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lunes, 13 de enero de 2014

PARQUES ARQUEOLÓGICOS EN HEBRÓN

Tel Rumeida en la ciudad cisjordana de Hebrón
Traducción del  artículo Israel excavates site in flashpoint West Bank city aparecido en el blog News Network Archaeology, proveniente de un comunicado de la Autoridad de Antigüedades de Israel (IAA) transmitido por la agencia AFP donde se evidencia la relación entre arqueología, colonización, territorio y geopolítica en una zona tan caliente como es Cisjordania (véase nuestra etiqueta geopolítica).

La tumba de Herodes, los cementerios de Jerusalén Este, una sinagoga a orillas del lago Tiberíades, son excelentes pretextos geopolíticos (sin desconfiar necesariamente de la legitimidad y del buen hacer científico de los investigadores que las llevan a cabo) en la ya habitual guerra de las ruinas.


Israel ha iniciado unas excavaciones arqueológicas en un yacimiento arqueológico de una zona conflictiva de la ciudad cisjordana de Hebrón, según afirmaron las autoridades el pasado jueves, grupos críticos dicen que esta excavación pretende legitimar los asentamientos judíos en territorio palestino.

Las excavaciones comenzaron el 5 de enero durante la 10ª visita del secretario de de Estado de EE.UU., John Kerry, a la región para presionar a Israel y los palestinos para alcanzar un acuerdo de paz aun lejano.

El sitio está en Tel Rumeida, en el corazón de la histórica ciudad de Hebrón. Una portavoz de la Autoridad de Antigüedades de Israel (IAA) dijo en un comunicado a la AFP. "La Autoridad de Antigüedades de Israel está llevando a cabo una excavación de urgencia... para desarrollar un parque arqueológico en Tel Rumeida y acondicionar el yacimiento para hacer viable las visitas del público".

"La excavación se llevará a cabo en parcelas... propiedad de Judios. La superficie total a excavar será de aproximadamente seis dunams (1,5 acres) [unos 6.000 m cuadrados], " dijo el comunicado.

"La excavación no afectará las vidas de la población local residentes (Palestina) sin afectar su rutina diaria ", agregó.

Pero los críticos con la excavación afirman que la excavación es una estratagema política intencionada en una zona muy sensible, destinada a legitimar los asentamientos judíos de la ocupada Cisjordania.

"Cualquier excavación en un área de fuerte connotación política, es automáticamente un movimiento político", declara el arqueólogo Yonathan Mizrachi a la AFP. "En Tel Rumeida, excavar es una forma muy sofisticada de legitimación de la colonización de Israel.

Al llevar a cabo una excavación arqueológica, los colonos pueden decir que no es un acto político ", dijo. "Si los colonos edifican casas en tierras que son propiedad de los palestinos continuarán siendo vistos por gran parte de la opinión pública israelí como un grupo de extremistas. Pero a través de la creación de parques arqueológicos, los colonos pueden atraer turistas, presentándose como defensores del patrimonio.

"En la conflictiva ciudad de Hebrón, donde viven cerca de 200.000 palestinos, hay unas 80 viviendas para unos 700 colonos en el centro de la ciudad que viven bajo la protección del ejército israelí.

Los asentamientos de Israel en Cisjordania son ilegales según el derecho internacional.

Mizrachi dijo que el área ha sido cultivada por palestinos incluso después de que Israel ocupara Cisjordania en 1967, pero que durante la segunda intifada en la década de los 2000, fueron excluidos de la zona.

El yacimiento se interpreta como el lugar que alberga la tumba del padre del rey judío David Yishai y su bisabuela Ruth.

Las excavaciones comenzaron cuando John Kerry estaba a punto de abandonar la región, permaneciendo durante cuatro días de conversaciones entre los líderes israelíes y palestinos para acelerar el proceso de paz.

La ocupación de Israel en Cisjordania y la definición de las fronteras de un futuro Estado palestino de Israel es un punto clave en esas negociaciones.

Fuente: AFP [10 de enero 2014]

lunes, 25 de enero de 2010

SEPULCROS DE CRISTAL


Josep Vicent Lerma

Levante-EMV, 16 de junio de 2009

La instalación hace algo más de un año en el Centre Arqueològic de l´Almoina, mención especial de los premios EMYA 2009 (Levante-EMV,12-05-09), de los irredentos huesos calcinados de un soldado sertoriano torturado, presentados entre penumbras un punto teatrales, se encuentra en el origen de algunas reflexiones profesionales de orden deontológico compartidas a lo largo de estos últimos años, que ahora se pretende ordenar, en la medida de lo posible, sobre los criterios sistémicos de los museos, en tanto en cuanto instituciones culturales, sobre la exposición pública de restos humanos.

