domingo, 5 de febrero de 2012

EL SUEÑO DEL BELGA / LE RÊVE DU CELTE

Ricardo González Villaescusa

Reproducimos la introducción que hemos realizado al libro de Thomas Jacquemin Étude critique des premières origines pretées aux tribus celto-belges, Bruxelles, Mémoires de la Société Belge d'études celtiques, 2011, presentado el 26 de noviembre pasado en la XXIVe Journée de la SBEC y disponible desde ayer con ocasión de las XXVèmes Journées belges d'études celtologiques et comparatives organizadas por la SBEC y el Institut des Hautes Études de Belgique.

Los estudios sobre historiografía de la Antigüedad y sobre la historia de la arqueología y de la historia antigua son frecuentes. Desde hace una década, historiadores y arqueólogos nos hemos interesado especialmente por la historia y la construcción del pensamiento histórico y arqueológico.

Hacemos una "arqueología del saber" como diría M. Foucault de la arqueología. Nos adentramos en las significaciones profundas de las palabras empleadas por los investigadores de antaño con la finalidad de entender las razones, confesables o no, de sus conclusiones. Pretendemos así entender los cuestionamientos y problemáticas que tenían en mente y que han guiado sus investigaciones. Descubrimos a menudo que la arqueología es la más nacional de las disciplinas científicas; que el momento del nacimiento de la disciplina como el de la cristalización de las diferentes naciones son los mismos, y que la arqueología se encuentra en el centro neurálgico de intereses geopolíticos de primer orden porque afecta a la “materialidad” de la identidad inscrita en el territorio. Es la fábrica de un derecho histórico en expresión de J. P. Payot.

En este contexto epistemológico la arqueología encontró rápidamente el desarrollo de las tesis que asociaban el espacio y el territorio y los artefactos con G. Kossina como principal valedor que asimilará el evolucionismo dominante a finales del siglo XIX a una fuerte inspiración racial. Estas tesis marcarán profundamente la práctica de esta disciplina por la "Sociedad para la Investigación y Enseñanza sobre la Herencia Ancestral Alemana", la Das Ahnenerbe nazi dirigida personalmente por Himmler.

Olvidando, ¿inocentemente?, que la materialidad inherente a la arqueología puede ser objeto de manipulación, como los textos, la investigación arqueológica de las “Antigüedades Nacionales” fue fuertemente promovida en el siglo XIX. Una ruina de un oppidum, un objeto, una etnia de la antigüedad materializada por objetos enraizados en el suelo se convertían en la prueba ineludible de la ocupación primitiva del territorio. Surge entonces el mito de la creación de la nación que justifica y legitima la anexión o la reclamación de un territorio o de una porción de éste o, simplemente, contribuye a crear una ancestral “identidad nacional”.

Estatua de Ambiorix en Tongres
En una época en que dominaba el esencialismo, el volkgeist, los pueblos atraviesan temporalmente su contingencia espacial: Francia o Bélgica seguirán siendo Francia o Bélgica desde sus orígenes a nuestros días, de Lascaux al Louvre, de Boduognat o Ambiorix a Leopoldo II… En el proceso de construcción de los campos disciplinarios que se produjo en los siglos XIX y XX, se dio la paradoja de que, a pesar de que el espacio será la dimensión “olvidada” en una visión de la Historia marcada por el tiempo cronológico, el tiempo del calendario, la auténtica razón de ser del relato histórico, el marco espacial que representan las fronteras establecidas o futuribles, constituirá la servidumbre inmutable sobre la que se construirá el relato histórico.

Probablemente, todo esto es más evidente en el caso de Bélgica. Una nación nueva cuyo nombre, el adjetivo de una antigua provincia del Imperio Romano, caído en desuso desde el final de la antigüedad, es rescatado directamente de los textos antiguos, y desde el primer momento de retorno a los clásicos, el Renacimiento.

Thomas Jacquemin presenta un fresco en el que numerosos historiadores combinan sesgos étnicos o lingüísticos presentes en los autores antiguos: celtas, galos, germanos o belgas; rasgos físicos atribuidos a “razas” de la antigüedad: rubios o morenos, altos o bajos, braquicéfalos o dolicocéfalos; atributos: valentía, orgullo; y delimitaciones culturales y/o lingüísticas más recientes desde el punto de vista histórico: franceses o belgas, belgas o alemanes, flamencos o valones… El resultado acaba siendo explosivo en la Europa de la víspera de la Gran Guerra y del periodo de entreguerras.

Los prejuicios ya existían. El origen no era otro que el primer gran fenómeno de mestizaje mundial, los desplazamientos humanos a mayor escala desde la presencia humana sobre la tierra que había que acotar invocando, desde las tesis racistas, una pureza prístina. La novedad que aportaban las tesis arqueológicas o antropológicas no era otra que, en un periodo dominado por el positivismo, dar carta de naturaleza científica a los prejuicios y a las ambiciones de dominio de unos sobre otros. La arqueología y la historia antigua como ciencias del otro que fuimos en el mismo espacio que ocupamos, y la antropología, como ciencia del otro, en el espacio que occidente quería ocupar, aportaron los fundamentos científicos y jugaron un papel primordial en la construcción de los paradigmas científicos. ¿Pero ese papel no era también el de aportar luz sobre un periodo antiguo, puro, de un campesinado no corrompido, de una relación más directa con la naturaleza, en un mundo que se dirigía hacia la industrialización, la urbanización masiva y el mestizaje característicos de la modernidad? ¿La arqueología (la ruina) no es también una ciencia romántica por excelencia? ¿No es el agricultor del Neolítico o de finales de la Edad del Hierro el más próximo a una “relación natural” con el espacio, con la producción; la esencia de una nación embrionaria donde la antigüedad no sería otra cosa  que el prólogo de la modernidad?

Jacques Boucher de Perthes
Pero el autor no solamente acusa la deformación racista o nacionalista. Resulta agradable leer cómo, en el mismo momento, en condiciones científicas o sociales completamente comparables, existe una lista de autores que escapan, resistían, a la corriente cultural que desencadenó el odio algunos años más tarde. Autores como Boucher de Perthes, Clemence Royer, mujer que señalaba almundo árabe como ejemplo de desarrollo inasimilable a la cultura occidental; Gabriel de Mortillet o A. Lefevre… Una lista que da credibilidad al autor y desacredita a aquellos que justifican ciertos personajes en función del contexto social dominante. A pesar de todo, es posible resistir.

El autor defiende que, tras 1945, las formas cambiaron pero el fondo persistió. Tras Auschwitz, declararse abiertamente racista y practicar una arqueología consecuente es imposible. Según E. Hobsbawm es entonces cuando el nacionalismo lingüístico se convertirá en la versión políticamente correcta del racismo, lo que es coherente con la evolución historiográfica de la historia antigua que presenta el autor del libro que nos ocupa. Coincide con las tesis de otro autor español Francisco Gracia que ha trabajado sobre la práctica de la arqueología española en el periodo comprendido entre finales de la Guerra civil (1939) y 1956. En esencia, la arqueología española de los años 30 se encontraba bajo la influencia de la escuela historicista alemana, y durante este periodo de 17 años se practicó una arqueología falangista subsidiaria de Das Ahnenerbe. Aunque la evolución final de la guerra mundial y el inicio de la guerra fría, unidas a la necesidad del reconocimiento de la España franquista por la ONU, acabaron con esta experiencia, continuando la arqueología española marcada por un contexto científico y humano semejante al anterior a 1936, con la única excepción de los autores exilados, como consecuencia de su fuerte implicación con el gobierno legítimo de la II República.

