domingo, 30 de enero de 2011

LA TUMBA DE HERODES, EL SANTO GRIAL Y EL ARCA DE LA ALIANZA

Ricardo González Villaescusa

Noticia aparecida en Noticias de Ciencia y Tecnología de Apuntes de Ciencia y Tecnología nº 23, Junio 2007, pp. 21-23.

Todos los ingredientes para un buen guión de una película de acción, paisajes exóticos y espías de Hollywood se concitan en la noticia aparecida en la prensa sobre el descubrimiento de la tumba de Herodes. Vaya por delante que esta noticia no llega a la prensa como otras de carácter científico. Normalmente la publicación científica precede a las notas y a las ruedas de prensa. En esta ocasión, salvo error de este redactor, los argumentos científicos no aparecen en ninguna publicación previa. La noticia salta a los medios, lo advertimos desde ya, con claros visos de ser una manipulación al servicio de la geopolítica de una zona caliente del planeta.

Vaya por delante que no compartimos la visión de una arqueología del acontecimiento que vendría a ilustrar los datos referidos por los documentos escritos. Por otro lado, encontrar la sepultura de un rey no deja de ser una realidad de entidad menor que aporta poco conocimiento útil sobre las sociedades del pasado. En otras ocasiones se encontraron sepulturas como la de Filipo de Macedonia que, a pesar de la magnificencia de los restos hallados, para algunos autores todavía no ha podido confirmarse la identidad de Filipo II padre de Alejandro Magno, con los vestigios encontrados en la sepultura.

Los datos


A juzgar por la rueda de prensa dada por Ehud Netzer el director de las excavaciones llevadas a cabo en el Herodio (supuesto palacio mandado construir por Herodes), así como las numerosas noticias recogidas por los diarios en internet, la identificación de la real tumba se basa en haber encontrado un sarcófago que es  excepcional En la traducción de la rueda de prensa se afirma “Comenzamos a entender que nos estábamos acercando a nuestra meta cuando encontramos las primeras piezas del sarcófago, dos de las cuales están  aquí. Éste es, puedo decir, un sarcófago monumental. Hay sólo uno o dos de su tipo encontrados hasta ahora. No cualquier judío rico o cualquier ciudadano de aquel tiempo podía tener uno para sí. Es de verdad uno de la realeza.” Lo que le permite concluir a Netzer en otros medios de comunicación: “No tengo dudas. Lo que encontramos es la tumba de Herodes”

No queremos negar que sea un sarcófago a juzgar por lo que se ve en las imágenes, que probablemente lo sea, pero aún admitiendo que haya sólo unos pocos ejemplares de estas características, no existen más indicios que puedan confirmar la identidad del propietario y menos que pueda ser el que albergó los restos del último rey de los Judíos. En otros medios que reproducen esta noticia se afirma que la sepultura habría sufrido su destrucción por alguien “que quería romper todo vestigio de su recuerdo” en alusión a que fue un rey impuesto por Roma, poco querido por los judíos de su época por ser considerado un traidor. La fragmentación ayudaría a su identificación. Cabe señalar que los restos arqueológicos suelen encontrarse fragmentados y que no siempre se pueden identificar las fracturas con destrucciones voluntarias. Esta circunstancia también debe ser demostrada por el análisis del registro arqueológico y la noticia no da los elementos de la demostración.

A partir de ese momento el arqueólogo hace entrar en la argumentación los textos del historiador Flavio Josefo en La guerra de los judíos (I, XXXIII, 9) cuando se describe el cortejo fúnebre que precedió al entierro del monarca y cuya traducción española del original en griego dice lo siguiente: “Leído el testamento, levantaron todos grandes voces, dando el parabién a Arquelao, y ellos y el pueblo todo, discurriendo por todas partes, rogaban a Dios que les diese paz, y ellos de su parte también la prometían. De aquí partieron a poner diligencia en la sepultura del rey; celebróla Arquelao tan honradamente como le fue posible; mostró toda su pompa en honrar el enterramiento, y toda su riqueza; porque habíanlo puesto en una cama de oro toda labrada con perlas y piedras preciosas; el estrado guarnecido de púrpura; el cuerpo venía también vestido de púrpura o grana; traía una corona en la cabeza, un cetro real en la mano derecha; alrededor de la cama estaban los hijos y los parientes; después, todos los de su guarda; un escuadrón de gente de Tracia, de alemanes y francos, todos armados y en orden de guerra, iban delante; todos los otros soldados seguían a sus capitanes después muy convenientemente. Quinientos esclavos y libertos traían olores; y así fue llevado el cuerpo camino de doscientos estadios al castillo llamado Herodio [las cursivas son nuestras] y allí fue sepultado, según él mismo había mandado. Este fue el fin de la vida y hechos del rey Herodes”.

Sin embargo, si acudimos a una traducción crítica francesa, también disponible en la red, se puede leer una nota relativa a los doscientos estadios (el estadio es una unidad de medida griega de unos 185 m de distancia) que dice que, según el manuscrito, copia del original, que sea utilizado, se puede leer setenta estadios (13 km) u ocho estadios (1,5 km). Mientras, el Herodio según aparece en el mismo manuscrito líneas más arriba (I, XXI, 10) se encontraba a sesenta estadios de Jerusalén (unos 11,1 km, que coinciden con el yacimiento excavado por Netzer), pero… que el cortejo fúnebre de Herodes partió de Jericó. En otras palabras, no existe una distancia unívoca que una lectura crítica de los textos permita afirmar dónde fue inhumado Herodes. Por añadidura, es más que probable que, siendo descrito el palacio en el texto del historiador Flavio Josefo ["Habiéndose, pues, acordado de la gloria y honra de sus parientes y amigos, no quiso olvidarse de sí mismo, antes quiso que un castillo que está delante de un monte, por el costado de Arabia, muy fuerte y muy guarnecido, se llamase Herodio, según su nombre. Y un edificio que estaba sesenta estadios de Jerusalén…"], si hubiera sido enterrado allí, el historiador lo habría denominado como Herodio y no por una medida de distancia desde Jericó.

¿Dónde?

(
Ver mapa más grande), 
En realidad la excavación del Herodio se encuentra a 6 km al sureste de Belén, en Cisjordania, zona administrada por Israel desde la guerra de los Seis Días (1967), cuando fue ocupada por el ejército israelí, y motivo de conflicto entre este estado y la Autoridad Nacional Palestina. Las excavaciones del Herodio empiezan tan sólo unos años después (1972) de la anexión bélica de este territorio, dirigidas por Ehud Netzer, un arqueólogo especializado en “yacimientos y artefactos” de los territorios ocupados por Israel según se afirmaba en la versión inglesa de Wikipedia de 2007.

A mediados de los años sesenta codirigió junto a Yigael Yadin las excavaciones de Masada, la ciudad emblemática de la resistencia judía a Roma (nuestra Numancia o la Alesia de los franceses), que fueron financiadas por los grandes capitales judíos y la participación de cientos de voluntarios de todo el mundo. El sitio es el símbolo del inicio de la diáspora, que habría finalizado con la creación del estado de Israel en 1948, y el lugar donde las tropas israelíes juran lealtad al estado de Israel.

Ubicación (punto rojo) de la excavación del Herodio donde se ha encontrado el supuesto sarcófago de Herodes sobre un mapa de Cisjordania de Wikipedia. En verde oscuro se señala las zonas administradas por la Autoridad Palestina, en verde claro las administradas por Israel.

¿Cuándo surge la noticia?

Ocho días después de la publicación del informe Winograd. Las conclusiones provisionales de la comisión de investigación sobre la llamada Segunda guerra del Líbano que acabarán forzando la dimisión, tarde o temprano, del primer ministro de Israel Ehud Olmert, al ser demoledoras con éste, el ministro de Defensa, Amir Peretz, y el que fuera jefe de las Fuerzas Armadas durante el conflicto, el general Dan Halutz

A ello hay que añadir los innecesarios esfuerzos del arqueólogo Ehud Netzer, realizados en sus comparecencias para restaurar la imagen de Herodes, al recordar que pudo no haber protagonizado la matanza de los inocentes que cuenta el Nuevo Testamento o los enormes méritos alcanzados por el rey por una gran labor edílicia (palacios e infraestructuras) para el bien de su pueblo. La labor del arqueólogo podría haber sido crítica y analítica sobre la obra y la función de Herodes al frente de la sociedad judía frente al contacto colonizador del Imperio Romano, sin necesitar entrar en una valoración ética de sus actos. Actos que, por otra parte, admitimos la posibilidad de que no cometiera, aunque sea irrelevante en términos de análisis histórico de la sociedad del momento.

La conclusión es sencilla, es muy probable que nunca veamos publicado este hallazgo en una revista científica de prestigio. Las palabras del ayudante de campo del director de las excavaciones pueden ayudarnos a entender el contexto en que surgen “Sabemos que Herodes fue el último rey de Judea y vivió en un momento crítico para el judaísmo, para el pueblo judío y también para el cristianismo…” ¿Estamos hoy en un momento crítico para el estado de Israel? ¿Son necesarias las cortinas de humo?

