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domingo, 28 de noviembre de 2010

ELOGIO DE LA BLASFEMIA

Josep Vicent Lerma
Levante-EMV, 28 de noviembre de 2010

Las anteriores entregas «Sepulcros de Cristal» (Levante-EMV, 16-06-2009) y «Reis, tombes i savis» (Levante-EMV, 28-09-2010), en las que se reflexionaba respectivamente sobre la exhibición patrimonial de restos humanos en museos y la pertinencia o no de las exhumaciones en curso de reyes y otros personajes históricos célebres, han conducido casi indefectiblemente a centrar la presente meditación intelectiva en torno al rol reservado en la sociedad contemporánea a la blasfemia ordinaria.

En este orden de cosas y desde la propia etimología griega de la palabra cual injuria de la reputación celestial, la blasfemia, entendida como ofensa a un dios o irreverencia hacia lo venerado por una religión cualquiera, aunque está lógicamente prohibida por ley en algunos países gobernados por teocracias, en democracias aconfesionales como la nuestra o la de la laica por excelencia república francesa, parece ser objeto de un encaje social y legal más paradójico o anacrónico.

Así, sin olvidar los exabruptos escatológicos tan castizos en los ámbitos lingüísticos propios de los antiguos dominios del latín, de los que es un buen ejemplo la airada reacción del párroco de Almussafes ante la puesta en escena de una obra teatral del grupo La Fera Ferotge: «Lo más grave de la representación es que se cagaron en Dios, en la Cruz, con San Pedro y el carpintero que la hizo» (sic) (Levante-EMV, 15-07-1999).

Más barruntos en cuanto a la calibración con arreglo al dogma del sucedido, blasfemia sacrílega o mero alivio abdominal apremiado por la falta de aseos para operarios, todavía pueden recordarse en torno a la inmunda peripecia de la rumoreada aparición cerca del altar catedralicio de una sospechosa defecación, al albur de las prisas de última hora para inaugurar la exposición La Llum de les Imatges en febrero de 1999 (Levante-EMV, 23-02-1999). Episodio digno de la ménsula grotesca de una de las ventanas góticas del Consulado del Mar que representa la fábula de Esopo en la cual un sabio en cuclillas vacía el vientre o la gárgola «fake» de la reconstruida en estilo torre de la Lonja (1902) en forma de niño evacuando, sostenido por una figura de mujer.

Mención aparte merece el nada edificante reciente intercambio de sopapos entre un sacerdote de Ròtova y uno de los festeros de la Divina Aurora, por arrojar inopidamente alguno de éstos al suelo una de las obleas consagradas, lo que según el canon 1367 supone literalmente la pena de excomunión «latae sententiae» automática. Si bien por fortuna, las profanaciones eucarísticas de hoy distan mucho en cuanto a la severidad de su sanción punitiva de las acontecidas en las tierras europeas de Brandenburgo en 1510, donde fueron ajusticiados en la hoguera 38 judíos, cubiertos con los infamantes capirotes o corozas, en el consiguiente auto de fe de Knoblauch en una Alemania todavía católica entonces.

Sorprende, en cambio, la subsistencia de restricciones expresas pintadas en los muros de algunos de los tradicionales trinquetes valencianos donde se desarrollan importantes apuestas pecuniarias, en ocasiones cosechas enteras, alrededor del juego de pelota: «Prohibit blasfemar».

Pero la realidad es que no fue hasta 1988 cuando la blasfemia quedó en teoría despenalizada mediante la Ley Orgánica 5/1988, por más que el artículo 525 del Código Penal español sigue reprobando como delito a quienes «hagan públicamente, de palabra, por escrito o mediante cualquier tipo de documento, escarnio de dogmas, creencias, ritos o ceremonias, o vejen, también públicamente, a quienes los profesan o practican» y el cantautor Javier Krahe se encuentre en el banquillo a la espera de sentencia por la difusión televisiva del vídeo «Cómo cocinar un Cristo».

Embrollo socio-cultural en el que cabe alinearse para terminar con la invectiva de Francesc Eiximenis cuando predicaba satíricamente como «los blasfemos blasfeman por el culo de Dios» y las tesis liberadoras de Albert Hauf recogidas en el simposio L´Home que Riu de hace una década, en el sentido de que a lo largo de la Historia, la blasfemia ha venido desempeñando una relativa función transgresora o emancipadora, a modo de válvula de escape social, para burlarse del poder en los momentos de mayor represión clerical, en un paralelismo plausible con el propósito pragmático de las antiguas defixiones maledicentes romanas del estilo «Quintula cum Fortunali sit semel et numquam» , inscrita sobre una lámina de plomo o talismán «in planta pedis».

martes, 23 de noviembre de 2010

SIN CIENTÍFICOS NI INTELECTUALES

LEVANTE-EMV, Editorial
21 de noviembre de 2010

La inhibición del pensamiento científico y humanístico valenciano de la dialéctica social constituye uno de los mayores lastres de la actual sociedad valenciana e imposibilita la configuración de un espacio común de deliberación colectiva, uno de los ejes nucleares de la esfera democrática. Es un déficit que resulta más evidente en la actualidad puesto que, por contraste, glosa la abundancia participativa de un pasado reciente. El vacío lacerante de expertos e intelectuales en las tribunas públicas, cuyo criterio de autoridad ha de diseccionar propuestas, analizar problemas o espolear conciencias, supone hoy una clamorosa carencia que instruye sobre la temperatura involutiva en el índice del progreso social. Tal vez los especialistas no deseen involucrarse, como antaño, en el compromiso cívico, ni asumir riesgos supuestamente inicuos.

Quizás piensen que su altura intelectual ha de disponerse sobre ámbitos necesitados de una pedagogía previa para captar sus juicios. Puede incluso que añadan a sus reticencias esbozos nihilistas o escépticos para apartarse: sus opiniones, pensarán, no han de alterar el curso de los acontecimientos y mucho menos han de mudar la conciencia ciudadana. Tal vez. Pero su «huida» del espacio público fabrica una sociedad más estéril y dimitida. Y existe abundante materia para su participación: la enorme deuda valenciana y su legado coercitivo, el débil mapa de la financiación y la fragilidad del Consell, la adecuación de la enseñanza a los parámetros europeos y sus miserias materiales, los tótems identitarios falsarios pero aun así consagrados desde ópticas valencianistas, la corrupción que desmembra a la clase política. Sólo las sociedades adormecidas o quebradizas no extrañan la ausencia de intelectuales y científicos en el debate público. La valenciana ha encendido la luz roja.

miércoles, 10 de noviembre de 2010

EJÉRCITOS, GUERRAS Y ARQUEOLOGÍA


Archaeology, Cultural Property, and the Military (Laurie Rush Ed.), Boydell Press, 2010.

Laurie Rush es una empleada civil del Departamento de Defensa que fue la responsable de la importante campaña de sensibilización sobre el patrimonio de las zonas en conflicto de Irak y Afganistán, destinada a los soldados y líderes políticos. Entre otras medidas  (como la creación del una especie de parque temático de carácter patrimonial para entrenar a los soldados, Fort Drum, o la distribución entre la planimetría bélica de las cartas arqueológicas de la zona) destaca la edición, impresa en 40.000 ejemplares, de una baraja de póker con imágenes de los monumentos y yacimientos de las zonas con eslóganes como "Sortea las ruinas, no las atravieses" del 5 de tréboles, "El patrimonio irakí forma parte de tu patrimonio", "No hagas graffittis", o "Comprar antigüedades financia la insurrección". Campaña que le ha valido una beca de la American Academy in Roma de 2010-2011 para un programa que intentará aumentar la sensibilización en los países en desarrollo mediante la educación y el apoyo de organizaciones asociadas, como el Defense College de la OTAN.
Sin querer quitarle ninguna importancia a estas medidas ni a los eventuales logros alcanzados, y, sin menoscabo de la importante destrucción y pillajes llevados a cabo con ocasión de la segunda Guerra del Golfo, no deja de sorprender cómo el homo homini lupus sabe hacer paréntesis para no destruir la huella material de ese mismo ser humano mientras acaba con él mismo.


De la introducción del libro
De Lawrence de Arabia a la Monuments Men Foundation for the Preservation of Art los académicos participantes en este volumen, se han visto involucrados en las zonas de conflicto, en asuntos que conllevan  enfrentamientos, y en inverosímiles asociaciones con los militares profesionales. Los motivos y los métodos han variado drásticamente en los últimos años, pero el tema principal de este volumen es la gestión. En cada caso, los autores han encontrado una situación en la que su experiencia les ha permitido contribuir a salvar bienes arqueológicos, edificios históricos y lugares sagrados - o ha permitdo documentarse el bien. Sobre la base de importantes contribuciones de siete fuerzas armadas, entre otros, este libro tiene por objeto postular la obligación de proteger el patrimonio cultural en virtud de las convenciones internacionales, proporcionar una serie de estudios casuísticos de la práctica militar actual, y describir los esfuerzos actuales para mejorar la gestión del patrimonio de las zonas en conflicto. En general, ofrece ejemplos, anécdotas y las lecciones aprendidas de la experiencia que pueden ser utilizadas para su integración en la planificación de la administración arqueológica mundial.