Para alcanzar sus conclusiones, T. Jacquemin efectúa una labor de deconstrucción de los ejes principales de las tesis nacionalistas: la credibilidad de los textos antiguos, la credibilidad de la antropología física cuando se trata de distinguir “razas” y el relevo tomado por la lingüística en relación con la etnogénesis de los pueblos antiguos. Me limitaré solamente a enunciar algunos extremos que me parecen destacables y que incitarán al lector del prefacio a leer el libro, el objetivo de mi texto. En primer lugar la realidad geográfica concernida por el nombre de Gallia Belgica, epónimo del nombre del país actual, aspecto que nos ha conducido a colaborar conjuntamente en la realización de un artículo que ha visto la luz recientemente en la revista Études Rurales. La Gallia Belgica descrita por César, Estrabon Plinio o Ptolomeo, la Gallia Belgica deducida por la dispersión de los testimonios epigráficos o por los textos antiguos no es unívoca, es variable a lo largo del tiempo y en función de los objetivs de los autores antiguos y de los administradores del Imperio. Hay que destacar que Gallia Belgica no es más que una denominación de los colonizadores romanos que podría tener una correspondencia con una entidad territorial que podría, a su vez, encontrarse en plena configuración a finales de la Edad del Hierro, es decir, a la llegada de César a aquellas tierras. Los procesos de configuración territorial no son otra cosa que construcciones políticas y sociales en torno a rasgos comunes, la lengua, los mitos, los ritos, el folklore… Una vez aceptada, la identidad común no hará otra cosa que crecer: las generaciones siguientes adoptaran costumbres comunes en la vestimenta, empuñarán armas semejantes, hablarán lenguajes parecidos y las diferencias acabarán por disolverse lentamente de forma imperceptible. Es la forma como las sociedades han construido el nosotros respecto a ellos, o el extranjero presente, pasado o hipotético que no es nosotros.

La conclusión es clara. Ninguna línea de las divisiones administrativas, políticas y lingüísticas, actuales encuentran su justificación en la más ínfima línea de las antiguas divisiones administrativas, políticas, lingüísticas o étnicas de la antigüedad. La actual Bélgica solo tiene en común su nombre con la antigua división provincial romana o con el probable Belgium que pudo preceder a la llegada de César. por la misma razón que César denominó, probablemente, toda una región, desde el Sena al Rhin, por el nombre de una porción de territorio más reducida, en 1830 se denominó con un adjetivo, Bélgica, una parte de la antigua realidad administrativa, el nuevo país que, tras un largo paréntesis “renacía de sus cenizas”. En otras palabras, no hay un Belgium puro, como una Gallia Belgica de origen, menos artificiales que la Bélgica actual (podríamos continuar con la lista de las Naciones Unidas...). La “acusación” de mistificación de cualquier estado o división administrativa reciente o histórica es trivial, hasta para los primeros que se hicieron llamar belgas. Espacio y territorio, como lengua o cultura son constructos sociales. Las “fronteras naturales” solo lo son para los que quieren aprovecharse de ellas. Y los textos de los antiguos no tienen ningún valor de prueba porque dicen una cosa y su contraria en función de la época y de los intereses, en ocasiones legítimos, de los autores que los describen. El “pecado” es de los autores modernos que toman sus afirmaciones como realidades geográficas transferibles a nuestro concepto de territorio. ¿No alcanzaría, en realidad, el Rin la categoría de “frontera natural” tras la clades variana y el repliegue del ejército romano a la orilla segura? La búsqueda de una entidad territorial natural es una utopía en el sentido original del término.

Por otra parte, me parece oportuno destacar la deconstrucción de los atributos de las etnias en función de los intereses romanos y de los mismos pueblos. De repente, la mítica bravura de los Belgas, según el mismo César nos transmite (por oposición a la docilidad de los aliados de Roma, los Remi, de la actual Reims en Champaña) es una reacción de los pueblos en relación, también, con sus propios intereses. Como ha sido demostrado desde hace tiempo, el norte de la Galia intercambiaba bienes con el Mediterráneo y con Roma más tarde. Pero este “norte” se detenía alrededor de la línea formada por el Sena y el Aisne. Más al norte, el auténtico norte alejado del centro de un mundo dinámico, no se interrelacionaba con la civilización mediterránea. Los pueblos de este norte no hacían uso de ciudades ni de estructuras sociales propias de las sociedades comerciantes, “abiertas” a otras sociedades para intercambiar con ellas, y, por consiguiente, tampoco tenían fuerzas en disposición de enfrentarse a la armada más potente del mundo. Entonces ¿de qué servían los cantos de sirenas de mercaderes de Roma? Los Remi tenían todo que ganar de esta alianza con Roma tras varias generaciones de mercaderes que obtenían beneficio de esos intercambios. En definitiva, eran “listos”, y, aquellos que no tenían nada que intercambiar, valientes, osando resistir al altruismo de los intercambios comerciales de los que no sabían siquiera de qué podían servirles esos intercambios. Seguro que una o dos generaciones más tarde, aquellos que se instalaron en el interior de una cuadrícula de calles ortogonales de las nuevas ciudades construidas por los ejércitos de Roma, aunque en casas-establo previas a la conquista con sus amplias familias de la estructura de parentesco propia de sus aldeas, comprendieron perfectamente el envite y se volvieron “listos”. La “romanización” explicada a mi hija.

La proliferación de los estudios de las naciones y del nacionalismo permite suponer que el fenómeno está en declive aunque la evolución de la actual Unión Europea no permite imaginarlo. La nación ya no es el marco de referencia desde los años 70 y existen propuestas para sobrepasar el nacionalismo en beneficio de un cosmopolitismo metodológico postulado por el pensador alemán U. Beck. es de esperar que el estudio de T. Jacquemin como el de su maestro E. Warmenbol, contribuyan a la construcción de ese cosmopolitismo. Tal y como afirma explícitamente E. Hobsbawn : el nacionalismo es intrínsecamente hostil a las auténticas tradiciones del pasado o se erige sobre sus ruinas. Mientras que E. Warmenbol nos recuerda que los científicos somos los “aguafiestas” cuando se trata de desenmascarar la “confusión cuidadosamente urdida sobre la definición de la antigua Bélgica”.

En la última novela del premio Nobel de literatura Mario Vargas Llosa, El sueño del celta, no es otra cosa que esa misma utopía erigida sobre las ruinas de la tradición y del pasado de un nacionalista irlandés. R. Casement acaba convirtiéndose nacionalista cuando descubre las atrocidades realizadas a los otros en nombre del progreso y de la expansión de las fronteras de occidente a finales del siglo XIX y a principios del XX. ¿Por qué aceptar lo misma en su casa, en nuestra casa, en Irlanda? El sueño del celta es el orgullo de ser celta, el amor por las tradiciones y la lengua de una edad dorada que precedió al opresor británico. En realidad un sueño imposible, irreal, que ha contribuido a construir las identidades de todas las naciones del siglo XX.

Bibliografía (al final del texto francés)

LE RÊVE DU CELTE
(Pre-print del texto francés)

Les études sur l’historiographie antique, sur l’histoire de l’archéologie et l’histoire ancienne sont à l’ordre du jour. Depuis une dizaine d’années, historiens et archéologues se sont vivement intéressés à l’histoire de la pensée historique et archéologique. Nous faisons ainsi une archéologie de l’archéologie. Puisons dans les significations profondes des mots employés par les chercheurs d’antan afin de comprendre les raisons avouables, ou non, de leurs conclusions. Nous essayons ainsi d’appréhender les questionnements et problématiques qu’ils avaient en tête et qui ont guidé leurs recherches. Nous découvrons souvent que l’archéologie est la plus nationale des disciplines scientifiques, que le moment de la naissance de cette discipline ainsi que celui de la cristallisation des différentes nations sont les mêmes, et que l’archéologie est au cœur d’enjeux géopolitiques de premier ordre parce qu’elle touche la « matérialité » de l'identité inscrite dans le territoire. C'est la fabrique d'un droit historique dans l’expression de J.-P. Payot. Dans ce cadre conceptuel l’archéologie trouva vite un développement dans des thèses qui associaient l’espace et le territoire aux artefacts avec G. Kossina comme principal auteur qui assimilera l’évolutionnisme dominant à la fin du XIXe siècle avec une forte inspiration raciale. Thèses qui marqueront fortement la pratique de cette discipline par la "Société pour la recherche et l'enseignement sur l'héritage ancestral allemand", la Das Ahnenerbe nazie.

