunque el problema es de carácter supraterritorial, los municipios afectados caen irremediablemente en el síndrome NIMBY, «no en mi patio trasero» y, claro, «ahora que no queda nada?», «ahora que ya está todo degradado? no vamos a gastar esfuerzos en conservar una Huerta que no es huerta ni es nada?». Tras la pérdida de la inocencia histórica, en realidad todos somos responsables, cuanto menos subsidiarios, de lo que ha sucedido hasta ahora, y en el momento actual la responsabilidad es aún mayor al no poder alegar ignorancia de las consecuencias de tales actitudes esquilmadoras.

Sabiendo que no existen bálsamos de fierabrás que puedan darse desde esta privilegiada tribuna, parece recomendable que cualquier procedimiento de análisis parta de una serie de premisas conceptuales, no excluyentes de otras muchas que deberán aportarse en cada caso particular.

En primer lugar, la Huerta es un sistema histórico, un conjunto de componentes de carácter patrimonial, etnológico, arquitectónico, agrológico, hidráulico, sociológico... pero todo ello, sin el territorio, sin la razón constitutiva, el territorium de una ciudad fundada allá por el siglo II a.C., es difícil que subsista más de dos mil años después...

En segundo lugar, la necesaria implicación en estos proyectos de los colectivos humanos afectados y de equipos multidisciplinares que valoren la rentabilidad real de esas porciones de territorio. Sin embargo, es imprescindible evaluar esa rentabilidad a la luz de externalidades positivas poco evaluables económicamente como, por ejemplo, el valor de un cinturón verde, no precisamente de cespitosas; la conservación de un modo de vida ancestral; o el valor añadido que pueden tener unos productos de agricultura tradicional y/o ecológica con denominación de origen (DO) propia, revitalizando y consolidando los vínculos entre cultivadores y clientes de la agricultura urbana. Reintroduciendo, de esta forma, los cultivos autóctonos en el circuito comercial de los mercados locales a través de locales de restauración con encanto, especializados en una gastronomía de calidad... Propuestas que se inspiran en los planteamientos de Herbert Girardet (Creando ciudades sostenibles) a la luz de ejemplos repartidos por todo el mundo de iniciativas por conservar o resucitar la franja periurbana dedicada a la agricultura para consumo local (numerosas ciudades de Estados Unidos, China, Malí o, incluso, el ¡Bronx! de Nueva York).

Pero una política de estas características necesita de una voluntad y un decidido esfuerzo económico, y social, comparable al que hacen las sociedades postindustriales por preservar sectores económicos industriales en retroceso como consecuencia de la globalización y la competencia de países emergentes. Es evidente que la Generalitat Valenciana no ha evaluado adecuadamente estos valores añadidos en su terminal modelo de integración.

martes, 26 de enero de 2010

PROPUESTAS PARA LA BEGA DE CULLERA


Ricardo González Villaescusa

Levante-EMV, Territorio y Medio Ambiente, 6 de marzo de 2005

No me cansaré de repetir, como vengo haciendo desde hace años y en esta misma sección, que los paisajes deben ser valorados, utilizados para la ordenación del territorio y, en última instancia, cuando no puede hacerse otra cosa, antes de su definitiva desaparición, éstos deben ser inventariados y documentados como cualquier elemento del patrimonio que desaparece ante el inevitable avance del desarrollo, como quiera que se entienda éste.


Lo hice en 1998 y hace muy poco se me brindó de nuevo la posibilidad de seguir haciéndolo. También decía en una reciente mesa redonda, celebrada en Cullera en torno al proyecto de urbanización de la Bega, que los arqueólogos acabamos teniendo complejo de forenses al dictaminar la muerte clínica de espacios y yacimientos destinados a pasar a mejor vida y que, finalmente, tomamos unos cuantos datos para aliviar la conciencia del progreso y dejar constancia de la existencia de un testimonio más de las sociedades del pasado. Una verdadera gestión de lo patrimonial sería poder disponer de todos esos datos previamente (patrimoniales, paisajísticos, paleoambientales…) de manera que cuando un promotor privado o público se dispusiera a ordenar un territorio, pudiéramos plantear alternativas sostenibles y viables que consensuaran todos los intereses en juego con el conveniente debate científico y social.