Sumario
  • 1  Archaeology and the Military: an Introduction
  • 2  The Obligations Contained in International Treaties of Armed Forces to Protect Cultural Heritage in Times of Armed Conflict
  • 3  Rescuing Europe's Cultural Heritage: The Role of the Allied Monuments Officers in World War II
  • 4  The UK's Training and Awareness Programme
  • 5  US Army Civil Affairs: Protecting Cultural Property, Past and Future
  • 6  Cultural Property Protection in the Event of Armed Conflict: Deploying Military Experts or Can White Men Sing the Blues?
  • 7  Good Training and Good Practice: Protection of the Cultural Heritage on the UK Defence Training Estate
  • 8  In-Theatre Soldier Training through Cultural Heritage Playing Cards: a US Department of Defense Example
  • 9  Dealing the Heritage Hand: Establishing a United States Department of Defense Cultural Property Protection Program for Global Operations
  • 10  Teaching Cultural Property Protection in the Middle East: the Central Command Historical Cultural Advisory Group and International Efforts
  • 11  Cultural Resources Data for Heritage Protection in Contingency Operations
  • 12  Time not on my side: Cultural Resource Management in Kirkuk, Iraq
  • 13  US Military Support of Cultural Heritage Awareness and Preservation in Post-Conflict Iraq
  • 14  Operation Heritage
  • 15  Cultural Property Protection in the Event of Armed Conflict - Austrian Experiences
  • 16  Role of the Swiss Armed Forces in the Protection of Cultural Property
  • 17  Preserving Global Heritage from Space in Times of War
  • 18  Appendices: 1954 Hague Convention and its two Protocols

domingo, 17 de octubre de 2010

LA GUERRA DE LAS RUINAS

Traducción de la Reseña Les ruines, enjeu géopolitique  de Pierre Verluise
aparecida en GlobalBrieg. World Affair in the 21sts Century

Del libro de Jean-Pierre Payot, La guerre des ruines. Archéologie et géopolitique, Choiseul Éditions: París,
2010, 192 págs.

Llega a las librerías una novedad original. Se trata del innovador libro firmado por Jean-Pierre Payot, La guerre des ruines. Archéologie et géopolitique, publicado en París por las ediciones Choiseul. Apasionado de la arqueología, el autor es un profesor agregado de Geografía e Historia que ha sabido descubrir un nuevo terreno para el análisis geopolítico: las ruinas.

Su argumentación se basa en una sólida cultura. Demuestra con numerosos ejemplos que desde el último rey del Imperio Neobabilonio, Nabonido, han sido numerosos los soberanos que han utilizado los vestigios arqueológicos con fines políticos. Lugares de memoria, construcciones de identidades, eliminación de las de los otros, falseamientos… en geopolítica el recurso a la ruina es múltiple. El autor sabe hacer atractivo el tema gracias a un estilo bien cuidado.

La instrumentalización de la arqueología con fines geopolíticos

El autor se expresaba así en una entrevista: “Se pueden poner miles de ejemplos que apoyan la instrumentalización de la arqueología con fines geopolíticos. En el origen, una entidad de naturaleza política, religiosa o cultural se opone a otra respecto a todo o una parte de un territorio. En cualquiera de los casos la arqueología hace irrupción en el momento de toma de posición de ambas partes en el conflicto. Cualquiera que sea el contexto la arqueología sistemáticamente fundará una especie de “derecho histórico”. La invocación de la ciencia arqueológica o de los vestigios resultantes de las excavaciones, en el marco de una especie de “tribunal geopolítico”, permite a unos y a otros proporcionarse argumentos históricos -“dignos de fe” en consecuencia- para legitimar tal o cual pretensión sobre un territorio. En tales casos hipotéticos, la arqueología es instrumentalizada para certificar una prioridad, una superioridad y, en definitiva, un derecho territorial basado en una pseudo-sujeción en el tiempo. Este derecho puede, por otra parte, tener un contenido político, y también cultural y religioso. En efecto, muchos artefactos, muchos monumentos arqueológicos se revisten de una dimensión religiosa. Por otra parte, a menudo, esta dimensión remite a religiones aún “vivas” hoy día. La tentación es irresistible de hacer valer los objetos arqueológicos como prueba incuestionable de un derecho a dominar sin fisuras el territorio para aquellos que se confiesan creyentes de estas religiones.”

La arqueología de lo divino

Entre los pasajes que deben leerse sin demora, se tendrá en cuenta Le rapt colonial et ses suites (p. 50); La Chine et l’Occident (p. 66) y L’archéologie du divin (p. 91). Este capítulo aborda la cuestión de la arqueología bíblica y los intereses geopolíticos en juego. O cómo  algunos israelíes utilizan la arqueología para probar la anterioridad de la presencia judía en Palestina. En este caso, la cuestión de la anterioridad enmascara la del control del territorio y la legitimidad para dominarlo. Permitiendo apreciar con  otras perspectiva las excavaciones arqueológicas emprendidas en 2007 al pie de la mezquita de Al-Aqsa por equipos israelíes.

Evidenciando la multiplicidad de las manipulaciones arqueológicas con fines geopolíticos, Jean-Pierre Payot hace una obra útil porque da al mismo tiempo profundidad y claridad al tema. Todos los que se enfrentan a esta temática regularmente bajo los ecos de actualidad encontrarán aquí elementos sólidos para apoyar su reflexión. Aportará luz al debate público.

INVESTIGAR SIN LAGUNAS

El País, Editorial del 17 de octubre de 2010

Una de las consecuencias más indeseables de la crisis y de los ajustes presupuestarios sería la pérdida de algunas de las promociones de científicos e ingenieros más preparadas de toda la historia de nuestro país. Carecer de perspectivas laborales razonables después de muchos años de formación, en ocasiones en algunos de los mejores centros nacionales o internacionales, puede suponer la pérdida del impulso necesario para perseverar en una carrera investigadora que no ven posible. Los efectos del abandono son irreversibles; no puede haber lagunas en una actividad tan exigente cuando se está compitiendo con sistemas más desarrollados que el nuestro y con mejores defensas en tiempos de crisis.

También puede ocurrir que no abandonen su carrera y se decidan a emigrar e integrarse en esos sistemas, con lo que el país hace un negocio ruinoso. Invierte en una formación larga y costosa que, por falta de oportunidades cuando se ha completado, va a engrosar la capacidad investigadora e innovadora de otros países que, normalmente, los reciben ya formados con los brazos abiertos. La construcción de un nuevo marco económico basado en el conocimiento requiere continuidad en lo que a recursos humanos se refiere. Los procesos de formación de personal especializado y de construcción de grupos de excelencia necesitan largos periodos de maduración en los que se produzca la incorporación y el relevo de los recursos humanos de forma ininterrumpida. Con el agravante de que suelen ser los mejores quienes encuentran más facilidad para instalarse en otros países; y lo hacen si no hay una oferta de oportunidades que compense la todavía clara inferioridad de medios en nuestros centros. Luego, cuando la situación mejore, puede haber programas de reincorporación pero la experiencia muestra lo difícil que es atraer a quienes ya han encontrado acomodo fuera y un buen encaje en un sistema del que han estado ausentes durante mucho tiempo.

La recesión impone duras condiciones, pero si hay un sector en el que no se puede debilitar el esfuerzo acumulado en los últimos años es en el de la creación de un fuerte sector de I+D+i y, en concreto, en la incorporación de los mejores entre los que han pasado por un proceso de formación que les permite competir con éxito con sus colegas de otros países. Nos jugamos mucho, no solo en los años de ajuste, porque las consecuencias de las decisiones en este terreno se prolongarán en el tiempo.

martes, 28 de septiembre de 2010

REIS, TOMBES I SAVIS

Ricardo González Villaescusa
Josep Vicent Lerma

Levante-EMV, 28 de septiembre de 2010

Parafrasejant el títol del llegendari best seller de l'arqueologia de divulgació de l'alemany C. W. Ceram «Götter, Gräber und Gelehrte» (1949), no hem pogut resistir la temptació de glossar projectes d'actualitat com ara l'obertura de la intacta, des de 1285, tomba reial del valencià de naiximent Pere III el Gran en el monestir cistercenc de Santes Creus, al caliu del 850 aniversari de la seua fundació.