Négligeant que l’archéologie est aussi un objet de manipulations comme les textes, la recherche archéologique des « Antiquités Nationales » fut impulsée fortement au XIXè siècle : un oppidum, un objet, une ethnie de l’antiquité définie par des objets ancrés au sol étaient la preuve incontournable de l’occupation préalable du territoire. Apparaît alors un mythe de la création de la nation qui justifie et légitime l’annexion ou la réclamation d’un territoire ou d’une portion de celui-ci ou bien, tout simplement, qui contribue à créer une ancestrale « identité nationale ».

A cette époque qui domine l’essentialisme, le volkgeist, les peuples traversent temporellement leur contingence spatiale : la France ou la Belgique restent la France ou la Belgique depuis leurs origines à nos jours, de Lascaux au Louvre, de Boduognat ou Ambiorix à Leopold II… Dans la construction des champs disciplinaires au XIXè et XXè siècles se donne le paradoxe de que, malgré le fait que l’espace restera la dimension « oubliée » dans une vision de l’Histoire marquée par le temps chronologique, celui du calendrier, la vraie raison d’être du récit historique, en réalité le cadre spatiale qui représente les frontières fixes ou envisageables, restera le carcan immuable autour duquel le récit chronologique sera construit.

Ceci est probablement plus évident dans le cas de la Belgique. Une nouvelle nation dont le nom, qui désignait une ancienne province de l’Empire Romain, tombé en désuétude depuis la fin de l’Antiquité, est pris directement des textes anciens. Et cela, déjà, depuis le premier moment de retour aux classiques : la renaissance. A partir de ce moment coexisteront plusieurs géographies, celle(s) de l’Antiquité et l’actuelle. Les fluctuations de la Gaule Belgique selon les auteurs et/ou les différents moments historiques : César, Strabon, Pline, Ptolémée, sont invoqués d’avantage en fonction des intérêts de chaque auteur et de chaque projet d’une entité territoriale ou identitaire.

Thomas Jacquemin trace un tableau dans lequel nombreux historiens mêlent des clivages ethniques ou linguistiques utilisés par les auteurs antiques comme celtes, gaulois, germains ou belges ; traits physiques attribués aux « races » de l’Antiquité : blondes ou brunes, grandes ou petites, brachycéphales ou dolichocéphales ; attributs : bravoure, fierté ; et délimitations culturelles et/ou linguistiques plus récentes du point de vue historique : français ou belges, belges ou allemands, flamands ou wallons... Le résultat résulte explosif dans l’Europe de la veille de la Grande Guerre et d’entre guerres.

Il est évident que les préjugés existaient au préalable ; que le point de départ de ceux-ci n’était autre chose que le premier grand phénomène de brassage mondial, les déplacements humains à plus grande échelle depuis la présence humaine sur la terre auxquels il fallait résister, d’après les thèses racistes, invoquant une pureté primitive. La nouveauté de l’apport des thèses archéologiques ou anthropologiques n’est autre que, dans une période dominée par le positivisme, celle de donner carte de nature scientifique aux préjugés et aux ambitions de domination des uns par rapport aux autres. L’archéologie et l’histoire ancienne comme sciences de l’autre que nous étions au même espace que nous occupons et de l’anthropologie, comme science de l’autre de l’espace que l’occident voudrait occuper, apportèrent les bases scientifiques et jouèrent un rôle majeur.

Mais ce rôle n’était-il pas également celui d’apporter un éclairage sur une période précédente, pure, d’une paysannerie non corrompue, d’un rapport direct avec la nature dans un monde qui changeait vers l’industrialisation et l’urbanisation massive et de métissage caractéristiques à la modernité ? L’archéologie (la ruine !) n’est-elle pas aussi une science romantique par excellence ? L’agriculteur du Néolithique ou de la fin de l’Age du Fer est le plus proche d’un « rapport naturel » à l’espace, à la production ; l’essence d’une nation embryonnaire dont l’Antiquité n’est que le prologue de la modernité.

Mais l’auteur n’accuse du bout du doigt que la déformation raciste ou nationaliste. Il résulte agréable de lire comment, au même moment, dans des conditions scientifiques et sociales tout à fait comparables, il existe une liste d’auteurs qui échappaient, résistaient, à la vague culturelle qui déchaina la haine quelques années plus tard. Des auteurs comme Boucher de Perthes, Clemence Royer, femme, qui montrait le monde arabe comme exemple d’essor culturel inassimilable à la culture occidentale ; Gabriel de Mortillet ou A. Lefevre… Cette liste donne crédibilité aux thèses de l’auteur et discrédite à ceux qui justifient certains personnages par rapport au contexte social dominant. Malgré tout il est possible résister !

L’auteur soutien qu’après 1945 les formes ont changé mais le fond est resté. Après Auschwitz, se déclarer ouvertement raciste et pratiquer une archéologie conséquente est impossible. Mais le nationalisme linguistique deviendra la version politiquement correcte du racisme d’après E. Hobsbawm ce qui est cohérent avec l’évolution historiographique de l’Histoire ancienne que montre l’auteur. Il rejoint les thèses d’un autre auteur espagnol qui a travaillé sur la pratique de l’archéologie espagnole dans la période comprise entre la fin de la Guerre civile, 1939, et 1956. En essence, l’archéologie espagnole des années 30 était sous l’influence de l’école historiciste allemande, et pour cette période de 17 ans il fut tenter de mener jusqu’au bout une archéologie phalangiste fortement inspirée par Das Ahnenerbe, mais l’évolution finale de la guerre mondiale et le début de la guerre froide, ainsi que le besoin de reconnaissance de l’Espagne franquiste auprès de l’ONU, ont fini avec cette expérience et l’archéologie espagnole a continué, marquée par un cadre (et les cadres) scientifique identique à celui d’avant 1931 à l’exception des auteurs exilés à cause de leur forte implication avec le gouvernement légitime de la IIe République.

Pour arriver à ses conclusions, T. Jacquemin opère une tâche de déconstruction sur les axes majeurs des thèses nationalistes : la crédibilité des textes anciens, la crédibilité de l’anthropologie physique quand il s’agit de distinguer des races et le relais pris par la linguistique par rapport à l’ethnogenèse. Je n’énoncerais que quelques extrêmes qui me paraissent remarquables et qui inciteront au lecteur de cette préface à lire le texte de l’auteur, le vrai but de mon texte.

D’un coté la réalité géographique et politique concernée par le nom de Gaule Belgique, éponyme du nom actuel du pays, un aspect qui nous a amené à collaborer ensemble pour produire un article qui sera publié prochainement. La Gaule Belgique décrite par César, Strabon, Pline ou Ptolémée ; la Gaule Belgique déduite par la dispersion des témoins épigraphiques ou des textes anciens n’est univoque, elle est très variable le long du temps et en fonction des objectifs des auteurs anciens et des administrateurs de l’Empire. Il faut souligner que Gaule Belgique n’est qu’une dénomination des colonisateurs romains qui pourrait avoir un correspondant sur une entité territoriale qui pourrait, à son tour, être en pleine formation à la fin de l’Age du Fer, donc, à l’arrivée de César dans nos contrées. Les processus de configuration territoriale ne sont que des constructions politiques et sociales autour de traits communs existants ou recherchés jusqu’à leur acceptation identitaire : ancêtres communs, langue, mythes, rites, folklore… Une fois acceptée, l’identité commune, celle-ci ne fera que croître : les générations suivantes adopteront des habitudes communes à l’heure de s’habiller, de porter des armes, de parler et les différences finiront par se dissoudre lentement de manière imperceptible. C’est la manière par laquelle les sociétés ont construit le nous par rapport aux autres, ainsi que l’étranger présent, passé ou hypothétique qui n’est pas nous.