En este sentido debe recordarse como las asociaciones profesionales de museos comenzaron a incorporar desde segunda mitad del siglo XX en sus estándares éticos a los restos antropológicos como “materiales sensibles”, merecedores de un tratamiento escrupulosamente respetuoso, a tenor del principio refrendado por el Código de Ética Profesional del International Council of Museums (ICOM) de 1986 en su capítulo III, punto 6, titulado “Responsabilidades profesionales respecto de las colecciones”, según el contenido sintético del cual: “Las investigaciones sobre dichos objetos, su instalación y conservación, deberán realizarse de forma aceptable, no sólo para los colegas de la profesión, sino también para todos aquellos que profesen una creencia, en particular los miembros de grupos religiosos interesados….. Además, el museo tendrá que responder con diligencia, respeto y sensibilidad a las peticiones de que se retiren de la exposición al público restos humanos”.

Todo lo cual en esencia es substancialmente válido entre aquellas confesiones religiosas que como el judaísmo hayan perdurado hasta hoy, si bien hasta el momento, no ha parecido inaceptable para nadie la mórbida presentación en numerosas muestras museísticas de las atormentadas improntas de cuerpos de los antiguos ciudadanos pompeyanos, plausibles correligionarios de extintos cultos esotéricos como los de Mitra, Isis o los de Cibeles y su paredro Atys, sepultados por las cenizas volcánicas.

Línea argumental asumida igualmente por la reciente “Declaración de Barcelona” sobre los antiguos cementerios judíos y en cuyo punto 4 se estipula: “El tratamiento de los restos aparecidos en necrópolis, cementerios o bien en tumbas individuales de carácter histórico, sea cual sea su tipología, antigüedad y adscripción cultural o religiosa, ha de hacerse con el máximo cuidado, garantías científicas y respeto al hecho de que se trata de restos humanos”.

Así, pueden traerse a colación ahora desde el propio ámbito cultural cristiano, dos casos concurrentes, aunque separados en el tiempo, como el de la reciente exposición “Jaume I. Memoria y Mito Histórico”, comisariada por los afamados historiadores del arte Felipe Garín y Joan Gavara, por cuyas salas del Centre del Carme desfilaron poco más de 8.000 personas (Levante-EMV, 19-01-2009), una de cuyas piezas artísticas, la singular caja funeraria gótica de madera pintada con las armas del obispo de Valencia Andreu de Albalat (1248-1276), consignaba de un modo contrariamente inusual en su cartela explicativa “Por respeto y decoro sus restos mortales se custodian en la Catedral de Valencia mientras tiene lugar esta exposición” o el de la tumba cubierta con una losa de vidrio del también obispo Justiniano, en la rehabilitada iglesia del siglo VI d.C. de la Cripta Arqueológica de San Vicente, materia en su día de las desatendidas objeciones religiosas de José Verdeguer, entonces director del semanario informativo de la Archidiócesis de Valencia a través de su comentario “Los huesos quebrantados del Obispo” (Iglesia en Valencia, 17-05-1998), en la que denunciaba “cierto aire morboso” de recurso escenográfico puesto en juego, manifestando textualmente “No es ésta la forma de tratar los restos de los antepasados, como si fuesen un objeto arqueológico sin más, o –lo mismo da- de atracción. Numerosas personas consultadas han estado de acuerdo: los huesos quebrantados deben reposar en paz en un sepulcro. Razones muy serias de respeto y fidelidad lo exigen” (sic).

Por más que la Iglesia Católica cuente con una dilatada tradición de ostentación visual de cadáveres santos en arcas cristalinas, como la del Papa Celestino V, ahora rescatada prodigiosamente intacta bajo los escombros en l´Aquila (Italia). Tradición funeraria occidental de la que por cierto no escapa ni la embalsada momia del propio Lenin, ubicada desde 1924 en su mausoleo de la Plaza Roja de Moscú.

Casuística que en última instancia no ha sido óbice para abonar una cierta perplejidad intelectual, salpicada de buenas dosis de relativismo cultural, ante la amplia aceptación social por el contrario y el clamoroso éxito internacional de visitantes –más de tres millones- de inauditos eventos científico-artísticos contemporáneos como “Bodies”, en el que se exhiben sin pudor cadáveres humanos reales, procedentes de China, sometidos a procesos de conservación poliméricos o la impactante muestra en curso del Egipci de Barcelona “Esquelets malalts”, que incluye la mítica momia aimara, proveniente de una de las “chulpas” de Tiahuanaco, de nuestro antiguo museo Paleontológico, traída a Valencia por Rodrigo Botet. Herederos plastificados aquellos de los “auto-iconos” del filósofo utilitarista Jeremy Bentham (1748-1832), cuyo esqueleto vestido se conserva en un armario de madera en el University College de Londres. Mortui viventes docent.Q.E.D.