En una espectacular intervenció d'estètica futurista (i cost econòmic a l'alçària de l'envit) amb savis proveïts de monos integrals de color blanc i màscares protectores, que introduïxen una tàcita asèpsia metodològica amb la pretensió implícita de prendre distància dels tints romàntics i colonials del buidatge de Howard Carter de la sepultura del faraó Tutankhamon en 1922. ¿O per què no?. De la cristiana profanació del sarcòfag amb el «gloriós» esquelet de Simón Bolívar en el Panteó Nacional veneçolà, adobada amb les premeditades reflexions religioses, del president Hugo Chávez sobre la resurrecció dels morts «Dios mío, Dios mío... Cristo mío, Cristo Nuestro, mientras oraba en silencio viendo aquellos huesos, pensé en tí. Y cómo hubiese querido, cuánto quise que llegaras y ordenaras como a Lázaro: Levántate Simón, que no es tiempo de morir. De inmediato recordé que Bolívar Vive»… (Vide La reinvención del libertador, artícle de Maite Rico en  El País)
Aquesta intervenció en el cenobi tarragoní podria evocar, no sense cert risc domèstic, a un imaginari «Pere alça't i camina», singularment al poc de festejar el 650 aniversari de la creació de la llavor de la Generalitat que ha permés dir a Carod Rovira «no són gaires els governs al món que puguin lluir tants anys d'història».
Res en realitat si ho comparem amb la casa imperial nipona del sol ixent, vigent si més no des de l'11 de febrer de 660 a.C.

Per consegüent, tal i com un de nosaltres ressenyava en estes mateixes planes «Sepulcros de Cristal» (Levante-EMV, 16-06-09), a tenor del Codi d'Ètica de l'ICOM de 1986 en el seu capítol III punt 6 s'estima suficient cautela que les investigacions sobre restes antropològiques, hagen de realitzar-se d'una manera acceptable per a tots aquells que professen una creença religiosa, emperò tal com cabria aventurar, des de l'àmbit competencial propi del Dret Canònic. Pel que fa a la violació de sepultures eclesiàstiques els seus preceptes resulten molt més coercitius, a l'establir, perpetuant la tradició jueva, que són llocs sagrats i beneïts (ca. 1205, § 1), subjectes a idèntiques normes que les que regeixen per als mateixos temples (ca. 1207) .

Així doncs, a manera de botó de mostra vernacle d'esta aparent trivial qüestió, serveixca la carta dirigida, al propi papa Benet XVI, d'una plataforma ciutadana, sol·licitant la mediació del pontífex per a evitar «la profanación de un Campo Santo» (sic), en el cas del cementeri desamortitzat, encara que no desacralitzat, de les arruïnades restes del Reial Monestir de la Puritat de les Religioses de Santa Clara, baix l'amenaça de la construcció d'un pàrquing subterrani (Levante-EMV, 29-11-06) i de la qual es desconeixen encara a hores d'ara el designis vaticans.

De la mateixa manera que també ha caigut en el somni dels justs el principi d'acord pregonat, fa més de lustre i mig, aconseguit per Alfonso Rus amb la Santa Seu per a traslladar des de Roma a Xàtiva les despulles mortals dels papes xativins Calixt III i Alexandre VI (Levante-EMV, 23-01-03).
Escrúpols morals que, en canvi, no ens consta que hagen merescut els espatllats ossos dels governants musulmans dels segles XI-XIII soterrats en la rawda o panteó aristocràtic de l'Alcàsser de Balansiya. Exemples que haurien enriquit una impossible reedició de l'assaig Mort et Pouvoir (Paris, 1998) del desaparegut antropòleg francés L.-V. Thomas.

Finalment, desde paràmetres consubstancials al pensament laic, els estudis antropològics a què ens referim ací, només resultarien deontològicament lícits en els seus mitjans, sempre que compliren l'aforisme "Mortui viventes docent" o el que és el mateix, en tant que este tipus d'investigacions forenses contribuïsca a la construcció del sempre incomplet relat de la peripècia vital de l'home, en el seu tortuós esdevindre per les intricades revoltes d'una Història gens providencialista.

Fins llavors, per a commemorar esdeveniments planetaris com ara la Declaració dels Drets de l'Home (1789), paral·lela a les profanacions de les tombes reials franceses de Saint-Denis (1793), o la Declaració Universal dels drets humans (1948) no sembla caldre imprescindible exhumar a ningú més que a les sempre oblidades víctimes anònimes d'eixe mateix periple humà.

Imatge provinent de Patrimoni de la Generalitat Catalana

Versión castellana
Parafraseando el título del legendario best seller de la arqueología de divulgación del alemán C. W. Ceram “Götter, Gräber und Gelehrte” (1949), no hemos podido resistir la tentación de glosar proyectos de actualidad como la apertura de la intacta, desde 1285, tumba real del valenciano Pedro III el Grande en el monasterio cisterciense de Santes Creus, al albur del 850 aniversario de su fundación.

En una espectacular intervención de estética futurista (y coste económico a la altura del envite) con sabios provistos de monos integrales de color blanco y mascarillas protectoras, que introducen una tácita asepsia metodológica con la pretensión implícita de tomar distancia de los tintes románticos y coloniales del desvalijamiento de Howard Carter de la cámara sepulcral sellada del faraón Tutankamon en 1922. O ¿por qué no? de la, cristiana profanación del sarcófago con el “glorioso” esqueleto de Simón Bolivar en el Panteón Nacional venezolano, aderezada por las premeditadas reflexiones religiosas, del presidente Hugo Chávez sobre la resurrección de los muertos "Dios mío, Dios mío... Cristo mío, Cristo Nuestro, mientras oraba en silencio viendo aquellos huesos, pensé en tí. Y cómo hubiese querido, cuánto quise que llegaras y ordenaras como a Lázaro: Levántate Simón, que no es tiempo de morir. De inmediato recordé que Bolívar Vive"…

La intervención en el cenobio tarraconense, podría evocar, no sin cierto riesgo doméstico, a un imaginario “Pedro ¡levántate y anda!”, singularmente al poco de celebrar el 650 aniversario de la creación del germen de la Generalitat que ha permitido decir a Carod Rovira “no són gaires els governs al món que puguin "lluir" tants anys d'història”. Nada en realidad comparado con la casa imperial nipona, vigente desde el 11 de febrero de 660 a. C.

Por consiguiente, tal como uno de nosotros reseñaba en estas mismas páginas en el artículo de opinión “Sepulcros de Cristal” (Levante-EMV, 16-06-09), a tenor del Código de Ética del ICOM de 1986 en su capítulo III punto 6 se estima suficiente cautela que las investigaciones sobre restos antropológicos, deban realizarse de una manera aceptable para todos aquellos que profesan una creencia religiosa, empero tal como cabría aventurar, desde el ámbito competencial propio del Derecho Canónico, en lo que atañe a la violación de sepulturas eclesiásticas, sus preceptos resultan mucho más coercitivos, al establecer, perpetuando la tradición judía, que son lugares sagrados y bendecidos (can. 1205, § 1), sujetos a idénticas normas que las que rigen para los mismos templos (can. 1207).

Así, a modo de botón de muestra vernáculo de esta aparente trivial cuestión, sirva la carta dirigida, nada menos que al Papa Benedicto XVI, de una plataforma ciudadana, solicitando la mediación del pontífice para evitar “la profanación de un Campo Santo” (sic), en el caso del cementerio desamortizado, aunque no desacralizado, de los arruinados restos del Real Monasterio de la Puridad de las Religiosas de Santa Clara, ante la amenaza de la construcción de un parking subterráneo (Levante-EMV, 29-11-06) y cuyos vaticanos designios se desconocen todavía a día de hoy. Del mismo modo que también ha caído en el sueño de los justos el principio de acuerdo pregonado, hace más de lustro y medio, alcanzado por Alfonso Rus con la Santa Sede para trasladar desde Roma a Xàtiva los despojos mortales de los papas setabenses Calixto III y Alejandro VI (Levante-EMV, 23-01-03).

Escrúpulos morales que, en cambio, no nos consta que hayan merecido los quebrantados huesos de los gobernantes musulmanes de los siglos XI-XIII enterrados en la rawda o panteón aristocrático del alcázar de Balansiya. Ejemplos que habrían enriquecido una imposible reedición del ensayo Mort et Pouvoir (Paris, 1998) del desaparecido antropólogo francés L.-V. Thomas.

Finalmente, desde parámetros consustanciales al pensamiento laico, los estudios antropológicos a los que nos venimos refiriendo aquí, solamente resultarían deontológicamente lícitos en sus medios, siempre y cuando diesen cumplimiento al aforismo “Mortui viventes docent” o lo que es lo mismo, en tanto en cuanto este tipo de investigaciones forenses contribuya a la construcción del siempre incompleto relato de la peripecia vital del hombre, en su tortuoso devenir por los intrincados vericuetos de una Historia nada providencialista.