La conclusion est claire. Pas une seule ligne des divisions administratives, politiques et linguistiques, actuelles ne trouvent leur justification dans la moindre ligne des anciennes divisions administratives, politiques, linguistiques, ethniques de l’Antiquité. La Belgique actuelle n’a que le nom en commun avec l’ancienne division provinciale romaine ou le probable Belgium qui aurait précédé l’arrivée de César. De la même manière que César a très probablement dénommé toute une région, de la Seine au Rhin, par le nom d’une partie plus réduite, en 1830 on a dénommé avec un adjectif, Belgique, une partie de l’ancienne réalité administrative, le nouveau pays qui après une large parenthèse « renaissait de ses cendres ». Autrement dit, il n’y a pas un Belgium pure, ni une Gallia Belgica d’origine moins artificielles que la Belgique actuelle (et on pourrait continuer avec la liste des Nations Unies). « L’accusation » d’artificialité de n’importe quel état ou division administrative récente ou historique n’est qu’un poncif, même pas pour la première peuplade qui se fit appeler belge. Espace et territoire comme langue ou culture sont des constructions sociales. Les « frontières naturelles » ne le sont que pour ceux qui veulent en profiter ! Et les textes des anciens n’ont aucune valeur probatoire parce qu’ils disent une chose et leur contraire en fonction des époques et des intérêts, souvent légitimes, des auteurs. Le « péché » reste du coté des auteurs modernes qui prennent leurs affirmations comme argent comptant. En vérité, le Rhin ne serait-il une « frontière naturelle » qu’après la clades variana et le retrait des armées romaines à la partie sûre ? La recherche d’une entité territoriale « naturelle » n’est qu’une utopie, au sens originale du terme.

L’autre extrême qui me parait opportun de signaler est la déconstruction des attributs des peuples en fonction des intérêts romains et des peuples eux mêmes. Du coup, la bravoure mythique des Belges d’après César (en opposition à la docilité des Rèmes, alliés de Rome) n’est qu’une réactivité des peuples par rapport, aussi, à leurs propres intérêts. Comme il a été bien démontré depuis déjà un moment, le nord de la Gaule échangeait des produits avec la Méditerranée et avec Rome plus tard. Mais ce « nord » s’arrêtait autour de la ligne formée par la Seine et l’Aisne. Plus au nord, le vrai nord, n’échangeait pas avec la civilisation méditerranéenne, les peuples de ce nord n’avaient pas de villes ni d’organisation sociale proche à celle qui est propre des peuples marchands, ouverts à d’autres sociétés pour échanger avec elles et, par conséquent, n’avaient pas de forces en mesure de s’opposer à l’armée la plus puissante du monde connu. Mais à quoi bon l’influence des chants des sirènes marchandes de Rome ? Les Rèmes avaient tout intérêt à être alliés de Rome suite aux générations de « marchands » qui tiraient leur profit de ces échanges. En résumé, ils étaient « sages », et ceux qui n’avaient rien à échanger étaient « braves » et osaient résister à la bienveillance des échanges marchands dont ils ne savaient pas à quoi ils pourraient leur servir. Bien sûr qu’une ou deux générations plus tard, ceux qui se sont installés, au sein du carroyage des rues des nouvelles villes construites par l’armée romaine et des maisons étables d’avant la conquête et ses larges familles à la structure parentale propre au village, ont très bien compris et sont devenu « sages » également. Voici la romanisation expliquée à mon fils.

La prolifération des analyses des nations et du nationalisme laissent penser que le phénomène est en déclin. Depuis les années 60 et 70 la nation n’est plus le cadre de référence et il existe aujourd’hui des propositions pour dépasser le nationalisme en bénéfice d’un cosmopolitisme méthodologique postulé par le penseur allemand U. Beck ; j’espère bien que l’étude de T. Jacquemin, comme celle de son maître E. Warmenbol, contribue à la construction de ce cosmopolitisme. Comme Hobsbawn l’affirme explicitement : le nationalisme est en soi hostile aux véritables traditions du passé ou s’érige sur ses ruines. E. Warmenbol, de son coté, nous rappele que les scientifiques sont des trouble-fêtes… quand il s’agit de démasquer la « confusion soigneusement entretenue, autour de la définition de Belgique antique ».

Dans le nouveau roman du récent prix Nobel de littérature, M. Vargas Llosa, El sueño del celta, « Le rêve du celte », n’est autre chose que cette utopie érigée sur les ruines de la tradition et du passé d’un nationaliste irlandais. R. Casement devient nationaliste quand il découvre l’atrocité faite aux autres au nom du progrès et de l’expansion des frontières d’occident à la fin du XIXe et au début du XXe siècle. Pourquoi accepter la même chose chez-soi, chez nous, en Irlande ? Le rêve du celte, n’est que la fierté d’être celte, l’amour pour les traditions et la langue d’un âge dorée précédent l’oppresseur britannique.

Un rêve impossible et irréel en réalité mais qui a contribué à construire l’identité de toutes les nations du XXè siècle.

Bibliografía / Bibliographie
  • U. Beck, Qu'est-ce que le cosmopolitisme ?, Paris, Éditions Aubier, 2006. 
  • S. Dubois, L'Invention de la Belgique. Genèse d'un État-nation (1648-1830), Bruxelles, Éditions Racine, 2005. 
  • F. Gracia Alonso, La arqueología durante el primer franquismo (1939-1956), Barcelone, Bellaterra, 2009. 
  • E. Hobsbawn, Nations et nationalismes depuis 1780 : programmes, mythe et réalité, Paris, Gallimard, 1992. 
  • J.-P. Legendre, L. Olivier, B. Schnitzler (dir.), L'archéologie nazie en Europe de l'Ouest, Gollion (Suisse), Ed. Infolio, 2007. 
  • J.-P. Payot, La guerre des ruines. Archéologie et géopolitique, Paris, Choiseul, 2010. 
  • M. Vargas Llosa, El sueño del celta, Madrid, Alfaguara, 2011. 
  • I. Wallerstein, Ouvrir les sciences sociales, Paris, Descartes & Cie, 1996. 
  • E. Warmenbol, La Belgique gauloise. Mythes et archéologies, Bruxelles, Racine, 2010. 
  • G. Chouquer, “L'exception ? Un récit français de l'identité territoriale”, in Une exception si française, Cosmopolitiques, n° 16, 2006, 145-156.

lunes, 30 de enero de 2012

ARQUEOGEOGRAFÍA Y DISCIPLINAS VECINAS



Una nueva contribución dedicada a la Arqueogeografía como núcleo central (cf. Nouvelles de l'Archéologie dedica un número a la Arqueogeografía). 

Esta vez es la revista Études Rurales, fundada por I. Chiva, G. Duby y D. Faucher, y editada por la École des hautes études en sciences sociales, la que dedica una nueva serie de estudios a la Arqueogeografía y las disciplinas geohistóricas. Études rurales, nº 188, julio-diciembre 2011.

Originado por una preocupación arqueogeográfica, este nuevo número reúne dos series de contribuciones.

La primera profundiza en el trabajo de reformulación de objetos científicos emprendido hace unos diez años, siempre con la misma preocupación de reflexionar sobre la genealogía de las ideas. 

La segunda serie de estudios confía a otras disciplinas vecinas, aunque diferentes, la tarea de reflexionar sobre la manera en que éstas abordan sus propios objetos científicos. Nos movemos así de la geografía histórica a la historia de las formas urbanas, pasando por la arqueología de los paisajes británica. 

Las disciplinas geohistóricas se enfrentan hoy a una situación epistemológica delicada: asumir, entre ellas y frente a otras disciplinas, una forma de independencia esencial que obliga a preguntarse, a su vez, cómo se construyen los objetos superando algo más que una voluntarista interdisciplinariedad.