Ya se ha expuesto con otros criterios en el marco adecuado que no pueden compartirse las razones que conducen a la urbanización de la desembocadura del Xúquer. Pero en esta ocasión, si el paciente acaba como todo parece indicar, parece oportuno recordar algunas de las señas de identidad que hacen que la Bega sea un paisaje singular merecedor, cuanto menos, de un tratamiento preventivo, como se defendió en Valencia para La Punta o Campanar, a pesar de su aciago final. Cualquiera que sea el futuro de los paisajes estamos obligados a que las plusvalías producidas por su urbanización generen, cuanto menos, conocimiento sobre los paisajes que destruye.
La Bega es un paisaje histórico, lo que no significa que sea un paisaje fijado en el tiempo, que no sea actual. Cuando se defiende la historicidad de un paisaje, se hace hincapié en dotarlo de un origen, evolución y estado actual que no es fruto sino de un devenir histórico. La historicidad (la Geschichtlichkeit en alemán) no tiene nada que ver con la nostalgia, sino el modo de ser de una realidad histórica cualquiera. En un artículo sobre La Punta en 1998 explicaba que había que dotar ese espacio de una partida de nacimiento, de los autores que lo crearon a nivel superestructural (la ciudad y la iglesia de Valencia) como de los nombres de los trabajadores que lo construyeron durante tres años y las personas que ocuparon un antiguo espacio deltaico convertido en tierras aptas para su cultivo; igualmente, se ponía en evidencia su valor económico, que lo situaba a la altura de monumentos urbanos como las torres de Serranos.

Paisaje histórico singular
Miquel Rosselló proponía (L’Expressió n.º 29, 2000, de Cullera) que la Bega era un paisaje histórico singular, cuya más remota mención la encontramos en el Repartiment, en el año 1249, cuando Martí Grau se asentaba en una donación que le había sido concedida en suerte: «[…] unes cases en el raval de Cullera, i un hort de tres fanecades [0,2 ha] a Bega, situat davant el raval […]». Noticia que permite intuir una cronología inicial islámica para esa unidad paisajística.
Desde la morfología de los campos se puede interpretar un sistema agrario típico de una zona deltaica: un sistema mixto de riego y drenaje donde los campos se encuentran a cota superior que las acequias que sirven de drenaje de las aguas excedentarias. De hecho, los accesos a las parcelas necesitan de pequeños puentes que permiten salvar la Acèquia dels Àngels, colector central de desagüe que se dirige al Xúquer.

Un análisis más detallado de la morfología parcelaria contribuiría no sólo a definir su funcionamiento, sino a precisar la estructura de ese sistema, formular hipótesis sobre la autoría y cronología del mismo por medio del análisis de la métrica agraria utilizada y el diseño de las parcelas. Las prospecciones permitirían documentar el sistema agrario en vías de desaparición para conocimiento de las generaciones futuras, así como aportar criterios de verificación de las hipótesis sobre su origen y desarrollo histórico.

Su documentación e interpretación aportarían suficientes elementos de reconstrucción virtual para que, una vez que haya desaparecido el paisaje y solamente sea memoria patrimonial, puedan formar parte de un centro de interpretación de la antigua Bega de Cullera.

domingo, 24 de enero de 2010

DESARROLLO RURAL Y PATRIMONIO PAISAJÍSTICO

Ricardo González Villaescusa
Josep Vicent Lerma

Levante-EMV, 15 de mayo de 2005

“Como poeta de la conciencia histórica, supongo que me corresponde considerar el paisaje como un campo que la voluntad del hombre ha domeñado y torturado hasta convertirlo en granjas y caseríos, que ha arado hasta dar nacimiento a una ciudad.”
Lawrence Durrell, El Cuarteto de Alejandría, Justine (1957)

La evolución que el neoliberalismo imprimió a la economía de finales de los 80 y principios de los 90, también influyó en la noción del patrimonio y de la rentabilidad económica de los valores culturales. Las deslocalizaciones industriales y la propia crisis de una oferta turística de “sol y playa”, así como la aparición del concepto, tan deseable como cajón de sastre, desarrollo sostenible, han hecho volver la mirada a un retropaís en crisis del territorio valenciano y a los nuevos yacimientos de empleo basados en el turismo cultural.