Todas las construcciones nacionales han hecho uso de la arqueología para legitimar la construcción del estado. Aunque unas más que otras. En la última edición de la revista La Recherche un artículo sobre una obra reciente relata el interés de los arqueólogos nazis por demostrar la “germanidad” histórica de los vestigios arqueológicos allende el Rhin y que justificarían las tesis pangermanistas que alimentaron la ideología del IIIer Reich y justificarían la invasión de Francia por los alemanes. Ello daría lugar a las extrañas arqueologías del IIIer Reich buscando reliquias como el Arca de la Alianza, o el Santo Grial de las que se da una paródica imagen en la primera y tercera entregas de la saga de Indiana Jones…

Nada nuevo bajo el sol.

Bibliografía
J.P. Legendre, L. Olivier, B. Schnitzler, Des archéologues nazis en France occupée, La Recherche, Junio 2007, núm. 409, 54-57.
J.P. Legendre, L. Olivier, B. Schnitzler (dirs.), L'archéologie nazie en Europe de l'Ouest, In Folio, 2007.

viernes, 28 de enero de 2011

UN AÑO DE PLAUDITE CIUES

Manifestación de vecinos del Cabanyal
Por motivos estrictamente personales de uno de nosotros hemos caído en lo peor que le puede pasar a un blog, pues hace dos meses que no publicamos ninguna nueva entrada. Pero el azar quiso que esos dos meses concluyan con la fecha del aniversario de Plaudite Ciues y nos resulta del todo insoportable seguir viendo el último artículo de noviembre en cabecera del blog. Ya hace un año, el 28 de enero de 2010, que dimos por inaugurado este blog y creemos que se impone un balance de su primer año de vida pública.

Una objetiva estimación de los datos de usuarios, puede ilustrar cómo, a lo largo de los doce meses pasados, se constata globalmente una evolución de la estima social en la red del mismo, tras alcanzar a mediados de febrero del año pasado un máximo de 20 visitas de internautas interesados en la problemática patrimonial que aquí se substancia. Fruto sin duda del interés suscitado por la inicial polémica sobre la frágil salud económica y organizativa de la arqueología valenciana, mantenido con la presente Directora General de Patrimonio Cultural, Paz Olmos y sus amanuenses. Baste recordar nuestro  Un Copenhague valenciano en la gestión arqueológica (Levante-EMV, 14-01-2010) así como el amago de réplica institucional Compromiso con el patrimonio arqueológico valenciano (Levante-EMV, 23-01-2010) fielmente reproducido en este blog, y finalmente la puesta en solfa de este último en  Un compromiso… con poco gas (Levante-EMV, 11-02-2010). Aquellas palabras nos valieron la declaración oficiosa de "personas non gratas" en el mundo de la administración de lo patrimonial de la Comunidad Valenciana, aunque si bien es cierto que no esperábamos otra cosa, no es menos cierto que nunca habíamos sido gratas previamente. Tampoco queremos callar que hemos recibido numerosas adhesiones sotto voce pero que, como es habitual en estos casos, son muy pocas las adhesiones públicas. Ni pretendíamos ser gratos a ninguna administración ni pretendemos liderar ninguna revolución de los jazmines. Solo es nuestra intención aportar argumentos y debates públicos sobre las temáticas que nos preocupan.

Aquel debate fundacional, cuyos rescoldos hicieron posible que a finales de febrero Plaudite Ciues ya hubiera sido frecuentada por  71 usuarios totales, que proporcionaban unas medias diarias iniciales en torno a las 5,9 entradas diarias. Escenario que en un ambiente de “dientes de sierra” y progresivamente en el transcurso de los meses de marzo y abril se instaló en una frecuentación puntual de 6-7 visitas diarias, al albur de nuevas entregas como Dos mil ciento cincuenta  (MMCL) años de Valencia (Levante-EMV, 17-04-2010). En este orden de cosas, durante la siguiente mensualidad de mayo, se consiguió romper el “techo” de los 21 usuarios registrados en una sola  jornada y un total conjunto que a finales de junio superaba las 921 consultas.

A pesar de la canícula, durante el mes de agosto se consignó una media de usuarios diarios cifrada en 9,9, anunciando la consolidación y el éxito en la frecuentación bloguera a lo largo de septiembre, en cuya segunda mitad se constataron no menos de 10 entradas por jornada. Lo que interpretamos como fruto de la incorporación de las reseñas bibliográficas de uno de nosotros para Nonfiction.fr, La fábrica de la arqueología franquista (1936-1956) de la obra de Francisco Gracia Alonso. Cifras que interpretamos como la consolidación del proyecto intelectual de Plaudite Ciues, confirmada por el lanzamiento hasta 29-34 visitas personales los pasados 17 y 18 de octubre. Nada comparable a blogs de renombre pero que creemos humildemente que nos consolida en esta primera etapa.

Finalizando este primer ejercicio anual en los meses de noviembre y diciembre, que podemos considerar como de consolidación del proyecto, con magnitudes equivalentes a 3364 visitantes que visionaron 6633 páginas que oscilan entre unos 19-21 usuarios por día y alrededor de 100 semanales, como los anotados sintomáticamente tras la publicación del Elogio de la Blasfemia (Levante-EMV, 28-11-2010).

Distribución internacional de nuestros visitantes
Cifras objetivas, que conviene modular lisonjeramente con los sugestivos apoyos recibidos desde el Observatorio Andino del Paisaje o la grata comprobación de la incidencia de este blog patrimonial, más allá de su ámbito territorial lógico (España, Francia, Italia...), hacia importantes países de habla hispana (Estados Unidos en tercer lugar tras México y un 16% de visitantes) o decididamente latinoamericanos como México con el 25% de los usuarios extranjeros, Colombia, Chile o Argentina, por no mencionar los puntuales accesos minoritarios y exóticos desde nuestra óptica como Rusia, Eslovenia, Polonia, Túnez, Singapur o ¡Japón!
Porcentajes de visitantes extranjeros a Plaudite Ciues

En el ámbito de las referencias exteriores hemos recibido saludos, apoyos o referencias de la página Archeogeographie o el citado Observatorio Andino del Paisaje y los autores individuales de este blog fuimos entrevistados en el reportaje dedicado a los apuros de la arqueología valenciana publicado en el diario Las Provincias por Marina Costa el 11 de julio de 2010. Asimismo hemos podido entrar en los ranking de páginas web como por ejemplo el Google directorio, donde aparecemos en el 13º puesto de las páginas españolas sobre arqueología, en el Dmoz Open Directory Project, en el 12º puesto, junto a páginas de mayor ambición y prestigio como es el caso de Arqueología Medieval, ArqueoCordobaArxeos o Atapuerca...

Todo ello nos reafirma en nuestro compromiso con las temáticas planteadas aquí y en redoblar nuestros esfuerzos personales en perpetuar Plaudite Ciues en este nuevo año 2011, más si cabe cuando doce meses después del autobombo turiferario del Primer Congreso Modelos de Gestión del Patrimonio Arqueológico  en el siglo XXI –en las que se encuentra buena parte de la primigenia razón de ser de nuestro propio blog–, la administración autonómica valenciana persiste en su incapacidad de gestión materializada en la ausencia de desarrollo reglamentario de las diversas leyes de patrimonio cultural valenciano, con la única salvedad aunque indirectamente relacionada del decreto 208/2010, de 10 de diciembre, del Consell, por el que se establece el contenido mínimo de la documentación necesaria para la elaboración de los informes de Impacto Ambiental.
Pintada en el entorno del MUVIM

Solo nos queda anunciar algunas líneas que vislumbramos en el futuro: queremos diferenciar el blog de una futura aparición de página web homónima. El primero quedaría relegado a las noticias y comentarios a pie de página mientras que en el segundo profundizaríamos en las reseñas y referencias a libros que tantas visitas han suscitado. Aunque todo está por ver... agradecemos de antemano a los usuarios su confianza y reiteramos nuestra divisa: “ciudadanos, si os ha gustado la representación…  Plaudite Ciues”.

domingo, 28 de noviembre de 2010

ELOGIO DE LA BLASFEMIA

Josep Vicent Lerma
Levante-EMV, 28 de noviembre de 2010

Las anteriores entregas «Sepulcros de Cristal» (Levante-EMV, 16-06-2009) y «Reis, tombes i savis» (Levante-EMV, 28-09-2010), en las que se reflexionaba respectivamente sobre la exhibición patrimonial de restos humanos en museos y la pertinencia o no de las exhumaciones en curso de reyes y otros personajes históricos célebres, han conducido casi indefectiblemente a centrar la presente meditación intelectiva en torno al rol reservado en la sociedad contemporánea a la blasfemia ordinaria.