ÍNDICE 

9 ... ... ... Ricardo González Villaescusa

Archéologie du savoir et paradigmes de l'archéogéographie 

21 ... ... ... Robin Brigand 
39 ... ... ... Magali Watteaux 
73 ... ... ... Marie-Pierre Buscail 
93 ... ... ... Ricardo González Villaescusa & Thomas Jacquemin 

Objets et paradigmes des disciplines voisines 

115 ... ... ... Nicolas Verdier & Marie-Vic Osouf-Marignier 

Postface

181 ... ... ... Gérard Chouquer 

Articles libres 

191 ... ... ... Salvador Juan 

Comptes rendus (acceso al pdf)

John R. McNeill, Du nouveau sous le soleil : une histoire de l’environnement mondial au XXe siècle. Traduit de l’anglais par Philippe Beaugrand. Seyssel, Champ Vallon, « L’environnement a une histoire », 2010, 523 p.
Bertrand Hervieu et Jean Viard, L’archipel paysan. La fin de la république agricole. La Tour-d’Aigues, Les Éditions de l’Aube, 2011, 141 p.
Ronald Hubscher, Cinéastes en campagne. Paris, Éditions du Cerf, 2011, 348 p.
Olivier Mora ed., Les nouvelles ruralités à l’horizon 2030. Des relations villes-campagnes en émergence ? Versailles, Éditions Quæ, 2008, 111 p.
Jocelyne Porcher, Vivre avec les animaux. Une utopie pour le XXIe siècle. Préface d’Alain Caillé. Paris, La Découverte, « Textes à l’Appui - Bibliothèque du MAUSS », 2011, 162 p.

viernes, 27 de enero de 2012

DOS AÑOS DE PLAUDITE CIVES

En la víspera de cumplir la segunda añada de fidelidad de nuestros lectores, Plaudite Ciues vuelve su mirada sobre el pasado año 2011 con la satisfacción del deber cumplido. 

En los pasados meses estivales fuimos capaces de romper nuestro techo de visitantes, con cumbres estadísticas mensuales que oscilaron entre las 1000 y 2000 entradas y medias que oscilan sobre algo más de unos 10 visitantes que visionan unas 20 páginas diarias, centradas especialmente en algunos textos privilegiados como “Novedades sobre la Centuriación en la península Ibérica" (486 páginas vistas), “Apólogo de Filodemo: la luna y los cangrejos” (370 páginas vistas) o “Simulacra Romae II” (303 páginas vistas), con un mes de enero que es el segundo mes con más páginas vistas (1150) por detrás de junio de 2011.

En lo cualitativo ha sido muy grato comprobar el haber conseguido “marcar” agendas mediáticas de ámbito autonómico con nuestros textos de debate, dedicados a la problemática del patrimonio eclesiástico: “El patrimonio eclesiático… ¿es sagrado?” (Levante-EMV, 5-11-11), origen del texto periodístico “Obras públicas para Dios” (Levante-EMV, 27-11-11) y de nuestra apostilla “Las goteras de la casa de Dios” (Levante-EMV, 30-12-11) y otras secuelas menos evidentes. Del mismo modo, hace casi un año que anunciamos la "desaparición" de la arqueología de salvamento en la ciudad de Valencia, consolidada por escrito en el PGOU, en El tango de la arqueología en el PGOU (Levante-EMV, 7-2-11), aupado por los lectores de Levante-EMV al grupo de las 10 noticias más votadas, al igual que el reciente Las goteras...

En esta recapitulación, de un año difícil en lo personal y en el que uno de nosotros ha iniciado un nuevo proyecto universitario a orillas del Var, nos ha parecido reseñable, más allá del natural predominio de usuarios de este blog, procedentes, lógicamente, de España y Francia, que los lectores de Estados Unidos se hayan aupado a una meritoria segunda plaza (de países extranjeros) con 1079 páginas vistas y que se haya incorporado Rusia al "top ten" de países, provocado con certeza por nuestro texto ¿Arqueología de estado? o Vladimir Putin en neopreno y la frecuentación de países como Alemania o Bélgica, probablemente como consecuencia de Los Wikileaks de la arqueología y la mención del Hermannsdenkmal, monumento de Arminius o el monumento de Ambiorix. No deja de sorprender la presencia de algunos visitantes ¿despistados? que nos leen desde China, Australia, o Filipinas.

Tampoco podemos obviar como fuente de tráfico privilegiada el blog de referencia Arqueología y patrimonio, reconvertido recientemente en un sitio Facebook, o el blog El Nuevo miliario  con el que hemos debatido en términos absolutamente cordiales.

En esta mirada hacia atrás constatamos, quizá fruto de un cierto “feedback” con los internautas, la consolidación de etiquetas de temas como la arqueología y la geopolítica, sin hacer remilgos a la glosa de géneros como la fábula histórica de autores como V. Muñoz Puelles, en el texto estival “El sarcófago de la dama” o la estricta crítica arqueológica en nuestro polémico “Reinos de Taifas”, sobre la reatribución cronológica de la alcazaba islámica de Onda, Castellón.

Por consiguiente, en la medida en que nos siga llegando el hálito del interés de los nuevos “argonautas” ciberculturales del siglo XXI sobre las temáticas que aquí desplegamos, y como no, de nuestras propias fuerzas, siguiendo disfrutando, continuaremos nuestra labor repitiendo, una vez más, que si la representación del año 2011 fue de su gusto... Plaudite Cives!

miércoles, 25 de enero de 2012

EL LOUVRE SE HARÁ CARGO DEL HÔTEL DE LA MARINE

El Hôtel de la Marine. Le Monde
Le Monde, anunciaba ayer que el presidente Nicolas Sarkozy había declarado que hacía suyo el informe presentado por el expresidente V. Giscard d'Estaing en el que se proponía que el museo del Louvre fuera el "socio privilegiado del Estado" para devolver al público, al menos, parte de los espacios de este monumento histórico.

Tal y como recogíamos en Polémica en torno al Hôtel de la Marina, la sociedad francesa había reaccionado con fuerza ante la posibilidad de una privatización del patrimonio cultural. Entre ellos personalidades, como el ex-presidente Giscard d'Estaing, quien había declarado entonces “he firmado para que el Estado conserve el monumento, aunque es posible entender que el Estado se vea obligado a deshacerse de edificios cuyo mantenimiento constituye una onerosa carga presupuestaria, debe prevalecer el interés patrimonial”.

La resistencia a dicho proyexto del antiguo jefe de Estado le llevó a presidir la comisión que finalizó el informe el pasado mes de septiembre y que, felizmente, parece zanjar la polémica.

sábado, 21 de enero de 2012

FRANCIA RESTITUYE A NUEVA ZELANDA LAS CABEZAS MOMIFICADAS DE GUERREROS MAORÍES

Guerrero Maorí 1784. UNESCO
El ministro de Cultura, Frédéric Miterrand, devolverá oficialmente a Nueva Zelanda las 16 cabezas de guerreros maoríes que se encontraban dispersas en diversos museos franceses. El acto de restitución a las autoridades neozelandesas se realizará en el transcurso de una ceremonia el próximo lunes en el museo Quai Branly. 

La restitución se realiza a instancias de la solicitud del museo Papa Tongarewa de Nueva Zelanda, a pesar de que la legislación francesa no contempla este tipo de restituciones. Para ello en mayo de 2011 la Asamblea Nacional adoptó por unanimidad una proposición de ley que restituía dichas cabezas a Nueva Zelanda, lo que ha valido el reconocimiento de la UNESCO, tal y como hemos venido defendiendo en este blog: Sepulcros de cristal y Reis tombes i savis. 

Las cabezas pertenecían a guerreros cuyos cuerpos eran decorados con tatuajes a lo largo de sus vidas y en función de sus logros en sufridos rituales con la ayuda de psicotrópicos y músicas que les ayudaban a sobrellevar el trance. Sus enemigos las conservaban a modo de triunfos cuando los eliminaban, de forma similar a como hemos visto recientemente que hacian sus homónimos galos en Sobre ritos, hombres y territorios. 

Cabeza Maorí. © Delphine Zigoni Muséum de Rouen
Con la llegada de los europeos y la necesidad de imponerse a sus enemigos algunos de estos preciados bienes fueron intercambiados por armas de fuego. El aumento de la demanda de armas de fuego y de cabezas desestabilizó el macabro "mercado" y algunos se impacientaron, eliminando a sus enemigos antes de entrar en combate y dispersando un buen número de estas cabezas por toda Europa, como explica Gilles Boeuf, director del Museo Nacional de Historia natural en una entrevista a la radio pública France Info.


Con ocasión de este acto, el museo realiza una serie de actividades relacionadas directa o indirectamente con la exposición de restos humanos en los museos. Una exposición "Sus tesoros tienen alma", el coloquio que tiene lugar hoy mismo "Autour de la restituion des têtes Maori" cuyo programa gira en torno a aspectos de la cultura maorí, la investigación biológica, genética, biométrica o de antropología forense, en relación con los aportes científicos y éticos de estas prácticas y el acontecimiento científico organizado en torno a su devolución; o, el interesante coloquio internacional que se desarrolla entre el 24 y el 25 de enero "Autour des zoos humains".