Hasta entonces, para celebrar eventos planetarios tales como la Declaración de los Derechos del Hombre (1789), paralela a las profanaciones de las tumbas reales francesas de Saint-Denis (1793), o la Declaración Universal de los derechos humanos (1948) no parece imprescindible exhumar a nadie más que a las siempre olvidadas víctimas anónimas de esa misma andadura humana.

sábado, 28 de agosto de 2010

LA FÁBRICA DE LA ARQUEOLOGÍA FRANQUISTA (1939-1956)

Ricardo González Villaescusa
Versión castellana del texto aparecido en Nonfiction.fr

Francisco Gracia Alonso,  La arqueología durante el primer franquismo (1939-1956), Bellaterra, Barcelona, 2009, 551 páginas.

En una ingente obra de medio millar de páginas y pequeños caracteres el autor hace un profundo ejercicio de reflexión sobre las condiciones y circunstancias históricas del marco institucional y legal de la arqueología oficial de los primeros 17 años de la dictadura de Franco. La investigación se inscribe en la corriente de reflexión y de acción civil sobre la llamada “recuperación de la memoria histórica” protagonizada por los “nietos” de la guerra civil (1936-1939) y por las corrientes historiográficas europeas que reflexionan sobre la praxis arqueológica en la Alemania nazi y en los territorios ocupados en el periodo de la segunda guerra mundial (1).

Antes de la Guerra: una arqueología influida por la escuela alemana

La tesis principal que consigue demostrar el autor es que los fundamentos teóricos y la práctica científica de la arqueología ejercida en la España posterior a la contienda serán las mismas que la practicada antes de 1936. Una arqueología deudora de la escuela alemana desde principios del siglo XX, y personificada en una burguesía formada principalmente en aquél país, al igual que la inmensa mayoría de los intelectuales de la denominada “generación del 14”(2); circunstancia que se revelaría en contradicción en el posicionamiento a favor de los aliados de este grupo(3). A pesar de las profundas diferencias ideológicas, a pesar de la contienda que fracturó al país, a las familias, a las personas y a los personajes centrales de este libro (que bien podría constituir el material documental de una novela o un film histórico), tras el paréntesis objeto de estudio del libro (1939-1956), la continuidad académica con el periodo anterior a la guerra será la norma.

El paréntesis falangista (1939-1956)

¿En qué consistió, pues, este paréntesis? En la práctica muy personal y autoritaria de un arqueólogo falangista y de filiación nazi, Julio Martínez Santa Olalla, hijo de un general amigo del caudillo, que aprovechará los años de la postguerra española y de reconstrucción del país en todos los órdenes, durante la coyuntura bélica en que tiene lugar la guerra mundial y la inmediata postguerra, para reconstruir el marco institucional y legal, la red de inspectores, así como la reanudación de las excavaciones arqueológicas.
J. Martínez Santa Olalla con Himler

Para cumplir su objetivo de instaurar una arqueología de corte falangista al servicio del régimen, Julio Martínez Santa Olalla se basó fundamentalmente en tres pilares: en primer lugar su comunión ideológica con el régimen nazi que le condujo a un trato personal con Himmler, jefe de las SS y de la Studiengesellschaft für Geistesurgeschichte‚ Deutsches Ahnenerbe e.V.(4), más conocida como la Das Ahnenerbe; en segundo, su posición personal de relación directa con el régimen y con Franco; y, finalmente, la posición oficial española frente al conflicto mundial, colaboracionista con las potencias del Eje en un primer momento y más “neutral” conforme el final de la guerra se inclinaba del lado de los aliados.


Pero contó con tres grandes enemigos que darían al traste con sus pretensiones: en primer lugar él mismo, con su carácter autoritario y resentido con la academia consiguió ponerse en contra a la inmensa mayoría de los arqueólogos del mundo académico; en segundo lugar, la coyuntura internacional tras Yalta y la guerra fría que hicieron que las potencias occidentales dirigieran su mirada a un país no aceptado inicialmente en el seno de las Naciones Unidas por su régimen fascista pro Eje, como un país que contenía la expansión comunista en el mundo; y, en tercer y último lugar, el colectivo de la academia que, formado fundamentalmente en la misma tradición liberal de la ciencia alemana que el propio Santa Olalla, no veía con buenos ojos la visión maximalista e intervencionista de un estado burocrático como pretendía Santa Olalla, a imitación de “herencia ancestral”.

Algunas reservas formales

La obra es indispensable para la comprensión del origen de la arqueología practicada en la España franquista posterior al aislamiento de la inmediata postguerra o, incluso, para la más reciente. Apreciamos en una obra de estas dimensiones un defecto formal que no es menor. El autor consigue darnos de forma absolutamente convincente el contexto ideológico y personal de los protagonistas, las luchas de poder, las razones de las decisiones entre bastidores de los diferentes responsables de la arqueología franquista, gracias a la ingente documentación consultada (legados, correspondencia, archivos públicos y personales…) amplia y correctamente referenciada en el capítulo “Fuentes Documentales”. Echamos de menos, sin embargo, una mayor referencia en el texto a todos estos documentos que podría haber hecho más pesada la lectura del mismo (quizá sea la razón que llevó al autor a optar por el formato editado definitivamente, aunque podría haberse solucionado con un sistema de citas a final de cada capítulo) pero que evitaría la sensación de leer un “relato” sin la argumentación y aparato crítico al que estamos acostumbrados. Es más, desprovistos de éste, y con la única ayuda del listado final “Fuentes Documentales” agrupadas por capítulos, es imposible atribuir a una u otra documentación muchas de las afirmaciones, escritos, cartas o documentos integradas en el cuerpo del texto. Haciendo dificultoso, pues, volver a consultar los originales en el caso de una continuidad de esta investigación, lo cual, no solo es deseable sino necesario. En el mismo orden de observaciones, algunos de los enormes listados de subvenciones de excavación acordadas podrían haberse incluido como apéndices al final del volumen. Sin embargo, habría sido del todo aconsejable que se anunciara debidamente que el capítulo 7 es la reproducción íntegra de un artículo del mismo autor aparecido 6 años atrás(5). Es precisamente este capítulo el que hace imposible leer con los mismos ojos los dos volúmenes, indispensables por otra parte, sobre las Necrópolis de Ampurias(6).

Historiografía arqueológica franquista

No obstante, a juicio de quien escribe estas líneas la mayor carencia de la obra es de una visión ampliamente historiográfica. El contexto ideológico, la trama personal y el imbricado institucional están bien definidos, pero a pesar del continuismo formulado y demostrado por F. Gracia, hubiera sido necesaria la correlación de todo ello con la historiografía y la producción bibliográfica de los protagonistas. Es probable que el autor de referencia en España sobre esta temática haya preferido dejar para un ulterior estudio las consecuencias bibliográficas de las posiciones ideológicas o las corrientes teóricas de los diferentes autores, pero me parece difícil aceptar que no puedan apreciarse diferencias y matices en los escritos de P. Bosch Gimperà, M. Almagro Basch o J. Martínez Santa Olalla (frutos de un mismo ambiente y formación académica) atribuibles al contexto social, político por el que transcurrieron sus biografías. Nada se dice, por ejemplo, del Historicismo en el que se encontraba inmersa por entonces la arqueología, corriente ligada íntimamente a la del Difusionismo en antropología. Relaciones que harían, quizá, más comprensibles el hecho de que el único apoyo internacional del fascista Santa Olalla fuera el del marxista V. Gordon Childe. Tampoco es evidente, aunque algún día merecerá la pena intentarlo, que pudiera entenderse con la ayuda del análisis historiográfico que la única visión de interpretación globalizante propuesta hasta entonces, como fue el Historicismo, practicada subsidiariamente por la escuela española de arqueología de principios del siglo XX, debido al filogermanismo de sus élites intelectuales, encontraran su eco en otra visión de carácter holístico como fueron las interpretaciones de Gordon Childe y sus propuestas relativas a las relaciones entre tecnología y civilización, y, especialmente, sus trabajos sobre los arios(7).

Un análisis historiográfico en profundidad de la producción de la arqueología franquista demostraría probablemente que las temáticas recurrentes de Santa Olalla (los visigodos hispanos como testimonio de la relación milenaria de España y Alemania y de la expansión germánica fuera de su foco geográfico de origen y los guanches canarios como descendientes de los arios de la desaparecida Atlántida) eran impúdicamente subalternas de Das Ahneberbe, a diferencia del arqueólogo de cabecera de B. Mussolini, Luigi Maria Ugolini, cuyas investigaciones pretendían legitimar una hegemonía transadriática  que se retrotraía al pasado imperial romano. En ese sentido queda bien patente que la función de la institución arqueológica de las SS no era otra que la de proporcionar “outils performants au service d’une idéologie bien précise... propagande raciale, exploitation coloniale des pays conquis...”(8) como no sólo se hace bien patente en la simpatía dispensada a Santa Olalla por el propio Himmler, sino también en la lamentable escena en que, esperando la visita del jefe de las SS en las excavaciones de la necrópolis visigoda de Castiltierra (Segovia), los arqueólogos se apresuran a encontrar campesinos altos o rubios para demostrar hic et nunc la continuidad racial de los visigodos.