En este orden de cosas y desde la propia etimología griega de la palabra cual injuria de la reputación celestial, la blasfemia, entendida como ofensa a un dios o irreverencia hacia lo venerado por una religión cualquiera, aunque está lógicamente prohibida por ley en algunos países gobernados por teocracias, en democracias aconfesionales como la nuestra o la de la laica por excelencia república francesa, parece ser objeto de un encaje social y legal más paradójico o anacrónico.

Así, sin olvidar los exabruptos escatológicos tan castizos en los ámbitos lingüísticos propios de los antiguos dominios del latín, de los que es un buen ejemplo la airada reacción del párroco de Almussafes ante la puesta en escena de una obra teatral del grupo La Fera Ferotge: «Lo más grave de la representación es que se cagaron en Dios, en la Cruz, con San Pedro y el carpintero que la hizo» (sic) (Levante-EMV, 15-07-1999).

Más barruntos en cuanto a la calibración con arreglo al dogma del sucedido, blasfemia sacrílega o mero alivio abdominal apremiado por la falta de aseos para operarios, todavía pueden recordarse en torno a la inmunda peripecia de la rumoreada aparición cerca del altar catedralicio de una sospechosa defecación, al albur de las prisas de última hora para inaugurar la exposición La Llum de les Imatges en febrero de 1999 (Levante-EMV, 23-02-1999). Episodio digno de la ménsula grotesca de una de las ventanas góticas del Consulado del Mar que representa la fábula de Esopo en la cual un sabio en cuclillas vacía el vientre o la gárgola «fake» de la reconstruida en estilo torre de la Lonja (1902) en forma de niño evacuando, sostenido por una figura de mujer.

Mención aparte merece el nada edificante reciente intercambio de sopapos entre un sacerdote de Ròtova y uno de los festeros de la Divina Aurora, por arrojar inopidamente alguno de éstos al suelo una de las obleas consagradas, lo que según el canon 1367 supone literalmente la pena de excomunión «latae sententiae» automática. Si bien por fortuna, las profanaciones eucarísticas de hoy distan mucho en cuanto a la severidad de su sanción punitiva de las acontecidas en las tierras europeas de Brandenburgo en 1510, donde fueron ajusticiados en la hoguera 38 judíos, cubiertos con los infamantes capirotes o corozas, en el consiguiente auto de fe de Knoblauch en una Alemania todavía católica entonces.

Sorprende, en cambio, la subsistencia de restricciones expresas pintadas en los muros de algunos de los tradicionales trinquetes valencianos donde se desarrollan importantes apuestas pecuniarias, en ocasiones cosechas enteras, alrededor del juego de pelota: «Prohibit blasfemar».

Pero la realidad es que no fue hasta 1988 cuando la blasfemia quedó en teoría despenalizada mediante la Ley Orgánica 5/1988, por más que el artículo 525 del Código Penal español sigue reprobando como delito a quienes «hagan públicamente, de palabra, por escrito o mediante cualquier tipo de documento, escarnio de dogmas, creencias, ritos o ceremonias, o vejen, también públicamente, a quienes los profesan o practican» y el cantautor Javier Krahe se encuentre en el banquillo a la espera de sentencia por la difusión televisiva del vídeo «Cómo cocinar un Cristo».

Embrollo socio-cultural en el que cabe alinearse para terminar con la invectiva de Francesc Eiximenis cuando predicaba satíricamente como «los blasfemos blasfeman por el culo de Dios» y las tesis liberadoras de Albert Hauf recogidas en el simposio L´Home que Riu de hace una década, en el sentido de que a lo largo de la Historia, la blasfemia ha venido desempeñando una relativa función transgresora o emancipadora, a modo de válvula de escape social, para burlarse del poder en los momentos de mayor represión clerical, en un paralelismo plausible con el propósito pragmático de las antiguas defixiones maledicentes romanas del estilo «Quintula cum Fortunali sit semel et numquam» , inscrita sobre una lámina de plomo o talismán «in planta pedis».

martes, 23 de noviembre de 2010

El POLÍTICO Y EL CIENTÍFICO (Sobre la obra de Max Weber)

Ricardo González Villaescusa

Reseña aparecida en Apuntes de Ciencia y Tecnología nº 21, Diciembre 2006, pp. 50-51.

“También los cristianos primitivos sabían muy exactamente que el mundo está regido por los demonios y que quien se mete en política, es decir, quien accede a utilizar como medios el poder y la violencia, ha sellado un pacto con el diablo, de tal modo que ya no es cierto que en su actividad lo bueno sólo produzca el bien y lo malo el mal, sino que frecuentemente sucede lo contrario. Quien no ve esto es un niño, políticamente hablando.”

Max Weber, El político y el científico, 1918.

Resulta harto difícil hacer una reseña de un libro editado a principios del siglo XX, permanentemente citado y sobre el que existen numeros trabajos y citas en revistas especializadas y en internet, sin embargo, como consecuencia de haber citado este autor y su obra en el foro de los socios de la AACTE, el responsable de esta sección solicitó dar a conocer a la obra y al autor. No pretendemos que sean más que unos apuntes que inciten al lector de nuestra revista a la lectura de un libro que conserva una gran frescura a pesar de los años que lleva editado.

En realidad no se trata de un libro concebido como tal sino de dos conferencias del autor, cuyos destinatarios eran estudiantes universitarios, con lo cual hay que entender en ese contexto algunas de las evidentes provocaciones que se lanzan a lo largo de la obra, así como su estilo claro y directo. Por otra parte, la edición castellana que se reseña está prologada por Raymond Aron, lo que convierte al librito en una estupenda obra de reflexiones de dos autores a quienes separan las dos grandes guerras (ambos eran hombres maduros cuando estallaron la primera y segunda guerras mundiales) y a los que une su fuerte convicción antimarxista. 

Max Weber es el científico social que propone la alternativa científica más contundente al paradigma marxista de las ciencias sociales y los sociólogos e historiadores liberales beben en sus fuentes, que no son pocas pues se trata de un autor de una extensísima y variada obra. Fue un claro antipositivista, lo que marcó profundamente la distinción entre las ciencias sociales y las naturales, que sólo en nuestros días empieza a atenuarse, al considerar que “las verdades en economía, en sociología y en ciencia política siempre son parciales y reflejan tan sólo una parte de la complejidad social”. 

En lo que concierne a la obra de que se trata, Weber expresa una “contradicción” vivida en primera persona, al ser un científico, hijo de un importante funcionario y político de la Alemania de Otto von Bismarck, y al ser, él mismo, un hombre de acción que llegó a participar en la creación de un partido político reformista (Partido Democrático Alemán) que pretendía aunar a socialdemócratas y liberales. La radicalización de la Europa de la primera mitad del siglo XX condujo al fracaso un proyecto que, irónicamente, podría ser la base de la política practicada en nuestros días en el continente por casi todos los partidos de amplio espectro electoral. 

En la primera conferencia y la más extensa primera parte del libro, La política como vocación, el autor define la política y las cualidades que deben tener aquellos que se dedican a ella. Partiendo de la definición del Estado, como una “comunidad humana que dentro de un determinado territorio (…) reclama (con éxito) para sí el monopolio de la violencia física legítima”, entiende que para acceder al control del Estado se produce el inevitable uso del poder y la violencia como medios inevitables para conseguir otros fines, sean egoístas o altruistas, tal y como se refleja en el encabezado del propio Weber de este artículo.

La política es una lucha constante por conseguir lo imposible, con pasión, sentido de la responsabilidad y mesura, a fuerza de tenacidad y constancia. Cualidades a las que se suman en un político con tal vocación, la humildad. Un político debe vencer la vanidad, cada hora de cada día, enemiga de “la entrega a una causa y de toda mesura”. Y es en ello donde encontramos la primera gran diferencia con el científico. En los círculos académicos la vanidad es una “enfermedad profesional” pero completamente inocua al no distorsionar el trabajo del científico. La especialización de la ciencia que en aquellos años ya había “entrado en un estadio de especialización antes desconocido y en el que se va a mantener para siempre”, permite la “vivencia de la ciencia”, esa sensación que tiene el científico anónimo al que Weber pone en su boca la siguiente frase: “tuvieron que pasar milenios antes de que yo apareciera y milenios aguardaron en silencio a que yo comprobase esta hipótesis”. Sin esa vivencia de la ciencia, no es posible la vocación de científico para Max Weber, algo absolutamente incompatible con esa humildad que reclama para el político.