Entrevista a Gilles Boeuf en France Info (francés).

miércoles, 11 de enero de 2012

INDIANA JONES EN LA CIUDAD DEL SANTO GRIAL

Ricardo González Villaescusa
Josep Vicent Lerma

Levante-EMV, domingo 8 de enero de 2012

El mediático desembarco europeo en la Ciudad de las Ciencias de Valencia de la exposición “Indiana Jones y la aventura de la arqueología”, producto de la factoría Lucasfilm Ltd. y National Geographic, procedente del otro lado del Atlántico, al igual que otros espectáculos como el famoso Cirque du Soleil, nos ha parecido una oportuna ocasión para una primera reflexión sobre los publicitados objetivos pedagógicos de la misma, construida en torno a una saga cinematográfica de éxito que, justo es reconocerlo, en los últimos 30 años, no ha dejado de suscitar nuevas vocaciones arqueológicas y ha generado en estas mismas páginas celebrados titulares como "Indiana Broch y la tumba maldita" (Levante-EMV, 30-12-93) o "El almacén de Indiana Jones" (Levante-EMV, 17-09-11). 

Vaya por delante que nada hay que objetar en contra del principio de que se puede enseñar deleitando. Tampoco está de más, insistir en que, habiendo disfrutado de la muestra uno de nosotros, acompañado de sobrinos, ésta resulta sin duda un oportuno y divertido complemento estacional de circos, ferias y otras diversiones navideñas al uso. Sin embargo, se puede colegir razonablemente, que el principal objetivo confeso por Manuel Toharia de divulgación de la arqueología como disciplina académica, so pretexto del personaje encarnado por Harrison Ford permanece en esencia frustrado.

En este sentido, el principal error de la instalación expositiva, presentada con grandes medios técnicos en el buque insignia del complejo temático de la CAC, proviene en nuestra opinión de un discurso poco comprometido con la realidad arqueológica, cuando no ambiguo, lastrado con demasiada quincalla ideológica, en el que algunos conceptos son difícilmente discernibles para los no iniciados.

Un ejemplo servirá de botón de muestra. En el montaje escenográfico se afirma sin medias tintas que las tesis de Erich von Däniken, sobre intervenciones de origen extraterrestre en la construcción de los geoglifos peruanos, son poco menos que inverosímiles. Pero si en realidad el curator de la "Aventura de la Arqueología" sostiene sinceramente esta tesis, ¿a cuento de qué viene dedicar todo un pabellón a las pistas de Nazca? Especialmente, si se tiene en cuenta que una de las vitrinas se exhibe el esqueleto de cristal de un “extraterrestre”, que sirvió para la cuarta entrega de la serie “Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal”, donde precisamente se daba pábulo a una pseudo-arqueología de inspiración alienígena.

En otro orden de cosas, mayor enjundia en cuanto idea-fuerza abrazada por los creadores del evento, parece tener el de una arqueología completamente entregada a la corriente del historicismo, que no es precisamente la más actual. Se trata de una tendencia que en el campo arqueológico incorporó el difusionismo antropológico de F. Boas y que dominó el panorama académico de la arqueología americana hasta los años 60. Esto es, una escuela positivista que no se planteaba demasiados problemas metodológicos sino que confiaba el avance de su disciplina a la acumulación y compilación de conocimientos del pasado de una determinada región y cuyo objetivo último consistía en crear seriaciones cronológicas e históricas del pasado a través del estudio de las clases sociales altas y de sus manifestaciones arquitectónicas. Una práctica que la reducía a una ciencia auxiliar de la Historia, sin discurso autónomo, del acontecimiento, casi una anticuaria artística y estetizante… Una arqueología, en definitiva, del National Geographic, en la que el arquetipo humano de Henry Walton Jones Jr., no es otro que Alfred V. Kidder (1885-1963) y, en la ficción, el actor Humphrey Bogart en "El tesoro de Sierra Madre" en el papel de Fred C. Dobbs (1948).

Para mayor abundamiento, las piezas reales exhibidas corresponden a los expolios de una arqueología de traza "colonial" poco ética. Los grandes escenarios de los films de Indiana Jones lo demuestran: Egipto, Asia central, India, Sudamérica…, sucediéndose como localizaciones de una praxis arqueológica depredadora de objetos preciosos en países dependientes. La arqueología nazi, o el inevitable arqueólogo provisto de pistola o látigo redundan en esta mirada. Colonialismo rancio al que no es ajena la visión corta y estereotipada que de la arqueología valenciana parece tener o consentir el comisario de la exposición Fredrik Hiebert, de quien la página oficial de la institución a la que pertenece dice significativamente “Volvió a descubrir el oro bactriano perdido en Afganistán en arqueología 2004 y fue el comisario de la exposición del National Geographic en Afganistán: Tesoros ocultos del Museo Nacional de Kabul, que recorrió los principales museos internacionales y de los Estados Unidos”.

Tan parca y menguada noción de las tierras valencianas, que no puede pasarse por alto la sal gruesa de que F. Hiebert, parece ignorar olímpicamente, sin la más mínima mención o justificación, la existencia del Santo Cáliz en la catedral de Valencia, cuya antigüedad –que no necesariamente autenticidad- acreditaron los trabajos del arqueólogo Antonio Beltrán, el “Ier Congreso Internacional del Santo Cáliz: la ciudad del Santo Grial”, celebrado en Valencia entre los 7 y 9 de noviembre de 2008, primó frente a sus competidores como el “Sacro Catino” de Génova y al que la propia National Geographic ha dedicado precisamente uno de sus primeros capítulos de la serie “Expedientes misterio de la antigüedad”.

viernes, 30 de diciembre de 2011

LAS GOTERAS DE LA CASA DE DIOS

Ricardo González Villaescusa 
Josep Vicent Lerma

Levante-EMV, viernes 30 de diciembre de 2011

El documentado reportaje «Las obras públicas para Dios» de Paco Cerdá publicado en estas páginas parece ser, en realidad, un sano debate público consecuencia natural de nuestro proactivo artículo de opinión «El patrimonio eclesiástico es ¿sagrado?» (Levante-EMV, 5-11-11). El documento periodístico fue redondeado con las justificaciones en pro de las ayudas públicas destinadas a la conservación del patrimonio eclesial valenciano 159,5 millones de euros en 12 años del canónigo Jaime Sancho, casi una semana después de la entrevista de este mismo periodista («Que la Iglesia conserve su patrimonio, que no es pobre») a Antonio Pérez Solís presidente de la Associació Valenciana d´Ateus i Llibrepensadors (AVALL) (Levante-EMV, 21-11-11), vocero de las posiciones contrarias. 

Por ello consideramos justo y necesario aceptar el envite intelectual, dando ahora fiel contrapunto al lugar común con ínfulas de biblia pauperum o aviso a navegantes agnósticos del aludido presidente de la comisión de patrimonio histórico-artístico del arzobispado de Valencia. «En cada pueblo había un castillo, un palacio y una iglesia. Los castillos desaparecieron con el final del feudalismo; los palacios se extinguieron al desaparecer el estatuto de la nobleza; y las iglesias son las únicas que han pervivido porque sigue en pie una realidad que se llama iglesia católica», lo que, a nuestro juicio, connota secundariamente la penuria intelectual de la iglesia del siglo XXI. 

De este modo, en consonancia con lo dicho en nuestra propuesta inicial de Desamortización Cívica del patrimonio eclesiástico yermo de feligreses, ajena a cualquier tipo de escrache anticlerical, la reciente fotografía de los bancos cubiertos de plásticos para protegerlos de las filtraciones en los días de lluvia de la iglesia-fortaleza gótica tardía de Xàbia (siglo XVI) (Levante-EMV, 30-11-11), resulta ser sin duda, una buena metáfora del estado de conservación actual de muchos templos de todos los tiempos, siempre pendientes de restauraciones que no acaban de llegar, en este caso fallido, a cofinanciar por las fundaciones la Luz de las Imágenes y Caja Madrid, conforme a un proyecto de rehabilitación estimado ya hacia 2006 en 2,4 millones de euros. No constituyendo panacea alguna a esta postración arquitectónica, siquiera el hecho de la consabida inmatriculación de Sant Bertomeu a nombre del Arzobispado de Valencia, a pesar de haber estado registrado formalmente en el inventario de bienes municipal xabienc hasta los años sesenta. Monumento Nacional declarado, para más inri, por el gobierno de la laica Segunda República (1931). 