Un libro necesario

En cualquier caso, llama la atención el que la más nacional(ista) de las ciencias humanas, la disciplina científica y los científicos que, junto a la biología y los biólogos, más contribuyeron a la legitimación e investigación científica del III Reich sea la que más regulación requiere para su práctica por el Estado. No deja de llamar la atención que, tanto el gobierno legítimo de la II República como las autoridades de las zonas en conflicto cuyo patrimonio arqueológico podría ponerse en peligro y, posteriormente, los gobiernos de Franco (al menos de boquilla), se aplicarán con dedicación y esmero a la protección de los vestigios arqueológicos. Poniéndose en evidencia, por ejemplo, en el reconocimiento explícito de la actividad arqueológica de la República o de Bosch Gimperà por parte de Santa Olalla. O, implícitamente, en la continuidad de M. Almagro de la actividad iniciada por Bosch en Ampurias antes de la contienda y su encumbramiento como referente nacional en el extranjero, lo que le valdrá la cátedra de la Universidad de Madrid.

Del mismo modo, los útiles legales, reglamentarios e institucionales que se empiezan a poner en marcha a principios de siglo (inventario, investigación, intervenciones de urgencia, restauración, publicación, divulgación…) de las administraciones de uno y otro signo son los que se han mantenido vigentes en modelos de fuerte intervención estatal hasta la aparición en los últimos veinte años del neo-liberalismo y de la llamada arqueología liberal. Las radicales afirmaciones de Santa Olalla sobre la ineficacia de excavar sin publicar o sin restaurar los bienes recuperados, o sobre la innecesaria consignación presupuestaria sobre excavaciones si de la actividad arqueológica no se derivaban las consiguientes publicaciones y puestas en valor,  siguen llenas de una actualidad que perturba. Desconcierto que solo puede entenderse en el contexto de “une science au service des masses, fortement subventionnée et contrôlée par l’État totalitaire”(9). No en vano Santa Olalla tildaba con desprecio a sus adversarios de la Academia de “liberales”: el monárquico marqués de Lozoya , a la sazón director general de Bellas Artes y jefe superior en el escalafón administrativo; Martín Almagro Basch originario de una acomodada familia aragonesa o el liberalismo confeso de su antiguo maestro P. Bosch Gimperà, posiciones que irán abriéndose camino en el régimen conforme fue cambiando el contexto internacional.

¿Esa será la arqueología imperante en la España del boom económico y del desarrollismo liberal y opusdeista? Otro libro de F. Gracia o de sus alumnos podría responder a la pregunta. No en vano, la resistencia de la arqueología desde los momentos finales del franquismo y de los primeros años de la democracia reaccionó contra una arqueología oficial sin recursos y de acumulación de datos positivos exclusivamente procedentes de la excavación (en la versión más decadente del Hstoricismo de corte alemán) aceptando las influencias del neo-evolucionismo izquierdista de origen anglosajón de L. A. White o de J. H. Steward, aceptando los postulados ambientalistas y desplazando el objeto de interés del sitio, del yacimiento, a la información off site, y el consiguiente mayor recurso a la prospección como fuente de conocimiento en la comprensión de la implantación de las sociedades en el medio físico.

Se trata, pues de un libro necesario. Necesario para los arqueólogos españoles que pueden, así, conocer el acta de nacimiento de su disciplina y de los protagonistas de la misma. Necesario para el ciudadano que, a través del ejemplo de una ciencia y la práctica administrativa de ésta en permanente peligro por la injerencia del poder(10), puede apreciar cómo se produjo la “transición” a través de la depuración de, incluso, los conserjes de los museos en función de los informes policiales que detallaban las filias ideológicas como la afiliación sindical previa a la guerra.

A veces, a la generación de los “nietos” de la guerra se nos ha pretendido mostrar la cara más amable y liberal del régimen de Franco. Esa cara más amable se pretende renacer con proyectos historiográficos donde se canalizan temáticas a través de proyectos editoriales revisionistas como la revista Historias de Iberia Vieja donde tienen especial cabida las temáticas que ya interesaban a Santa Olalla. Libros como este desmienten sin dogmatismos esa cara amable.

(1) I. Bardies, J.-P. Legendre, B. Schnitzler (dirs.), L’archéologie en Alsace et en Moselle au temps de l’annexion (1940-1944), Strasbourg-Metz, 2001; A. Schnapp, L’autodestruction de l’archéologie allemande sous le régime nazi, Vingtième Siècle. Revue d'histoire, 2003/2, nº 78, p. 101-109; J. Chapoutot, Le national-socialisme et l'Antiquité, Presses universitaires de France, París, 2008 (véase la reseña de A. Pédron en Nonfiction, L'Antiquité détournée)
(2) M. Menéndez Alzamora, La Generación del 14. Una aventura intelectual, 2006.
(3) M. Fuentes Codera, Los intelectuales españoles y la Gran Guerra: ¿un caso excepcional?, Storica. Rivista quadrimestrale, núm. 46, 2010, pp. 54-57.
(4) “Sociedad para la Investigación y Enseñanza sobre la Herencia Ancestral Alemana”.
(5) Arqueología de la memoria. Batallones disciplinarios de soldados-trabajadores y tropas del ejército en las excavaciones de Ampurias (1940-1943), in C. Molinero, M. Sala y J. Sobrequés, eds., Una inmensa prisión. Los campos de concentración y las prisiones durante la Guerra Civil y el franquismo, Barcelona: Crítica, 2003, 37-59.
(6) M. Almagro Basch, Las necrópolis de Ampurias, Barcelona, 1953.
(7) The Aryans: A Study of Indo-European Origins, 1926.
(8) A. Schnapp, L’autodestruction de l’archéologie…
(9) A. Schnapp, L’autodestruction de l’archéologie…
(10) Cuando escribo estas líneas es de actualidad la exhumación del cadáver de S. Bolívar.

domingo, 1 de agosto de 2010

LA RESURRECCIÓN DE LÁZARO (II)

Ricardo González Villaescusa
Josep Vicent Lerma

Levante-EMV, 1 de agosto de 2010

Una de las razones que pueden explicar la desconexión entre la reciente muestra divulgativa "El tribunal de las Aguas de Valencia. 1050 años de justicia de la Huerta de Valencia" y los conocimientos históricos probados, puesta en solfa en una primera entrega periodística nuestra sin réplica conocida (Levante-EMV, 15-6-10), reside en la disociación total entre las políticas públicas y la investigación académica, tal como hemos venido reiterando en numerosos artículos como "Los nuevos usos de l´Horta o la Resurrección de Lázaro" (Levante-EMV, 8-4-06).

Así pues, en esta prometida continuación hemos aprovechado para centrarnos en revisitar conceptos tales como el de que la Huerta es un paisaje agrario, y los paisajes, tan de moda hoy con dirección general propia patroneada por Arantxa Muñoz, son objeto de una acción territorial realizada fundamentalmente con criterios de urbanistas, arquitectos, paisajistas... cuya visión de los mismos solamente es dinámica en un sentido unívoco: desde el presente hacia el futuro. Desde el momento mismo en que nuestra eco-depredadora civilización post-industrial interviene para "ordenar" donde antes solo había aparente desorden.

En este sentido, ya hemos propuesto que se hace imprescindible determinar el papel morfogenético que ejercen los paisajes, de manera que se puedan determinar los casos en que la finalidad y forma de la ordenación del territorio podría ser dictada por los estadios antiguos del paisaje (Más allá del concepto de sostenibilidad, el de resiliencia..., Levante-EMV 12-3-06). Si queremos entender la forma en que las sociedades del pasado actuaron y las del mañana actuarán en el territorio, debemos reflexionar sobre la resiliencia (sostenibilidad) de las elecciones que se tomaron en el pretérito y la capacidad de una estructura paisajística para absorber impactos, pero también, en cuanto a la capacidad de aprovecharlos, participando, desde ese instante, en la propia historia de estos constructos espacio-temporales.

Todo ello nos conduce al fallo imperdonable, enquistado en la vigente legislación patrimonial (LPCV, Ley 4/1998), de no considerar los Paisajes Históricos como tales y consecuente con la inexistencia de una verdadera política integral de ordenamiento del país que tome en consideración las estructuras de suelos cronológicamente datados, porque no otra cosa que históricos son la mayoría de nuestros paisajes.