En la segunda parte, el autor dedica un buen espacio a la ciencia aplicada, al sentido de la ciencia, criticando la dirección que en aquellos momentos había adquirido entre los jóvenes científicos de principios del siglo XX. A pesar de todos los logros, avances, conocimientos y problemas nuevos, el ser humano “nunca habrá podido captar más que una porción mínima de lo que la vida del espíritu continuamente alumbra”. Se cuestiona, ya entonces, si la medicina puede plantearse preguntas (referencia a los valores) sobre si la vida es digna de ser vivida o cuándo deja de serlo (afirmación de los valores), cuando mantiene vivo al enfermo incurable, para acabar afirmando que, en definitiva, “todas las ciencias de la naturaleza responden a la pregunta de qué debemos hacer si queremos dominar técnicamente la vida”.
Por todo ello, es imposible ser al mismo tiempo hombre de acción y hombre de ciencia sin entrar en profundas contradicciones entre ambas vocaciones. Esa contradicción se manifiesta tanto más cuando los totalitarismos se valen de las ciencias, especialmente de las ciencias humanas y sociales, para someter a los fines de su acción política la investigación científica. Así, a los físicos de la ex URSS se les podía hacer “comulgar” con el materialismo dialéctico pero no podían dictárseles sus fórmulas ni ecuaciones. Por ello “Max Weber no se cansaba de mostrar que, en política, ninguna medida concreta puede revestir la dignidad de una verdad científica. Es imposible favorecer a un grupo sin perjudicar a otro, demostrar que un progreso de la producción global no se paga demasiado caro con la ruina de los pequeños comerciantes, o el empobrecimiento de una región desfavorecida. Sólo se puede decir con certeza que una medida determinada es conforme al interés común cuando incrementa las satisfacciones de algunos sin disminuir las de nadie” (De la reseña de Prometeo Editorial).

Para R. Aron, en su introducción de la edición consultada la contradicción entre ambas vocaciones llega hasta el punto de que “no existe ni un solo ejemplo de oposición [política] que no utilice frente al Gobierno argumentos injustos o mendaces que consisten en reprocharle no haber logrado éxitos que nadie hubiera podido lograr o haber hecho concesiones que nadie hubiera podido evitar. Para el profesor de ciencias sociales que quiere entrar en política esto representa una permanente tensión (…), la vocación de la ciencia es incondicionalmente la verdad. El oficio de político no siempre permite decirla”. Y el mejor ejemplo para entenderlo lo centra en el principio básico del Estado del Bienestar. La mayor satisfacción que se produce entre los más pobres por un reparto de los recursos de los más ricos cuyo grado de insatisfacción es menor que el alcanzado por los primeros como consecuencia de esta exacción en forma de impuesto, reduciendo los ingresos de los primeros en beneficio de los segundos, no es una verdad científica, solamente una acción política que ha producido no pocas “satisfacciones” entre importantes masas de la población que a lo largo del siglo XX y, especialmente, tras las dos guerras mundiales en occidente, han alcanzado la categoría de clases medias. Pero merece preguntarse si, en realidad, esta demostración no es fruto de un científico social, Raymond Aron, que se posicionó claramente en planteamientos liberales, defendiendo el liberalismo político y económico. 

Por ello, el debate suscitado en el foro de los miembros de la AACTE que hacía alusión a la cualidad política y/o científica del nuevo responsable de la Secretaría de Estado de Universidades e Investigación es tan viejo que bien merecía recordarlo en los términos en que se producía en la Alemania de principios del siglo pasado.

SIN CIENTÍFICOS NI INTELECTUALES

LEVANTE-EMV, Editorial
21 de noviembre de 2010

La inhibición del pensamiento científico y humanístico valenciano de la dialéctica social constituye uno de los mayores lastres de la actual sociedad valenciana e imposibilita la configuración de un espacio común de deliberación colectiva, uno de los ejes nucleares de la esfera democrática. Es un déficit que resulta más evidente en la actualidad puesto que, por contraste, glosa la abundancia participativa de un pasado reciente. El vacío lacerante de expertos e intelectuales en las tribunas públicas, cuyo criterio de autoridad ha de diseccionar propuestas, analizar problemas o espolear conciencias, supone hoy una clamorosa carencia que instruye sobre la temperatura involutiva en el índice del progreso social. Tal vez los especialistas no deseen involucrarse, como antaño, en el compromiso cívico, ni asumir riesgos supuestamente inicuos.

Quizás piensen que su altura intelectual ha de disponerse sobre ámbitos necesitados de una pedagogía previa para captar sus juicios. Puede incluso que añadan a sus reticencias esbozos nihilistas o escépticos para apartarse: sus opiniones, pensarán, no han de alterar el curso de los acontecimientos y mucho menos han de mudar la conciencia ciudadana. Tal vez. Pero su «huida» del espacio público fabrica una sociedad más estéril y dimitida. Y existe abundante materia para su participación: la enorme deuda valenciana y su legado coercitivo, el débil mapa de la financiación y la fragilidad del Consell, la adecuación de la enseñanza a los parámetros europeos y sus miserias materiales, los tótems identitarios falsarios pero aun así consagrados desde ópticas valencianistas, la corrupción que desmembra a la clase política. Sólo las sociedades adormecidas o quebradizas no extrañan la ausencia de intelectuales y científicos en el debate público. La valenciana ha encendido la luz roja.

miércoles, 10 de noviembre de 2010

EJÉRCITOS, GUERRAS Y ARQUEOLOGÍA


Archaeology, Cultural Property, and the Military (Laurie Rush Ed.), Boydell Press, 2010.

Laurie Rush es una empleada civil del Departamento de Defensa que fue la responsable de la importante campaña de sensibilización sobre el patrimonio de las zonas en conflicto de Irak y Afganistán, destinada a los soldados y líderes políticos. Entre otras medidas  (como la creación del una especie de parque temático de carácter patrimonial para entrenar a los soldados, Fort Drum, o la distribución entre la planimetría bélica de las cartas arqueológicas de la zona) destaca la edición, impresa en 40.000 ejemplares, de una baraja de póker con imágenes de los monumentos y yacimientos de las zonas con eslóganes como "Sortea las ruinas, no las atravieses" del 5 de tréboles, "El patrimonio irakí forma parte de tu patrimonio", "No hagas graffittis", o "Comprar antigüedades financia la insurrección". Campaña que le ha valido una beca de la American Academy in Roma de 2010-2011 para un programa que intentará aumentar la sensibilización en los países en desarrollo mediante la educación y el apoyo de organizaciones asociadas, como el Defense College de la OTAN.
Sin querer quitarle ninguna importancia a estas medidas ni a los eventuales logros alcanzados, y, sin menoscabo de la importante destrucción y pillajes llevados a cabo con ocasión de la segunda Guerra del Golfo, no deja de sorprender cómo el homo homini lupus sabe hacer paréntesis para no destruir la huella material de ese mismo ser humano mientras acaba con él mismo.


De la introducción del libro
De Lawrence de Arabia a la Monuments Men Foundation for the Preservation of Art los académicos participantes en este volumen, se han visto involucrados en las zonas de conflicto, en asuntos que conllevan  enfrentamientos, y en inverosímiles asociaciones con los militares profesionales. Los motivos y los métodos han variado drásticamente en los últimos años, pero el tema principal de este volumen es la gestión. En cada caso, los autores han encontrado una situación en la que su experiencia les ha permitido contribuir a salvar bienes arqueológicos, edificios históricos y lugares sagrados - o ha permitdo documentarse el bien. Sobre la base de importantes contribuciones de siete fuerzas armadas, entre otros, este libro tiene por objeto postular la obligación de proteger el patrimonio cultural en virtud de las convenciones internacionales, proporcionar una serie de estudios casuísticos de la práctica militar actual, y describir los esfuerzos actuales para mejorar la gestión del patrimonio de las zonas en conflicto. En general, ofrece ejemplos, anécdotas y las lecciones aprendidas de la experiencia que pueden ser utilizadas para su integración en la planificación de la administración arqueológica mundial.

Sumario
  • 1  Archaeology and the Military: an Introduction
  • 2  The Obligations Contained in International Treaties of Armed Forces to Protect Cultural Heritage in Times of Armed Conflict
  • 3  Rescuing Europe's Cultural Heritage: The Role of the Allied Monuments Officers in World War II
  • 4  The UK's Training and Awareness Programme
  • 5  US Army Civil Affairs: Protecting Cultural Property, Past and Future
  • 6  Cultural Property Protection in the Event of Armed Conflict: Deploying Military Experts or Can White Men Sing the Blues?
  • 7  Good Training and Good Practice: Protection of the Cultural Heritage on the UK Defence Training Estate
  • 8  In-Theatre Soldier Training through Cultural Heritage Playing Cards: a US Department of Defense Example
  • 9  Dealing the Heritage Hand: Establishing a United States Department of Defense Cultural Property Protection Program for Global Operations
  • 10  Teaching Cultural Property Protection in the Middle East: the Central Command Historical Cultural Advisory Group and International Efforts
  • 11  Cultural Resources Data for Heritage Protection in Contingency Operations
  • 12  Time not on my side: Cultural Resource Management in Kirkuk, Iraq
  • 13  US Military Support of Cultural Heritage Awareness and Preservation in Post-Conflict Iraq
  • 14  Operation Heritage
  • 15  Cultural Property Protection in the Event of Armed Conflict - Austrian Experiences
  • 16  Role of the Swiss Armed Forces in the Protection of Cultural Property
  • 17  Preserving Global Heritage from Space in Times of War
  • 18  Appendices: 1954 Hague Convention and its two Protocols

domingo, 17 de octubre de 2010

LA GUERRA DE LAS RUINAS

Traducción de la Reseña Les ruines, enjeu géopolitique  de Pierre Verluise
aparecida en GlobalBrieg. World Affair in the 21sts Century

Del libro de Jean-Pierre Payot, La guerre des ruines. Archéologie et géopolitique, Choiseul Éditions: París,
2010, 192 págs.