Con todo, algunos píos sectores vernáculos resultan ser a la postre «más papistas que el Papa», como la asociación Valencia Cultural-Vía Augusta y Camino de San Vicente Mártir, que se ha opuesto en la prensa local a que el Ayuntamiento de Valencia, propietario legal del antiguo cenobio de San Vicente, instale en La Roqueta una biblioteca pública, con el peregrino argumento de que dicho monasterio, enajenado mercantilmente en 1973 por la orden de los agustinos, se encuentra aún hoy en día «bajo tutela del Vaticano» (sic) en virtud de ciertas bulas papales, nada menos que de Gregorio IX, como si no hubiera llovido nada desde entonces en el tortuoso camino de la secularización de las sociedades occidentales. 

Este sustrato ideológico autóctono explicaría en nuestra opinión, potenciales expolios del patrimonio municipal (Levante-EMV, 29-12-99), como el del aparentemente poco equitativo intercambio de concesiones administrativas de terrenos o inmuebles, entre ellos la extinta fábrica de la Cros, por el cual el arzobispado valentino cedió temporalmente en 1999 al ayuntamiento el uso de la parcela de la Almoina, hasta el 2.075. Año todavía lejano en que si Dios, o los hombres, no lo remedian esta prefectura vicaria de la Iglesia de Roma retomará de pleno derecho la posesión firme tanto de los vestigios arqueológicos subterráneos, como de los millones de euros del erario público invertidos en su musealización y en la obra civil edificada de la actual plaza de D. Junio Bruto, obra tardo-racionalista de los arquitectos José Miguel Rueda y José María Herrera. 

A modo del acostumbrado corolario, y en coherencia con lo propuesto en nuestra primera entrega sobre el patrimonio eclesiástico reseñada más arriba, en línea con la solidaria tesis original del autor católico Serge Comeau, en la actual coyuntura económica, en diócesis como la valenciana con un parco presupuesto anual de 11 millones de euros y apenas unos 800 sacerdotes, la realidad es tal que si no buscamos entre todos consensuadas vocaciones ciudadanas para el patrimonio secular amortizado de las religiones dominantes, esa «forma superior de superstición aun necesaria» en expresión de Vargas Llosa, ya podemos ir dejando el asunto de su conservación para nuevas generaciones, sin más, en manos de la Virgen del Perpetuo Socorro.

¡5º Artículo más votado de Levante-EMV el 30 de diciembre de 2011!
 

miércoles, 21 de diciembre de 2011

X COLOQUIO AGER EN LILLE "CONSUMIR EN EL MUNDO RURAL DE LA GALLIA ROMANA"

Programa - Inscripción - Cartel

« Consommer dans les campagnes de la Gaule romaine »

LILLE, 4-6 ABRIL 2012

Vendedor de manzanas. Narbonne
Contrariamente à la Edad del Hierro y la alta Edad Media, la época romana supone el desarrollo de una sociedad de consumo y de una economía de mercado. ¿El mundo rural galo-romano escapa a esta imagen o bien ofrece un modelo contrastado?

La asociación Ager reúne a investigadores que trabajan el mundo rural de las provincias noroccidentales. Hasta ahora los diferentes congresos temáticos se han ocupado de periodos de transición, al principio o en el momento final del Imperio, de la ocupación del territorio, de las producciones rurales o del mundo funerario rural.

Estela del labrador. Arlon
Estela del labrador. Arlon
Diez años después del congreso de Compiègne que trató de las producciones de bienes agrícolas o artesanales, el congreso de 2012 desea reunir contribuciones que caractericen, clasifiquen y jerarquicen el consumo alimentario y de bienes manufacturados del mundo rural de la Galia romana, así como de los recursos alimenticios originarios del campo y consumidos en las ciudades.



 El congreso se organizará en diferentes sesiones:

 Entre ciudad y campo y entre las diferentes regiones rurales

-El consumo de alimentos (de origen vegetal o animal...)
-El consumo de bienes (piedra, terracota arquitectónica, cal, madera, hierro, cerámica...) (campo y ciudad)

 Consumir en el campo

-Consumo de bienes de prestigio (perfumes, mármoles...)
-Consumo como indicador y vector de identidades
-Consumo de bienes de producción (ánforas de alumbre...)
-Consumo de servicios (equipos de realizadores de mosaicos, pintura mural...)

 privilegiando:

-las comparaciones entre asentamientos rurales o entre estos y las aglomeraciones a una escala regional
-la función de las vías de comunicación o la proximidad de los mercados
-la identificación de mercados rurales periódicos 
-el contexto de los intercambios a nivel local, regional, del Imperio, el comercio a larga distancia...
-la proximidad a los lugares de producción en relación con los lugares de consumo
-la evaluación de la importancia relativa de los niveles de subsistencia y de intercambio
-la circulación monetaria en el campo
-los indicadores de consumo

El congreso tendrá lugar en la Universidad de Lille, en Villeneuve d’Ascq, del 4 al 6 de abril de 2012.

Ricardo GONZALEZ-VILLAESCUSA: Université de Nice Sophia-Antipolis

Créditos de las imágenes:

Vendedor de manzanas: Myliere[s] myliere[s] meae mala. ¡Señoras, señoras, [compren] mis manzanas! CIL XII 4524 © Musées de Narbonne (Francia)

Estela del labrador. Caras derecha e izquierda © IAL, Arlon (Bélgica)

sábado, 10 de diciembre de 2011

NOUVELLES DE L’ARCHÉOLOGIE DEDICA UN NÚMERO A LA ARQUEOGEOGRAFÍA

Portada del nº 125 de NdA
Aun sin distribución ha salido el último número de la prestigiosa revista Les Nouvelles de l’Archéologie dedicado a la nueva disciplina de la Arqueogeografía, coordinado por Magali Watteaux. Nos complace presentar el sumario en auténtica primicia.

Magali Watteaux (coord.), Dossier : L’archéogéographie. Un état des lieux et de leurs dynamiques, Les Nouvelles de l’Archéologie, nº 125, Octobre, Editions de la Maison des Sciences de l’Homme & Editions Errance, Paris, 2011.

Sumario

3             Magali Watteaux | L’archéogéographie : un projet d’archéologie du savoir géohistorique
8             Gérard Chouquer | Les mondes analogiques antiques et l’archéogéographie de l’espace. L’exemple des controverses agraires.
13           Sandrine Robert | Des formes et des hommes
18           Robin Brigand | La dynamique parcellaire des paysages centuriés de Vénétie centrale (Italie)
24           Ricardo González Villaescusa & Patrice Cressier | Un espace agraire fossile dans le désert marocain. Une étude au croisement de l’archéologie et de  l’archéogéographie
32           Hélène Noizet | Les relations entre la ville et le fleuve à Paris de l’Antiquité gallo-romaine au Moyen Âge Central
41           Émilie Cavanna & Séverine Hurard | Archéogéographie et archéologie préventive à la Ferme du Colombier (Seine-et-Marne). Exemple d’une collaboration efficace
47           Cédric Lavigne | L’archéogéographie, une expertise au service des politiques publiques de l’aménagement. L’exemple de la commune de Bègles (Gironde)

Compte rendu

55           François Favory | Gérard Chouquer, La terre dans le monde romain. Anthropologie, droit, géographie.

Actualités scientifiques

59           Virginie Fromageot-Lanièpce | Chronique des sites Internet nº 20

(Traducción de la web del INRAP)

Hace 30 años, un grupo de investigadores se dio como misión contribuir a la construcción de la arqueología metropolitana francesa. El soporte y la herramienta de esta poco modesta ambición fue una revista científica, informativa y militante – Les Nouvelles de l'archéologie – que algunos calificarían más tarde como institución. Junto a dosieres científicos vanguardistas, cada número centralizaba un cúmulo de información casi inaccesible en aquellos tiempos previos a Internet. La revista fue una tribuna de debate. Durante veinticinco años, sus editoriales y su contenido han dado cuenta de la actualidad y de la política arqueológica. Estuvo en todos los debates y en todos los combates, tanto en la construcción de la arqueología preventiva, como en el CNRS, en el Ministerio de Cultura, en las universidades y en los entes locales. ¿Ha influido esta publicación en las políticas de la arqueología francesa? ¿Qué queda hoy de todo ello?