De aquellos polvos estos lodos y consecuentemente, cuando se lee en el Plan de Acción Territorial de Protección de la Huerta (PAT), las consideraciones históricas sobre la misma, es cuando encontramos la confirmación del dispendio del dinero del contribuyente en la financiación y edición de estudios históricos que no tienen la suficiente repercusión pública.

Así es posible observar en dicho PAT que desde la época islámica existió un equilibro entre la ciudad y la huerta, inalterable hasta el siglo XIX, como si la huerta irrigada, una vez lograda su configuración clásica, se hubiera mantenido en lo sustancial sin cambios hasta la llegada de la industrialización. El argumento histórico es subalterno pues. Una foto fija proyectada sobre el decurso temporal. Imagen por consiguiente tan fosilizada como la que cada jueves nos muestra unos venerables síndicos de las acequias de la Vega reunidos litúrgicamente para dirimir sobre ningún pleito, como consecuencia de la reducción de la extensión de la red de canales de riego de más de 300 km a menos de 50 km en las últimas décadas. Circunstancia sobre la que no conviene olvidar la advertencia de Thomas Glick: "Cuando desaparezcan los regantes se acabará el Tribunal de las Aguas" (Levante-EMV, 14-06-10).

Ello supone que para evitar la definitiva extinción de la Huerta los agricultores deberían ser remunerados "por los servicios ambientales prestados" o en su defecto que los habitantes de la ciudad deberían asumir una tasa pro-conservación de una huerta tan próxima, y que lo recaudado incidiera en la mejora de las magras rentas de nuestros labradores. Porque, in fine, nadie cree que pueda salir adelante este Plan de Acción Territorial, la novedosa política sobre el paisaje y el discurso radical por momentos, nace sin presupuesto (Levante-EMV 28-5-09). Confiando la dirección general del ramo el éxito de dicho Plan a la contingente implicación de agentes privados y de los ayuntamientos concernidos al albur del obsecuente argumento, sin más, de que el futuro pasa por optar por la viabilidad de una Huerta sostenible (Levante-EMV 29-6-08), sin agotar las posibilidades de las herramientas jurídicas que el legislador tiene en su haber para desarrollarlo. Obviando que la voracidad de la naturaleza es tan antigua como la aparición de las ciudades en el medioevo tardío y la consiguiente pérdida del lazo simbiótico del hombre con su medio ambiente, que conducirá a la tematización del paisaje como inquietud a tenor de las tesis de Michael Jakob (Le paysage, París, 2008).

Por último, para concluir esta filípica sobre la anunciada muerte de la Huerta de Valencia, no podemos dejar de consignar un pequeño atisbo de esperanza, a pesar de los posicionamientos públicos del actual responsable del urbanismo de la ciudad de Valencia contrarios a una Huerta "cultivada por funcionarios", en las prometedoras iniciativas de adquisición pública de suelo en los denominados "huertos urbanos", de gestión directa o indirecta, en el controvertido proyecto de Sociópolis y en el entorno del antiguo monasterio de San Miguel de los Reyes.

Tercer artículo más votado del día 1 de agosto por los lectores de Levante-EMV!!!

1. "La corrupción en el franquismo era de calderilla si se compara con la actual"
2. La Audiencia ve indicios de que el IVEX pagó el contrato B de J. Iglesias con facturas falsas
3. La resurrección de Lázaro (II)

viernes, 30 de julio de 2010

HUERTA Y METRÓPOLI, BARBERÁ

Imágen 3 de Proyecto extraída del sitio web Sociópolis
Vicente González Móstoles
Levante-EMV, 30 de julio de 2010


La concesión al profesor Thomas F. Glick del doctorado honoris causa por la Universitat de València es motivo de satisfacción para quienes tenemos la huerta de València como uno de los paisajes más bellos. Lo que para nosotros es un paisaje único a la vez que un parque urbano de excepcional magnitud, es para el profesor Glick un sistema productivo, el medio económico de la comunidad que lo puebla, lo que le permite afirmar que la desaparición del regadío tradicional y del cultivo de los campos sería la señal inequívoca de su desaparición. No ignora Glick los otros valores apuntados cuando dice que la desaparición de la huerta valenciana ha provocado un «deprimente panorama, funesto en cuanto a la degradación y la despersonalización del paisaje valenciano» a la vez que alerta de que puede «haberse sembrado la semilla de la catástrofe ambiental». ¿Cómo no estar de acuerdo? Viene al caso recordar que nuevas amenazas se ciernen sobre nuestro querido paisaje, esta vez de la mano del urbanismo que lidera la alcaldesa Barberá. La transformación de 900 hectáreas para suelos de todo uso —carreteras y sectores urbanizables— previstos por el nuevo plan general puede considerarse una catástrofe por sus efectos sobre la fragmentación y consiguiente pérdida de paisajes, la destrucción de ingenios hidráulicos centenarios, el deterioro ambiental y un largo conjunto de efectos igualmente siniestros. Uno de ellos ha cobrado actualidad en las mismas fechas en que se otorgaba la distinción al profesor Glick. Se trata de la transformación —es decir la desaparición— de 500 hectáreas de huerta bajo el subterfugio de la nueva figura de huerta compatible con dotaciones públicas o privadas a la que se denomina H2. Y esto a cuento de la localización de un hospital de alta calidad cuya instalación se da por hecha a la espera de un suelo apto. Desde una óptica de progreso se debe apoyar la instalación en la ciudad de dotaciones privadas especialmente de economía avanzada y más si son del prestigio de un hospital internacional, especializado y de referencia, pero también hay que evitar a toda costa el detrimento de la huerta. La instalación de un hospital es radicalmente incompatible con la huerta, entendida como sistema productivo, como paisaje y como parque urbano: es una macroestructura arquitectónica que debe ser dotada de todo género de infraestructuras, servicios e instalaciones que no son compatibles con el cultivo hortícola de su entorno. Si alguien tiene dudas, que visite las obras de Sociópolis, que se pregonaba como ciudad en la huerta y hoy no es más que una urbanización pura y dura en la que los jardines tendrán cierto aire agrícola pero jamás serán de nuevo un sistema productivo, jamás volverán a ser huerta. Lo siento, señor Glick. Habremos perdido 500 hectáreas más de huerta, pero esta vez con trampa, la H2. Claro está que existían y siguen existiendo ubicaciones alternativas para este género de dotaciones en muchos puntos de nuestra metrópoli —de nuestra ciudad y su área circundante— , en suelos de secano de valor agrícola muy inferior y sin la configuración histórica de nuestra huerta, sin su milenario Tribunal de las Aguas, muy accesibles y que contribuirían a eliminar la presión sobre la vega, porque, quede claro, solo la corona metropolitana salvará la huerta de la ciudad.

Imágen 4 de Proyecto extraída del sitio web Sociópolis
Pero Barberá no cuenta con la metrópoli que es València y cuando se habla de los procesos de gestión compartida de servicios, de planificación territorial supramunicipal, hace la consabida mueca. La consideración metropolitana es tan inevitable como la protección de la huerta porque están necesariamente asociadas, lo entienda o no Barberá.

domingo, 11 de julio de 2010

ARQUEOLOGÍA EN APUROS

Las Provincias, 11 de julio de 2010

Marina Costa

Han esperado muchos siglos para ver la luz pero todavía aguardan una intervención que les devuelva a la vida, esta vez, a la moderna. Villas romanas, naves sumergidas con cargamentos de ánforas y cerámica, acueductos milenarios que mantienen el pulso con la gravedad y decenas de yacimientos esperan su oportunidad para no sucumbir al paso de los siglos, el olvido o la degradación.

La escasez de presupuestos para procesos de excavación, los continuos expolios y el avance urbanístico han puesto en serios apuros enclaves arqueológicos que durante siglos han permanecido ocultos y más o menos a salvo. El problema es que la crisis se ha convertido en otro gran escollo que remata partidas cada vez más austeras y largas esperas entre campaña y campaña.

En el último año «más del 50% de las excavaciones en trámite están paralizadas, lo que supone no sólo un problema sino un importante retraso en la lenta recuperación de estos espacios por falta de financiación suficiente», según subraya Jesús Huguet, historiador y miembro del Consell Valencià de Cultura (CVC).

El freno inmobiliario ha tenido un reflejo directo en actividades arqueológicas «puesto que muchas obras, que debían sufragar los promotores, han quedado paralizadas», apunta el arqueólogo, Josep Vicent Lerma. Las rebajas han llegado al subsuelo más pronto que nunca.

La Comunitat Valenciana ocupa el quinto lugar en número de empresas especializadas en arqueología por detrás de Andalucía, Cataluña, Madrid y Castilla León pero la crisis está desinflando un sector que despuntó a partir de 2000, según recoge un estudio del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). Y mientras el yacimiento económico se agota, poco o nada se puede hacer en muchos enclaves históricos.