Llega a las librerías una novedad original. Se trata del innovador libro firmado por Jean-Pierre Payot, La guerre des ruines. Archéologie et géopolitique, publicado en París por las ediciones Choiseul. Apasionado de la arqueología, el autor es un profesor agregado de Geografía e Historia que ha sabido descubrir un nuevo terreno para el análisis geopolítico: las ruinas.

Su argumentación se basa en una sólida cultura. Demuestra con numerosos ejemplos que desde el último rey del Imperio Neobabilonio, Nabonido, han sido numerosos los soberanos que han utilizado los vestigios arqueológicos con fines políticos. Lugares de memoria, construcciones de identidades, eliminación de las de los otros, falseamientos… en geopolítica el recurso a la ruina es múltiple. El autor sabe hacer atractivo el tema gracias a un estilo bien cuidado.

La instrumentalización de la arqueología con fines geopolíticos

El autor se expresaba así en una entrevista: “Se pueden poner miles de ejemplos que apoyan la instrumentalización de la arqueología con fines geopolíticos. En el origen, una entidad de naturaleza política, religiosa o cultural se opone a otra respecto a todo o una parte de un territorio. En cualquiera de los casos la arqueología hace irrupción en el momento de toma de posición de ambas partes en el conflicto. Cualquiera que sea el contexto la arqueología sistemáticamente fundará una especie de “derecho histórico”. La invocación de la ciencia arqueológica o de los vestigios resultantes de las excavaciones, en el marco de una especie de “tribunal geopolítico”, permite a unos y a otros proporcionarse argumentos históricos -“dignos de fe” en consecuencia- para legitimar tal o cual pretensión sobre un territorio. En tales casos hipotéticos, la arqueología es instrumentalizada para certificar una prioridad, una superioridad y, en definitiva, un derecho territorial basado en una pseudo-sujeción en el tiempo. Este derecho puede, por otra parte, tener un contenido político, y también cultural y religioso. En efecto, muchos artefactos, muchos monumentos arqueológicos se revisten de una dimensión religiosa. Por otra parte, a menudo, esta dimensión remite a religiones aún “vivas” hoy día. La tentación es irresistible de hacer valer los objetos arqueológicos como prueba incuestionable de un derecho a dominar sin fisuras el territorio para aquellos que se confiesan creyentes de estas religiones.”

La arqueología de lo divino

Entre los pasajes que deben leerse sin demora, se tendrá en cuenta Le rapt colonial et ses suites (p. 50); La Chine et l’Occident (p. 66) y L’archéologie du divin (p. 91). Este capítulo aborda la cuestión de la arqueología bíblica y los intereses geopolíticos en juego. O cómo  algunos israelíes utilizan la arqueología para probar la anterioridad de la presencia judía en Palestina. En este caso, la cuestión de la anterioridad enmascara la del control del territorio y la legitimidad para dominarlo. Permitiendo apreciar con  otras perspectiva las excavaciones arqueológicas emprendidas en 2007 al pie de la mezquita de Al-Aqsa por equipos israelíes.

Evidenciando la multiplicidad de las manipulaciones arqueológicas con fines geopolíticos, Jean-Pierre Payot hace una obra útil porque da al mismo tiempo profundidad y claridad al tema. Todos los que se enfrentan a esta temática regularmente bajo los ecos de actualidad encontrarán aquí elementos sólidos para apoyar su reflexión. Aportará luz al debate público.

INVESTIGAR SIN LAGUNAS

El País, Editorial del 17 de octubre de 2010

Una de las consecuencias más indeseables de la crisis y de los ajustes presupuestarios sería la pérdida de algunas de las promociones de científicos e ingenieros más preparadas de toda la historia de nuestro país. Carecer de perspectivas laborales razonables después de muchos años de formación, en ocasiones en algunos de los mejores centros nacionales o internacionales, puede suponer la pérdida del impulso necesario para perseverar en una carrera investigadora que no ven posible. Los efectos del abandono son irreversibles; no puede haber lagunas en una actividad tan exigente cuando se está compitiendo con sistemas más desarrollados que el nuestro y con mejores defensas en tiempos de crisis.

También puede ocurrir que no abandonen su carrera y se decidan a emigrar e integrarse en esos sistemas, con lo que el país hace un negocio ruinoso. Invierte en una formación larga y costosa que, por falta de oportunidades cuando se ha completado, va a engrosar la capacidad investigadora e innovadora de otros países que, normalmente, los reciben ya formados con los brazos abiertos. La construcción de un nuevo marco económico basado en el conocimiento requiere continuidad en lo que a recursos humanos se refiere. Los procesos de formación de personal especializado y de construcción de grupos de excelencia necesitan largos periodos de maduración en los que se produzca la incorporación y el relevo de los recursos humanos de forma ininterrumpida. Con el agravante de que suelen ser los mejores quienes encuentran más facilidad para instalarse en otros países; y lo hacen si no hay una oferta de oportunidades que compense la todavía clara inferioridad de medios en nuestros centros. Luego, cuando la situación mejore, puede haber programas de reincorporación pero la experiencia muestra lo difícil que es atraer a quienes ya han encontrado acomodo fuera y un buen encaje en un sistema del que han estado ausentes durante mucho tiempo.

La recesión impone duras condiciones, pero si hay un sector en el que no se puede debilitar el esfuerzo acumulado en los últimos años es en el de la creación de un fuerte sector de I+D+i y, en concreto, en la incorporación de los mejores entre los que han pasado por un proceso de formación que les permite competir con éxito con sus colegas de otros países. Nos jugamos mucho, no solo en los años de ajuste, porque las consecuencias de las decisiones en este terreno se prolongarán en el tiempo.

martes, 28 de septiembre de 2010

REIS, TOMBES I SAVIS

Ricardo González Villaescusa
Josep Vicent Lerma

Levante-EMV, 28 de septiembre de 2010

Parafrasejant el títol del llegendari best seller de l'arqueologia de divulgació de l'alemany C. W. Ceram «Götter, Gräber und Gelehrte» (1949), no hem pogut resistir la temptació de glossar projectes d'actualitat com ara l'obertura de la intacta, des de 1285, tomba reial del valencià de naiximent Pere III el Gran en el monestir cistercenc de Santes Creus, al caliu del 850 aniversari de la seua fundació.

En una espectacular intervenció d'estètica futurista (i cost econòmic a l'alçària de l'envit) amb savis proveïts de monos integrals de color blanc i màscares protectores, que introduïxen una tàcita asèpsia metodològica amb la pretensió implícita de prendre distància dels tints romàntics i colonials del buidatge de Howard Carter de la sepultura del faraó Tutankhamon en 1922. ¿O per què no?. De la cristiana profanació del sarcòfag amb el «gloriós» esquelet de Simón Bolívar en el Panteó Nacional veneçolà, adobada amb les premeditades reflexions religioses, del president Hugo Chávez sobre la resurrecció dels morts «Dios mío, Dios mío... Cristo mío, Cristo Nuestro, mientras oraba en silencio viendo aquellos huesos, pensé en tí. Y cómo hubiese querido, cuánto quise que llegaras y ordenaras como a Lázaro: Levántate Simón, que no es tiempo de morir. De inmediato recordé que Bolívar Vive»… (Vide La reinvención del libertador, artícle de Maite Rico en  El País)
Aquesta intervenció en el cenobi tarragoní podria evocar, no sense cert risc domèstic, a un imaginari «Pere alça't i camina», singularment al poc de festejar el 650 aniversari de la creació de la llavor de la Generalitat que ha permés dir a Carod Rovira «no són gaires els governs al món que puguin lluir tants anys d'història».
Res en realitat si ho comparem amb la casa imperial nipona del sol ixent, vigent si més no des de l'11 de febrer de 660 a.C.