Video de la conferencia de Anick Coudart, Arizona State University y CNRS, "Le rôle des Nouvelles de l’archéologie" con ocasión del coloquio La fabrique de l'archéologie en France que sería publicado en 2009.

miércoles, 7 de diciembre de 2011

SOBRE RITOS, HOMBRES Y TERRITORIOS. LOS CEMENTERIOS DE JERUSALÉN ESTE

Cartel de la exposición "Des rites et des hommes"
Reproducimos una noticia aparecida en ABC relativa al "uso" nada funerario de los cementerios de la ciudad santa de las religiones monoteistas. No hace falta recordar la importancia que en arqueología en general, y en arqueología espacial en particular, juegan las espacios funerarios en la definición de los límites territoriales de las sociedades del pasado.

Desde la prehistoria, monumentos funerarios, bornes y cipos o necrópolis enteras han jugado un rol fundamental en la señalización simbólica e identitaria de los confines de un territorio o en los límites entre la ciudad y el territorio, entre el mundo civilizado, al interior del pomoerium, y el resto. Esta función simbólica se refuerza por la incuestionable "materialidad" que confiere la presencia de los restos de los ancestros desaparecidos sobre un determinado espacio (cf. nuestra etiqueta geopolítica). No son necesarios ni documentos escritos ni largas discusiones. Ellos, nuestros ancestros, estaban allí, ergo, nosotros, sus descendientes, tenemos el derecho heredado a continuar allí. Prueba material y amenaza explícita para quien quiera poner en duda la legitimidad sobre un determinado espacio. Límites en el espacio, límites en el tiempo, continuidad espacial y temporal. 
Entablamento de Glanum. Foto tomada con móvil
Todo ello puesto en escena en ocasiones en una macabra escenografía identificada al exterior del recinto defensivo del oppidum de Entremont, en el sur de Francia, gracias a los recientes descubrimientos realizados en este importante yacimiento celto-ligur y brillantemente explicado en la exposición temporal "Des rites et des hommes" (ver video promocional al final de la noticia). Los celtas exhibían las cabezas cortadas a sus enemigos en la entrada de sus ciudades, en los entablamentos de sus monumentos (Glanum), en cuidados receptáculos donde literalmente clavaban los cráneos de sus enemigos. Curiosamente estos entablamentos eran de fina y acertada imitación griega, inspirada a través de las manifestaciones monumentales de la vecina colonia focea de Marsella. ¡Todo un sincretismo de "culturas"!.

Pasen, pasen... y echen un vistazo al pasado en esta noticia de anteayer.

Ana Cárdenes, ABC, 2 de diciembre de 2011

Las autoridades israelíes en Jerusalén mejoran los cementerios judíos mientras abandonan e impiden usar los árabes, según denuncia la ONG arqueológica israelí Emek Shaveh, que cree que esa gestión trata de fortalecer la ocupación de la parte palestina de la ciudad.

La ladera occidental del Monte de los Olivos está cubierta de losas blancas, las tumbas de miles de creyentes judíos cuya tradición señala que en ese preciso lugar comenzará la resurrección tras la llegada del mesías.

Las excavadoras amplían y acondicionan el inmenso cementerio, frente al cual se levanta otro camposanto, el musulmán de Bab El Rahme (la Puerta Dorada), a los pies de la Explanada de las Mezquitas y mucho más deteriorado.

"Calculamos que se han invertido unos 35 millones de shekels (cerca de 7 millones de euros) desde 2005 en el cementerio judío del Monte de los Olivos, que consume buena parte de la inversión municipal para las renovaciones de Jerusalén Este", dijo a Efe Yonathan Mizrahi, director de Emek Shaveh.

Grupos de turistas visitan el lugar, que goza de seguridad 24 horas al día y en el que se afanan equipos de mantenimiento.

Según este arqueólogo, Bab El Rahme, por el contrario, "no recibe cuidados ni tiene un desarrollo comparable ni inversiones de las autoridades israelíes" y además, se han prohibido los enterramientos en la zona sur, que pertenece a los residentes del barrio palestino de Silwán.
Los dos camposantos tienen gran importancia histórica y social, el judío data del siglo XIV dC y el musulmán, según la creencia local, del siglo VIII dC.

Yousef al Natsha, director de Arqueología del Waqf, la autoridad islámica, asegura que Israel "no permite enterrar en el sur de Bab El Rahme" porque "quiere hacer ahí un centro arqueológico".

"No nos dejan enterrar a nuestros muertos con nuestros antepasados. Los israelíes dicen que esto fue del rey David y que tiene que volver a los judíos. Han empezado por el sur, pero quieren quedarse con todo el cementerio y después con la Explanada para tirar las mezquitas y construir un templo", acusa Nihad Yamil, residente de Silwan.

Mizrahi cree que los cementerios de la ciudad se han convertido en activos políticos en la batalla por la soberanía de Jerusalén Este, ocupada por Israel tras la Guerra de los Seis Días (1967).
"Los enterramientos en Jerusalén son un testimonio del anhelo de los judíos por Sión. El refuerzo de la conexión judía con el Monte de los Olivos y con las tumbas del cercano valle del Kidrón crea una barrera entre los barrios palestinos que los rodean, que quedan incomunicados, y la ciudad vieja", explica este experto.

En su opinión, a pesar de que las autoridades israelíes reconocen la importancia de la zona para otras tradiciones religiosas, el desarrollo del Monte de los Olivos "subraya solo la tradición judía y sus lazos con el Israel de hoy. El Monte de los Olivos se ha convertido en un callado baluarte israelí en Jerusalén Este".

Las principales actividades tanto del Gobierno israelí como de los colonos, asegura, "se centran en reforzar el control judío sobre estas áreas".

"Los cementerios son un instrumento muy importante para legitimar el control sobre la tierra y su colonización y, además, servirán para exigir en las negociaciones de paz que toda esa tierra quede en manos de Israel", agrega Mizrahi.

A los dos lados del cementerio judío, en medio de los barrios musulmanes densamente poblados de A-Tor y Ras el Amud se levantan asentamientos judíos, protegidos por guardias privados y Policía israelí.

El dirigente de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) Saeb Erekat manifestó a Efe que "Israel ha utilizado todas las herramientas posibles para forzar su colonización y convertir la ocupación en una anexión efectiva. No vamos permitir que usen los cementerios para cercar la ciudad vieja e impedir el acceso de nuestra gente".

Por su parte, Aviatar Cohen, director de la Autoridad de Parques Nacionales de Israel para Jerusalén, defiende que la renovación del cementerio judío es imprescindible por los daños que sufrió cuando estuvo bajo control jordano (1948-1967).

"Los jordanos construyeron allí una carretera y parte de un hotel, empezaron a destruirlo y solo en 1967 pudimos empezar a repararlo. Está costando mucho dinero, pero es un lugar importantísimo, en el que ha habido enterramientos judíos continuados desde hace dos mil años", explicó a Efe.

El cementerio musulmán, según Cohen, "es propiedad del Waqf, que no acepta ni un shekel del Gobierno israelí. Es verdad que los musulmanes tienen un problema de espacio en sus cementerios, pero en vez de solucionarlo están enterrando en espacios verdes no autorizados, y hay vandalismo y robo de tumbas".

Respecto a la zona sur de Bab el Rahme, asegura que esa "es una zona arqueológica que no pertenece al cementerio y en la que no se puede enterrar".

Video promocional de "Des rites et des hommes: Quand les gaulois perdaient la tête"