Las excavaciones dirigidas en Sagunto, por la catedrática e investigadora Carmen Aranegui, en el único conjunto portuario que se conserva de la costa valenciana rescataron información fundamental sobre el tráfico marítimo en época romana.

Hace más de cinco años dos prospecciones subacuáticas confirmaron la existencia de restos sumergidos, como enormes sillares de una antigua construcción (que podría tratarse de un faro) o restos de cargamentos de las naves romanas que fondeaban en el lugar y que trasladaban cerámica importada o ánforas repletas de vino, salazones o aceite.

El enclave ha permanecido durante casi una década olvidado y repleto de maleza. Ahora un convenio de colaboración entre el Ayuntamiento de Sagunto y la Autoridad Portuaria de Valencia va a permitir poner a buen recaudo una parte de este Bien de Interés Cultural (BIC). Sin embargo, sería «conveniente ampliar la intervención con un tratamiento más igualado y con un proyecto para acoger visitas», según recalcó la investigadora Aranegui.

En este entorno existen varios restos y villas romanas, detectadas por excavaciones de urgencia, que también carecen de planes de rehabilitación.

El castillo de Sagunto, de propiedad estatal, es otro monumental yacimiento que espera, desde hace décadas, excavaciones para desenterrar restos ibéricos y medievales y una rehabilitación integral de lienzos de muralla que permita consolidar la fortificación tras varios parcheos repartidos en el tiempo.

«El patrimonio saguntino y valenciano continúa creciendo con cada hallazgo pero el problema es que las intervenciones llegan contadas y con retraso», apunta el experto en arqueología y catedrático en Reims (Francia), Ricardo González Villaescusa.

Una joya visigoda
Otro enclave en situación de «olvido absoluto» es el yacimiento de Valencia la Vella en Ribarroja. «Se trata de una asentamiento de época visigoda de una importancia destacadísima».

Las primeras excavaciones se iniciaron a finales de los setenta y principios de los ochenta. Vestigios de murallas, torres, una gran edificación y cuantiosa cerámica corroboraron «el valor de este lugar, que requiere de sólidas campañas de investigación que permitan rescatar un yacimiento de primer orden abandonado», destaca González Villaescusa.

Como contrapartida se encuentra, también en Ribarroja, el conjunto visigodo Pla de Nadal, descubierto en 1970, que sí puede ser visitado en la actualidad «aunque carece de un buen acceso e indicaciones para poder localizarlo».

Para potenciar este enclave, el Ayuntamiento programa visitas guiadas con recreaciones de personajes históricos y talleres.

Y es que aunque el volumen de hallazgos se reparte entre las intervenciones programadas «de instituciones como las universidades para su investigación y la llamada arqueología preventiva que se desarrolla a partir de obras o infraestructuras, las partidas son cada vez más insuficientes», matiza el experto Josep Vicent Lerma.

El efecto sorpresa complica aún más las cosas. La detección de restos arqueológicos durante unos trabajos cuando existe «falta de planificación es un serio contratiempo que paraliza estos procesos. Por eso la arqueología de urgencia tendría que dejar espacio a la preventiva, que permitiría establecer protocolos de actuación», según González.

Disponer de un completo inventario de yacimientos «sería fundamental dentro del sistema de información geográfica para que no haya desconexión entre las investigaciones y las prácticas del día a día».

Los hallazgos descubiertos junto al Museo de la Ilustración han obligado a paralizar las obras del jardín más grande de Ciutat Vella en Valencia mientras se «modifica» un proyecto que todavía no ha visto la luz desde el año pasado.

Las villas romanas son otro filón arqueológico tremendamente extendido. En Sagunto se detectó una domus del siglo II en perfecto estado de conservación bajo un antiguo cine, en plena trama urbana.

Las pinturas que aparecieron junto al impluvium (balsa de un patio central) y en varias estancias dejaron boquiabiertos a los expertos. Pero el proyecto tenía que esperar y telas geotextiles cubrieron los vestigios para edificar en el solar y dejar en una planta baja acristalada que permitiera contemplarlos. Una década después, está previsto acometer el proyecto de rescate mediante los fondos del Plan Confianza pero la arena continúa sepultando este fragmento de historia. En Paterna también aparecieron los restos de una casa de campo romana, fechada entre los siglos I y III d. C., en el solar de la antigua fábrica de galletas Río, que abrió un polémico debate sobre su futuro, de momento sin concretar.

Se excavaron algunas partes del solar pero se desconoce si podrá ser compatible el conjunto con el proyecto de edificación previsto.

El Arquets de Baix de Torrent salieron el año pasado del olvido con un proyecto de recuperación del puente mudéjar de seis arcos del siglo XIII que se encargaba de distribuir el agua por la población.

Este emblemático acueducto quedó libre de vegetación para mostrar los encantos de uno de los monumentos más importantes de la comarca de l'Horta Sud pero todavía queda pendiente el rescate dels Arquets de Dalt.

Para Jesús Huguet, la paralización de numerosas campañas de excavación «no sólo va a suponer un problema de retraso de puesta en valor del rico patrimonio histórico valenciano, también supondrá la pérdida de puestos de trabajo y de actividad económica en una zona». Y es que corren malos tiempos para las ruinas.

miércoles, 23 de junio de 2010

Transtopie - État des Lieux | 2008/09

Estado de la cuestión (Introducción al libro Transtopie - État des Lieux | 2008/09, C. Peillod (dir.) Reims: Ville de Reims - ESAD de Reims, 2010)
[Fotografías del artículo de RGV]

Fabrice Bourlez
Director científico del laboratorio Transtopie

La investigación en las escuelas superiores de arte y de diseño (ESAD) es una dimensión del saber todavía por inventar. Es terreno baldío. Las reformas ministeriales y la homologación de los diplomas siguiendo el modelo universitario requieren de la creación, la sistematización y la modelización de este tipo de investigación: permitirle, pues, encontrar su especificidad.

Desde septiembre de 2008, el laboratorio de investigación Transtopie se ha esforzado en aportar humildemente su contribución y marcar un hito con la finalidad de que la ESAD de Reims pudiera inscribirse en este campo de reflexiones y de creaciones conceptuales y artísticas.

Transtopie se presenta como un laboratorio itinerante que reúne artistas, docentes, investigadores y estudiantes de la ESAD de Reims, del Laboratoire d'Architecture Conception, Territoire Histoire (LACTH), Laboratorio de la École Nationale Supérieure d'Architecture et du Paysage de Lille y de dos laboratorios de la Université de Reims Champagne-Ardenne (URCA): GEGENA (geografía física) y HABITER (ordenación del territorio).

Transtopie pretende estudiar un objeto bien preciso: el paisaje de los valles del Mosa y del Semoy en las Ardenas. El laboratorio pretende hundir sus raíces en la investigación de los baldíos industriales que se encuentran en la región e interrogarlos en función de tres ejes: artístico, científico y humano. En su primera edición (2008-2009), Transtopie ha deseado centrarse en un lugar de la región de Sedán: el baldío de Glaire, antigua central eléctrica de 1922 que desde hace varios decenios ya no se encuentra en funcionamiento.

Al inscribirse en un campo de estudio tan preciso, Transtopie ha pretendido explorar diferentes formas de investigación a través de la mayor transdisciplinariedad posible: han sido organizadas varias manifestaciones, encuentros, numerosos intercambios y producciones para definir lo mejor posible la especifidad del paisaje ardenés. De todas estas acciones se han beneficiado no solamente los miembros del laboratorio, sino también los alumnos de las diferentes escuelas y universidades implicadas y los habitantes de la región Champagne-Ardenne. Por esta razón las reuniones de Transtopie eran unas veces abiertas al público y otras reservadas a los investigadores del laboratorio.

La publicación que está en su manos constituye un momento álgido en el itinerario del laboratorio. Se trata de una especie de "estado de la cuestión" que trata de dar cuenta, tanto de los lugares y de los paisajes definidos como del avance de las investigaciones desde hace un año. Hemos elegido repartir el espacio de trabajo que se despliega en tres zonas. La primera reúne la investigación preliminar que sirvió para precisar la orientación de nuestra problemática. En ella se publican las actas de un coloquio organizado al principio de nuestro itinerario en la mediateca Jean Falala de Reims. La segunda se presenta como una ZAPP o Zona de Actividades Potenciales y Provisionales que ha constituido el alma de nuestro laboratorio. En ella se pueden encontrar diferentes contribuciones en formato de imágenes y de texto. Estas contribuciones dan cuenta de las investigaciones y reflexiones sobre la investigación en las escuelas de arte y diseño que los miembros del laboratorio han podido emprender en su recorrido a partir del baldío industrial de Glaire. Finalmente, en la tercera zona se deja espacio a los alumnos y a las consecuencias de la investigación sobre la pedagogía. En ella pueden apreciarse algunas de las realizaciones de los alumnos de arte y diseño de la ESAD de Reims en el marco de Transtopie.