Per consegüent, tal i com un de nosaltres ressenyava en estes mateixes planes «Sepulcros de Cristal» (Levante-EMV, 16-06-09), a tenor del Codi d'Ètica de l'ICOM de 1986 en el seu capítol III punt 6 s'estima suficient cautela que les investigacions sobre restes antropològiques, hagen de realitzar-se d'una manera acceptable per a tots aquells que professen una creença religiosa, emperò tal com cabria aventurar, des de l'àmbit competencial propi del Dret Canònic. Pel que fa a la violació de sepultures eclesiàstiques els seus preceptes resulten molt més coercitius, a l'establir, perpetuant la tradició jueva, que són llocs sagrats i beneïts (ca. 1205, § 1), subjectes a idèntiques normes que les que regeixen per als mateixos temples (ca. 1207) .

Així doncs, a manera de botó de mostra vernacle d'esta aparent trivial qüestió, serveixca la carta dirigida, al propi papa Benet XVI, d'una plataforma ciutadana, sol·licitant la mediació del pontífex per a evitar «la profanación de un Campo Santo» (sic), en el cas del cementeri desamortitzat, encara que no desacralitzat, de les arruïnades restes del Reial Monestir de la Puritat de les Religioses de Santa Clara, baix l'amenaça de la construcció d'un pàrquing subterrani (Levante-EMV, 29-11-06) i de la qual es desconeixen encara a hores d'ara el designis vaticans.

De la mateixa manera que també ha caigut en el somni dels justs el principi d'acord pregonat, fa més de lustre i mig, aconseguit per Alfonso Rus amb la Santa Seu per a traslladar des de Roma a Xàtiva les despulles mortals dels papes xativins Calixt III i Alexandre VI (Levante-EMV, 23-01-03).
Escrúpols morals que, en canvi, no ens consta que hagen merescut els espatllats ossos dels governants musulmans dels segles XI-XIII soterrats en la rawda o panteó aristocràtic de l'Alcàsser de Balansiya. Exemples que haurien enriquit una impossible reedició de l'assaig Mort et Pouvoir (Paris, 1998) del desaparegut antropòleg francés L.-V. Thomas.

Finalment, desde paràmetres consubstancials al pensament laic, els estudis antropològics a què ens referim ací, només resultarien deontològicament lícits en els seus mitjans, sempre que compliren l'aforisme "Mortui viventes docent" o el que és el mateix, en tant que este tipus d'investigacions forenses contribuïsca a la construcció del sempre incomplet relat de la peripècia vital de l'home, en el seu tortuós esdevindre per les intricades revoltes d'una Història gens providencialista.

Fins llavors, per a commemorar esdeveniments planetaris com ara la Declaració dels Drets de l'Home (1789), paral·lela a les profanacions de les tombes reials franceses de Saint-Denis (1793), o la Declaració Universal dels drets humans (1948) no sembla caldre imprescindible exhumar a ningú més que a les sempre oblidades víctimes anònimes d'eixe mateix periple humà.

Imatge provinent de Patrimoni de la Generalitat Catalana

Versión castellana
Parafraseando el título del legendario best seller de la arqueología de divulgación del alemán C. W. Ceram “Götter, Gräber und Gelehrte” (1949), no hemos podido resistir la tentación de glosar proyectos de actualidad como la apertura de la intacta, desde 1285, tumba real del valenciano Pedro III el Grande en el monasterio cisterciense de Santes Creus, al albur del 850 aniversario de su fundación.

En una espectacular intervención de estética futurista (y coste económico a la altura del envite) con sabios provistos de monos integrales de color blanco y mascarillas protectoras, que introducen una tácita asepsia metodológica con la pretensión implícita de tomar distancia de los tintes románticos y coloniales del desvalijamiento de Howard Carter de la cámara sepulcral sellada del faraón Tutankamon en 1922. O ¿por qué no? de la, cristiana profanación del sarcófago con el “glorioso” esqueleto de Simón Bolivar en el Panteón Nacional venezolano, aderezada por las premeditadas reflexiones religiosas, del presidente Hugo Chávez sobre la resurrección de los muertos "Dios mío, Dios mío... Cristo mío, Cristo Nuestro, mientras oraba en silencio viendo aquellos huesos, pensé en tí. Y cómo hubiese querido, cuánto quise que llegaras y ordenaras como a Lázaro: Levántate Simón, que no es tiempo de morir. De inmediato recordé que Bolívar Vive"…

La intervención en el cenobio tarraconense, podría evocar, no sin cierto riesgo doméstico, a un imaginario “Pedro ¡levántate y anda!”, singularmente al poco de celebrar el 650 aniversario de la creación del germen de la Generalitat que ha permitido decir a Carod Rovira “no són gaires els governs al món que puguin "lluir" tants anys d'història”. Nada en realidad comparado con la casa imperial nipona, vigente desde el 11 de febrero de 660 a. C.

Por consiguiente, tal como uno de nosotros reseñaba en estas mismas páginas en el artículo de opinión “Sepulcros de Cristal” (Levante-EMV, 16-06-09), a tenor del Código de Ética del ICOM de 1986 en su capítulo III punto 6 se estima suficiente cautela que las investigaciones sobre restos antropológicos, deban realizarse de una manera aceptable para todos aquellos que profesan una creencia religiosa, empero tal como cabría aventurar, desde el ámbito competencial propio del Derecho Canónico, en lo que atañe a la violación de sepulturas eclesiásticas, sus preceptos resultan mucho más coercitivos, al establecer, perpetuando la tradición judía, que son lugares sagrados y bendecidos (can. 1205, § 1), sujetos a idénticas normas que las que rigen para los mismos templos (can. 1207).

Así, a modo de botón de muestra vernáculo de esta aparente trivial cuestión, sirva la carta dirigida, nada menos que al Papa Benedicto XVI, de una plataforma ciudadana, solicitando la mediación del pontífice para evitar “la profanación de un Campo Santo” (sic), en el caso del cementerio desamortizado, aunque no desacralizado, de los arruinados restos del Real Monasterio de la Puridad de las Religiosas de Santa Clara, ante la amenaza de la construcción de un parking subterráneo (Levante-EMV, 29-11-06) y cuyos vaticanos designios se desconocen todavía a día de hoy. Del mismo modo que también ha caído en el sueño de los justos el principio de acuerdo pregonado, hace más de lustro y medio, alcanzado por Alfonso Rus con la Santa Sede para trasladar desde Roma a Xàtiva los despojos mortales de los papas setabenses Calixto III y Alejandro VI (Levante-EMV, 23-01-03).

Escrúpulos morales que, en cambio, no nos consta que hayan merecido los quebrantados huesos de los gobernantes musulmanes de los siglos XI-XIII enterrados en la rawda o panteón aristocrático del alcázar de Balansiya. Ejemplos que habrían enriquecido una imposible reedición del ensayo Mort et Pouvoir (Paris, 1998) del desaparecido antropólogo francés L.-V. Thomas.

Finalmente, desde parámetros consustanciales al pensamiento laico, los estudios antropológicos a los que nos venimos refiriendo aquí, solamente resultarían deontológicamente lícitos en sus medios, siempre y cuando diesen cumplimiento al aforismo “Mortui viventes docent” o lo que es lo mismo, en tanto en cuanto este tipo de investigaciones forenses contribuya a la construcción del siempre incompleto relato de la peripecia vital del hombre, en su tortuoso devenir por los intrincados vericuetos de una Historia nada providencialista.

Hasta entonces, para celebrar eventos planetarios tales como la Declaración de los Derechos del Hombre (1789), paralela a las profanaciones de las tumbas reales francesas de Saint-Denis (1793), o la Declaración Universal de los derechos humanos (1948) no parece imprescindible exhumar a nadie más que a las siempre olvidadas víctimas anónimas de esa misma andadura humana.

sábado, 28 de agosto de 2010

LA FÁBRICA DE LA ARQUEOLOGÍA FRANQUISTA (1939-1956)

Ricardo González Villaescusa
Versión castellana del texto aparecido en Nonfiction.fr

Francisco Gracia Alonso,  La arqueología durante el primer franquismo (1939-1956), Bellaterra, Barcelona, 2009, 551 páginas.

En una ingente obra de medio millar de páginas y pequeños caracteres el autor hace un profundo ejercicio de reflexión sobre las condiciones y circunstancias históricas del marco institucional y legal de la arqueología oficial de los primeros 17 años de la dictadura de Franco. La investigación se inscribe en la corriente de reflexión y de acción civil sobre la llamada “recuperación de la memoria histórica” protagonizada por los “nietos” de la guerra civil (1936-1939) y por las corrientes historiográficas europeas que reflexionan sobre la praxis arqueológica en la Alemania nazi y en los territorios ocupados en el periodo de la segunda guerra mundial (1).