A esta circunstancia se une una demanda creciente de ocio y una considerable ampliación de la educación y formación de las masas que componen las clases medias y clases trabajadoras de la sociedad del bienestar. T. Silberberg demostró que la demanda turística norteamericana pasó de un turismo escapista propio de la década de los 80, caracterizado por los gastos suntuarios; a un turismo de los 90 que apuesta por un consumo de experiencias históricas, culturales e incluso espirituales. El patrimonio y los paisajes pueden dar respuesta a las nuevas demandas, cuando se sitúan como eje central de los planes de desarrollo territorial, ahora que se alzan voces, como la de Jesús Regidor, que claman por dar prioridad al desarrollo económico del medio rural frente a una política agraria común (PAC) que no impide la desaparición de la actividad agraria.

Los paisajes son una excelente síntesis entre el patrimonio cultural y el natural y encajan perfectamente en esa idea tan ambiciosa del desarrollo sostenible. Las colectividades y administraciones locales tienen derecho al conocimiento y revalorización de sus paisajes sin romper el equilibrio histórico y cultural alcanzado por su devenir histórico. Sin embargo, ni el patrimonio ni el paisaje existen hasta que no es objeto de una mirada patrimonial o paisajística, en un proceso de inventariado, valorización y protección tal y como aconseja la Convención de Florencia (2000).

A pesar de ello la prudencia es absolutamente necesaria pues no nos podemos permitir, una vez agotada la costa por una imprevisora política de urbanización masiva del suelo costero, trasladar la barbarie consumista al interior pues, detrás de las nuevas demandas del turismo cultural también se encuentra la necesidad de llenar hoteles y restaurantes. Surgen inmediatamente preguntas como cuánto turismo puede soportar un determinado territorio antes de que la oferta y el propio territorio empiecen a degradarse, o cuál es el equilibrio entre un turismo minoritario y elitista, por definición, y el rentable turismo de masas.

Para prever estas y otras circunstancias es necesario seguir unas reglas fundamentales planteadas por Xavier Greffe, profesor de La Sorbona, para que el desarrollo del turismo cultural revirtiera al territorio donde se encuentra situado. En primer lugar, ante los potenciales conflictos entre los actores sociales y económicos (promotores, técnicos del patrimonio, residentes, actores económicos, políticos…), es necesario un diálogo social precedido de un debate social y científico y un consenso mínimo en cualquier plan de desarrollo que cuente con el patrimonio como factor estratégico.

En segundo lugar, se trata de encontrar nuevos usos para el patrimonio recuperado y puesto en valor. El patrimonio desaparece y se degrada por desuso, por la desaparición de la causa primigenia que lo vio nacer, por tanto, su conservación y financiación están condicionadas a encontrar nuevas funciones que permitan su supervivencia. En este sentido, pueden reseñarse a modo de ejemplos el proyecto de musealización de la antigua ciudad romana de Lesera en El Forcall o la modélica recuperación a iniciativa municipal del paraje de “Les Salines” de Manuel.

En tercer lugar, ampliar la noción de empleo patrimonial. Los puestos de trabajo derivados del turismo cultural no son exclusivamente los derivados de los puestos directos relacionados con museos o guías turísticos. Hay un buen número de empleos indirectos como es la restauración o la venta de artesanía que comparten una clientela común cuando el foco de atracción es lo patrimonial.

En cuarto y último lugar, debe ampliarse el cálculo económico de los beneficios obtenidos de un plan de desarrollo basado en el patrimonio. No sólo cuantificando los empleos directos o indirectos, o los ingresos netos, sino que también deben valorarse los intangibles beneficios en mejora de la calidad de vida, en la contribución al mantenimiento demográfico de una zona con crecimiento negativo o el desarrollo local finalmente obtenido.