Table des matières
5. Edito | Claire Peillod
7. État des lieux | Fabrice Bourlez
ZONE DE RECHERCHES
Actes du colloque Transtopie «Friche-paysage : quels espaces ? »
12. Je suis un « Métallo » | Yannick Langrenez
14. Les Friches : chancres, Témoins, ressources et laboratoires? Retour sur la richesse d'espaces in et hors-paysage | Lauren Andres
26. Crise, Territoire et Paysages | Serge Koval
28. Sur les traces du World Soundscape Project | Carlotta Darò
34. Nogo voyages : Attractions périphériques | Stéphane Degoutin et Gwenola Wagon
46. Le musée du point de vue | Jean Daniel Berclaz

Z.A.P.P. 09
Zone d'Activités Potentielles et Provisoires
52. Paysages cachés | Ricardo González Villaescusa
56. La résistances des lieux | Fabrice Bourlez
60. Désœuvrement | Manuela Marques
66. Mossa | Gérard Cairaschi
70. Lexique d'un ambiente : la friche de Glaire | Rozenn Canevet
80. The way the River flows | Louise Crawford
  • Les chaînons manquants | Ian Alexander
  • Essai de représentation architecturale d'une disparition | Amapola Tô
  • Les arrangements du monde... | Jérôme Guéneau
86. Pour un statut de la méthode : du processus de création au collectif de recherche | Patrick Chapus
98. La recherche comme expérience | Catherine Grout
104. Les résonateurs | Cécile le Talec

ZONES PÉDAGOGIQUES
Art/Design
108. Il est des paysages urbains... | Design culinaire, projets suivis par Marc Brétillot
110. Signalétique du lieu en 10 étapes culturelles | Design d'espace et design graphique, projets suivis par Jean-Paul Augry et Laurent Burte
114. De la ruche à la friche | Photographie, projets suivis par Manuela Marques

martes, 15 de junio de 2010

ACERCA DEL TRIBUNAL DE LAS AGUAS Y OTROS MOLINOS IDEOLÓGICOS

Ricardo González Villaescusa
Josep Vicent Lerma
Levante-EMV, 15 de junio de 2010

No hace tanto que la biografía profesional del historiador E. Hobsbawm recordaba el actual peligroso momento en que la Historia está siendo inventada, hoy más que nunca, por personas y grupos sociales, corporaciones económicas mundiales o confesiones doctrinales cuyo objetivo último no es necesariamente alcanzar la verdad objetiva en el conocimiento del pasado, sino reinventar aquél que mejor se acomoda a sus metas ideológicas identitarias o como los definía certeramente el medievalista P. Iradiel por "creadores de historias de lo que pudo haber sido" (Levante-EMV, 31-08-08).

La muestra fotográfica recién clausurada en la errática programación de la Sala de Exposiciones temporales de L'Almoina "El Tribunal de las Aguas de Valencia. 1050 años de justicia de la Huerta de Valencia" nos permite reflexionar colectivamente sobre los intrincados vericuetos sociológicos del uso y abuso en la construcción oficial del relato histórico por parte de determinados sectores de los vigentes poderes públicos, probablemente con la ingenua anuencia de Aguas de Valencia y la interesada vocación residual de algunos de recrear un improvisado patriotismo de aldea gala basado en presupuestos atribuidos fabulosamente a las sacrificadas artes de Clío.

En este sentido, poco importa que el profesor Thomas F. Glick, ya en su momento consagrara en 1988 buena parte de su valioso tiempo a una antológica tesis doctoral -Regadío y sociedad en la valencia medieval- que aún hoy continúa siendo el estudio global de referencia más completo e innovador que se hiciera de la Huerta de Valencia y su universalmente reconocido tribunal de las aguas, ni que profesores de la Universitat de València como E. Guinot o J. Hermosilla hayan continuado, gracias a programas de investigación financiados e incluso editados por la propia Generalitat Valenciana -Camins d'Aigua. El Patrimoni Hidràulic Valencià (2005); El patrimonio hidráulico del Bajo Turia: l'Horta de València (2007)-, progresando en la resolución de sus arcanos orígenes, intrincada estructura territorial y problemática dinámica evolutiva, en el punto y hora en que su desconocido para la comunidad científica comisario expositivo, editor del desaparecido letrado Giner Boira por más señas, otorga carta de naturaleza a la epifanía fundacional de esta ancestral curia de justicia vernácula, nada más y nada menos que durante el lejano gobierno del califa omeya Abd al-Rahman III en el preciso año 960 A.D. Despropósito increíble incluso para el gran arabista Julián Ribera Tarragó (1858-1934), sobre el ya advertíamos últimamente (Levante-EMV, 18-04-10).

Por el contrario, la conformación colegiada de los ocho síndicos correspondientes a las acequias mayores -Tormos, Mestalla, Rascanya / Quart-Benàger i Faitanar, Mislata, Favara, Rovella- del Tribunal de las Aguas tal como es conocida contemporáneamente, al igual que el antiguo paisaje irrigado de la ahora terminal vega valenciana en el que encontraba su axiomática razón de ser y a cuyo incierto futuro comprometemos una nueva entrega en estas mismas páginas, no puede resultar inteligible de un modo racional como una realidad atemporal inmutable sino como el producto o la amalgama resultante de una lenta construcción intergeneracional y plurisecular.

Por consiguiente y a modo de colofón, los simples intentos interesados de postular la foto fija de la transubstanciación automática de los turbantes de agrónomos que excavaban canales de riego tribales y rezaban cinco veces al día en dirección a la Meca por las honradas blusas-toga de los labradores valencianos sin solución de continuidad, pueden colegirse, de acuerdo con el conocido aforismo, como el burdo afán doctrinal por parte de algunos adictos de los conflictos hidráulicos para todos de "llevar el agua a su molino y dejar seco el del vecino".

Empeño baldío a la postre, que, no obstante lo establecido genéricamente en Els Furs del rey conquistador Jaime I en el capítulo "De servitut d'aygua" en torno al mantenimiento de cuanto fue acostumbrado "en temps de Sarrahins", parece obviar la única prueba documental árabe conservada del año 1232, relativa a un pleito de aguas entre las alquerías de Torres-Torres y Càrcer en el valle del río Palancia,  que descubre a las claras que no fue resuelto por ninguna corte comunal de campesinos sino por la sola autoridad individual de un "alcadí" (juez) de Morvedre.

DOCTORADO HONORIS CAUSA POR LA UNIVERSIDAD DE VALENCIA A T. F. GLICK

Levante-EMV, 15 de junio de 2010
Glick equipara la extinción de la huerta con la expulsión de los moriscos
El hispanista estadounidense denuncia las expropiaciones a los agricultores tradicionales, "herederos directos de los labradores musulmanes"

El prestigioso hispanista estadounidense Thomas Glick (Cleveland, 1939) aseguró ayer en Valencia, durante el acto de su investidura como doctor "honoris causa" de la Universitat de València (UV), que la desaparición de la huerta valenciana ha provocado un "deprimente panorama, funesto en cuanto a la degradación y la despersonalización del paisaje valenciano" y alertó de que puede "haberse sembrado la semilla de la catástrofe ambiental".

En el acto, celebrado en el Paraninfo del edificio histórico de La Nau, el historiador relató como en sus numerosas visitas a Valencia a lo largo de 50 años le han permitido ser testigo de la "progresiva degradación y pérdida de la huerta".

Para el experto, profesor de Historia Medieval de la Universidad de Boston, "la extinción generalizada del regadío tradicional valenciano, sepultado por el cemento y el asfalto o transmutado en un neorregadío tubiforme extrañamente implantado en el territorio, va acompañada de una triste serie de expropiaciones y expulsiones de los agricultores tradicionales en buena parte de localidades valencianas poseedoras de huertas históricas".

"Inquietante paralelismo"
En conjunto, "el fenómeno presenta un inquietante paralelismo con la expulsión de musulmanes y moriscos entre 1238 y 1609, de quienes los labradores son herederos directos", afirmó.

Además de los "riesgos físicos y ambientales", agregó, la eliminación del regadío tradicional "implica la desagregación, la atomización y, finalmente, la desaparición los lazos que unen a las comunidades de regantes".

"En un contexto de competencia creciente por el agua, no alimentada, precisamente, por lo regantes tradicionales valencianos, el discurso dominante tacha a los labradores poco menos que de malgastadores contumaces", aseveró.

"Las acequias se ven demonizadas , y la presión social impulsa a los regantes a sustituir los viejos sistemas, de eficacia probada y coste limitado al mantenimiento, por uno nuevo cuya eficacia global, incluyendo la variable ecológica, está aún por demostrar, y cuya construcción supone una inversión considerable, sin ninguna certeza, de que los rendimientos se incrementen de manera sostenible a la larga".