Antes de la Guerra: una arqueología influida por la escuela alemana

La tesis principal que consigue demostrar el autor es que los fundamentos teóricos y la práctica científica de la arqueología ejercida en la España posterior a la contienda serán las mismas que la practicada antes de 1936. Una arqueología deudora de la escuela alemana desde principios del siglo XX, y personificada en una burguesía formada principalmente en aquél país, al igual que la inmensa mayoría de los intelectuales de la denominada “generación del 14”(2); circunstancia que se revelaría en contradicción en el posicionamiento a favor de los aliados de este grupo(3). A pesar de las profundas diferencias ideológicas, a pesar de la contienda que fracturó al país, a las familias, a las personas y a los personajes centrales de este libro (que bien podría constituir el material documental de una novela o un film histórico), tras el paréntesis objeto de estudio del libro (1939-1956), la continuidad académica con el periodo anterior a la guerra será la norma.

El paréntesis falangista (1939-1956)

¿En qué consistió, pues, este paréntesis? En la práctica muy personal y autoritaria de un arqueólogo falangista y de filiación nazi, Julio Martínez Santa Olalla, hijo de un general amigo del caudillo, que aprovechará los años de la postguerra española y de reconstrucción del país en todos los órdenes, durante la coyuntura bélica en que tiene lugar la guerra mundial y la inmediata postguerra, para reconstruir el marco institucional y legal, la red de inspectores, así como la reanudación de las excavaciones arqueológicas.
J. Martínez Santa Olalla con Himler

Para cumplir su objetivo de instaurar una arqueología de corte falangista al servicio del régimen, Julio Martínez Santa Olalla se basó fundamentalmente en tres pilares: en primer lugar su comunión ideológica con el régimen nazi que le condujo a un trato personal con Himmler, jefe de las SS y de la Studiengesellschaft für Geistesurgeschichte‚ Deutsches Ahnenerbe e.V.(4), más conocida como la Das Ahnenerbe; en segundo, su posición personal de relación directa con el régimen y con Franco; y, finalmente, la posición oficial española frente al conflicto mundial, colaboracionista con las potencias del Eje en un primer momento y más “neutral” conforme el final de la guerra se inclinaba del lado de los aliados.


Pero contó con tres grandes enemigos que darían al traste con sus pretensiones: en primer lugar él mismo, con su carácter autoritario y resentido con la academia consiguió ponerse en contra a la inmensa mayoría de los arqueólogos del mundo académico; en segundo lugar, la coyuntura internacional tras Yalta y la guerra fría que hicieron que las potencias occidentales dirigieran su mirada a un país no aceptado inicialmente en el seno de las Naciones Unidas por su régimen fascista pro Eje, como un país que contenía la expansión comunista en el mundo; y, en tercer y último lugar, el colectivo de la academia que, formado fundamentalmente en la misma tradición liberal de la ciencia alemana que el propio Santa Olalla, no veía con buenos ojos la visión maximalista e intervencionista de un estado burocrático como pretendía Santa Olalla, a imitación de “herencia ancestral”.

Algunas reservas formales

La obra es indispensable para la comprensión del origen de la arqueología practicada en la España franquista posterior al aislamiento de la inmediata postguerra o, incluso, para la más reciente. Apreciamos en una obra de estas dimensiones un defecto formal que no es menor. El autor consigue darnos de forma absolutamente convincente el contexto ideológico y personal de los protagonistas, las luchas de poder, las razones de las decisiones entre bastidores de los diferentes responsables de la arqueología franquista, gracias a la ingente documentación consultada (legados, correspondencia, archivos públicos y personales…) amplia y correctamente referenciada en el capítulo “Fuentes Documentales”. Echamos de menos, sin embargo, una mayor referencia en el texto a todos estos documentos que podría haber hecho más pesada la lectura del mismo (quizá sea la razón que llevó al autor a optar por el formato editado definitivamente, aunque podría haberse solucionado con un sistema de citas a final de cada capítulo) pero que evitaría la sensación de leer un “relato” sin la argumentación y aparato crítico al que estamos acostumbrados. Es más, desprovistos de éste, y con la única ayuda del listado final “Fuentes Documentales” agrupadas por capítulos, es imposible atribuir a una u otra documentación muchas de las afirmaciones, escritos, cartas o documentos integradas en el cuerpo del texto. Haciendo dificultoso, pues, volver a consultar los originales en el caso de una continuidad de esta investigación, lo cual, no solo es deseable sino necesario. En el mismo orden de observaciones, algunos de los enormes listados de subvenciones de excavación acordadas podrían haberse incluido como apéndices al final del volumen. Sin embargo, habría sido del todo aconsejable que se anunciara debidamente que el capítulo 7 es la reproducción íntegra de un artículo del mismo autor aparecido 6 años atrás(5). Es precisamente este capítulo el que hace imposible leer con los mismos ojos los dos volúmenes, indispensables por otra parte, sobre las Necrópolis de Ampurias(6).

Historiografía arqueológica franquista

No obstante, a juicio de quien escribe estas líneas la mayor carencia de la obra es de una visión ampliamente historiográfica. El contexto ideológico, la trama personal y el imbricado institucional están bien definidos, pero a pesar del continuismo formulado y demostrado por F. Gracia, hubiera sido necesaria la correlación de todo ello con la historiografía y la producción bibliográfica de los protagonistas. Es probable que el autor de referencia en España sobre esta temática haya preferido dejar para un ulterior estudio las consecuencias bibliográficas de las posiciones ideológicas o las corrientes teóricas de los diferentes autores, pero me parece difícil aceptar que no puedan apreciarse diferencias y matices en los escritos de P. Bosch Gimperà, M. Almagro Basch o J. Martínez Santa Olalla (frutos de un mismo ambiente y formación académica) atribuibles al contexto social, político por el que transcurrieron sus biografías. Nada se dice, por ejemplo, del Historicismo en el que se encontraba inmersa por entonces la arqueología, corriente ligada íntimamente a la del Difusionismo en antropología. Relaciones que harían, quizá, más comprensibles el hecho de que el único apoyo internacional del fascista Santa Olalla fuera el del marxista V. Gordon Childe. Tampoco es evidente, aunque algún día merecerá la pena intentarlo, que pudiera entenderse con la ayuda del análisis historiográfico que la única visión de interpretación globalizante propuesta hasta entonces, como fue el Historicismo, practicada subsidiariamente por la escuela española de arqueología de principios del siglo XX, debido al filogermanismo de sus élites intelectuales, encontraran su eco en otra visión de carácter holístico como fueron las interpretaciones de Gordon Childe y sus propuestas relativas a las relaciones entre tecnología y civilización, y, especialmente, sus trabajos sobre los arios(7).

Un análisis historiográfico en profundidad de la producción de la arqueología franquista demostraría probablemente que las temáticas recurrentes de Santa Olalla (los visigodos hispanos como testimonio de la relación milenaria de España y Alemania y de la expansión germánica fuera de su foco geográfico de origen y los guanches canarios como descendientes de los arios de la desaparecida Atlántida) eran impúdicamente subalternas de Das Ahneberbe, a diferencia del arqueólogo de cabecera de B. Mussolini, Luigi Maria Ugolini, cuyas investigaciones pretendían legitimar una hegemonía transadriática  que se retrotraía al pasado imperial romano. En ese sentido queda bien patente que la función de la institución arqueológica de las SS no era otra que la de proporcionar “outils performants au service d’une idéologie bien précise... propagande raciale, exploitation coloniale des pays conquis...(8) como no sólo se hace bien patente en la simpatía dispensada a Santa Olalla por el propio Himmler, sino también en la lamentable escena en que, esperando la visita del jefe de las SS en las excavaciones de la necrópolis visigoda de Castiltierra (Segovia), los arqueólogos se apresuran a encontrar campesinos altos o rubios para demostrar hic et nunc la continuidad racial de los visigodos.

Un libro necesario

En cualquier caso, llama la atención el que la más nacional(ista) de las ciencias humanas, la disciplina científica y los científicos que, junto a la biología y los biólogos, más contribuyeron a la legitimación e investigación científica del III Reich sea la que más regulación requiere para su práctica por el Estado. No deja de llamar la atención que, tanto el gobierno legítimo de la II República como las autoridades de las zonas en conflicto cuyo patrimonio arqueológico podría ponerse en peligro y, posteriormente, los gobiernos de Franco (al menos de boquilla), se aplicarán con dedicación y esmero a la protección de los vestigios arqueológicos. Poniéndose en evidencia, por ejemplo, en el reconocimiento explícito de la actividad arqueológica de la República o de Bosch Gimperà por parte de Santa Olalla. O, implícitamente, en la continuidad de M. Almagro de la actividad iniciada por Bosch en Ampurias antes de la contienda y su encumbramiento como referente nacional en el extranjero, lo que le valdrá la cátedra de la Universidad de Madrid.

Del mismo modo, los útiles legales, reglamentarios e institucionales que se empiezan a poner en marcha a principios de siglo (inventario, investigación, intervenciones de urgencia, restauración, publicación, divulgación…) de las administraciones de uno y otro signo son los que se han mantenido vigentes en modelos de fuerte intervención estatal hasta la aparición en los últimos veinte años del neo-liberalismo y de la llamada arqueología liberal. Las radicales afirmaciones de Santa Olalla sobre la ineficacia de excavar sin publicar o sin restaurar los bienes recuperados, o sobre la innecesaria consignación presupuestaria sobre excavaciones si de la actividad arqueológica no se derivaban las consiguientes publicaciones y puestas en valor,  siguen llenas de una actualidad que perturba. Desconcierto que solo puede entenderse en el contexto de “une science au service des masses, fortement subventionnée et contrôlée par l’État totalitaire”(9). No en vano Santa Olalla tildaba con desprecio a sus adversarios de la Academia de “liberales”: el monárquico marqués de Lozoya , a la sazón director general de Bellas Artes y jefe superior en el escalafón administrativo; Martín Almagro Basch originario de una acomodada familia aragonesa o el liberalismo confeso de su antiguo maestro P. Bosch Gimperà, posiciones que irán abriéndose camino en el régimen conforme fue cambiando el contexto internacional.

¿Esa será la arqueología imperante en la España del boom económico y del desarrollismo liberal y opusdeista? Otro libro de F. Gracia o de sus alumnos podría responder a la pregunta. No en vano, la resistencia de la arqueología desde los momentos finales del franquismo y de los primeros años de la democracia reaccionó contra una arqueología oficial sin recursos y de acumulación de datos positivos exclusivamente procedentes de la excavación (en la versión más decadente del Hstoricismo de corte alemán) aceptando las influencias del neo-evolucionismo izquierdista de origen anglosajón de L. A. White o de J. H. Steward, aceptando los postulados ambientalistas y desplazando el objeto de interés del sitio, del yacimiento, a la información off site, y el consiguiente mayor recurso a la prospección como fuente de conocimiento en la comprensión de la implantación de las sociedades en el medio físico.

Se trata, pues de un libro necesario. Necesario para los arqueólogos españoles que pueden, así, conocer el acta de nacimiento de su disciplina y de los protagonistas de la misma. Necesario para el ciudadano que, a través del ejemplo de una ciencia y la práctica administrativa de ésta en permanente peligro por la injerencia del poder(10), puede apreciar cómo se produjo la “transición” a través de la depuración de, incluso, los conserjes de los museos en función de los informes policiales que detallaban las filias ideológicas como la afiliación sindical previa a la guerra.

A veces, a la generación de los “nietos” de la guerra se nos ha pretendido mostrar la cara más amable y liberal del régimen de Franco. Esa cara más amable se pretende renacer con proyectos historiográficos donde se canalizan temáticas a través de proyectos editoriales revisionistas como la revista Historias de Iberia Vieja donde tienen especial cabida las temáticas que ya interesaban a Santa Olalla. Libros como este desmienten sin dogmatismos esa cara amable.

(1) I. Bardies, J.-P. Legendre, B. Schnitzler (dirs.), L’archéologie en Alsace et en Moselle au temps de l’annexion (1940-1944), Strasbourg-Metz, 2001; A. Schnapp, L’autodestruction de l’archéologie allemande sous le régime nazi, Vingtième Siècle. Revue d'histoire, 2003/2, nº 78, p. 101-109; J. Chapoutot, Le national-socialisme et l'Antiquité, Presses universitaires de France, París, 2008 (véase la reseña de A. Pédron en Nonfiction, L'Antiquité détournée)
(2) M. Menéndez Alzamora, La Generación del 14. Una aventura intelectual, 2006.
(3) M. Fuentes Codera, Los intelectuales españoles y la Gran Guerra: ¿un caso excepcional?, Storica. Rivista quadrimestrale, núm. 46, 2010, pp. 54-57.
(4) “Sociedad para la Investigación y Enseñanza sobre la Herencia Ancestral Alemana”.
(5) Arqueología de la memoria. Batallones disciplinarios de soldados-trabajadores y tropas del ejército en las excavaciones de Ampurias (1940-1943), in C. Molinero, M. Sala y J. Sobrequés, eds., Una inmensa prisión. Los campos de concentración y las prisiones durante la Guerra Civil y el franquismo, Barcelona: Crítica, 2003, 37-59.
(6) M. Almagro Basch, Las necrópolis de Ampurias, Barcelona, 1953.
(7) The Aryans: A Study of Indo-European Origins, 1926.
(8) A. Schnapp, L’autodestruction de l’archéologie…
(9) A. Schnapp, L’autodestruction de l’archéologie…
(10) Cuando escribo estas líneas es de actualidad la exhumación del cadáver de S. Bolívar.

miércoles, 18 de agosto de 2010

¿QUÉ FUE DE... LA DAMA DE LA BOATELLA?

Josep Vicent Lerma
Levante-EMV, 23 de noviembre de 2008

Transcurridos más de año y medio desde el descubrimiento de amplio eco mediático durante aquellos lejanos idus de marzo de esta notable figura escultórica de la antigüedad local en el curso de unas excavaciones privadas efectuadas por la arqueóloga de empresa Tina Herreros en el entramado de viejas callejas cercano al Mercado Central, dado a conocer puntualmente en estas mismas páginas "Hallan una estatua romana de la época imperial y de un metro de altura en pleno centro de Valencia" (Levante-EMV, 28-03-07) y de un pulcro reportaje fotográfico de Josep Manel Vert en el número 26 de la revista Valentia, apenas nada más ha vuelto a saberse de la atinadamente intitulada "Dama de la Boatella", en honor del primigenio boalar o dehesa para pastos de manadas de bueyes, "bovata" y "bovatella" M. Sanchis Guarner dixit, de la vetusta ciudad de Valencia, paraje que albergó una extensa necrópolis entre los siglos II y VII de la era común y muchos años más tarde un populoso arrabal islámico; remedando el famoso busto ibérico de la Alcudia de Elche o la irrisoriamente bautizada como "Dama de Paterna", una cabeza de guerrero con yelmo pintada en verde y manganeso sobre un plato del siglo XIV. Del mismo modo que tampoco ha trascendido a la opinión pública desde entonces avance académico alguno que se sepa en cuanto a nuevas investigaciones sobre su definitiva adscripción iconográfica como una de las siete Musas o bien alguna de las muchas divinidades femeninas latinas.

Salvo la indicadora especie deslizada el 11 de abril siguiente en el blog de la fundación Mare Nostrum "El Museo de Historia de Valencia albergará la nueva escultura romana" (sic) o las ajustadas apreciaciones del profesor José Luis Jiménez en el sentido de que se trataría en realidad de una representación de la Fortuna, que sostendría en su flanco derecho un desaparecido timón con el que pilotaba la suerte de los hombres y sujetaría con la mano izquierda el igualmente perdido mitológico cuerno de la abundancia de la cabra Amaltea, en el contexto originario de un conjunto monumental de carácter funerario (Levante-EMV, 5-04-07), recogidas en una cabal crónica de J.R. Seguí. Deidad a la que uno de los ciudadanos "valentini" Titus Rubrius Restitutus ya dedicó a sus expensas un ara o pedestal a finales del siglo I A.D. en la privilegiada demarcación del foro de la colonia.

En este orden de cosas, no está de más recordar que esta ignota efigie de mármol blanco, cuya pierna diestra extendida le sirve de apoyo mientras flexiona delicadamente la contraria, paradójicamente descabezada por infortunio histórico, gracias a la buena calidad de la labra de su sofisticada indumentaria, una especie de "peplum" con cíngulo sobre túnica de múltiples pliegues verticales, tallada según una técnica ya apuntada en un primer momento similar a la de los "paños mojados", más de cien años después del precursor descubrimiento durante las obras de apertura de la calle de la Paz en 1899 de un interesante torso marmóreo de atleta, podría constituir uno de los mejores hallazgos escultóricos romanos efectuado nunca en el subsuelo de nuestra mediterránea urbe.

Precisamente es esta excelencia algo superior a la genérica de los talleres lapidarios provinciales de nuestro entorno geográfico la que nos ha llevado a indagar en la medida de nuestras posibilidades entre los potenciales modelos helenísticos inspiradores de esta arcana dama valentina, los cuales podrían remitir sobre la base de la peculiar botonadura de sus escuetas mangas a la refinada Fortuna-Tyche del siglo II A.D. del Museo Arqueológico de Estambul procedente de la remota Prusias ad Hypium (Turquía).

Finalmente y a modo de corolario, para no salirnos de la moda, hagamos también votos a los dioses, en este caso a la propia Fortuna, para que la desenterrada Dama de la Boatella no termine ayuna de la mirada de los valencianos como el mosaico de las Siete Musas del Pouaig de Montcada, inicuamente retirado de las salas de exposición pública del Museo de Bellas Artes "San Pío V" o acaso convertida en un recurrente "remake" del manido pétreo y artificial Augusto parlante del Foro de Caesaraugusta (Zaragoza) por mor de las nuevas tecnologías, con ribetes de atracción de feria. Un punto pintoresco y otro tanto impropio. Votum libens solvit.